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Iván Cepeda, el heredero del petrismo
De las Juventudes Comunistas al Senado: un candidato marcado por el asesinato de su padre, su pleito histórico con Uribe y una campaña que desmiente su imagen de hombre tranquilo Leer De las Juventudes Comunistas al Senado: un candidato marcado por el asesinato de su padre, su pleito histórico con Uribe y una campaña que desmiente su imagen de hombre tranquilo Leer
Creció en un hogar donde su padre, Manuel Cepeda, era Secretario General del Partido Comunista, entonces brazo político de las FARC, y su madre, Yira Castro, una marxista leninista convencida. Vivieron en Cuba y Checoslovaquia y en 1975, a los 13 años, ya pertenecía a las Juventudes Comunistas.
A los 19, tras perder a su madre por un cáncer, viajó a la Bulgaria soviética para estudiar filosofía. Una vez retornó a su Bogotá natal, fue profesor universitario hasta 1994. En agosto de ese año, agentes estatales asesinaron a su padre, entonces congresista de la Unión Patriótica, y su muerte le cambió la vida. Dejó las aulas, creó el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado y se dedicó en cuerpo y alma a defenderlas y llevar sus casos a los tribunales.
Dogmático, austero, distante, enigmático, admirador de Fidel Castro y Hugo Chavez, aplaudió la elección de Nicolás Maduro como sustituto del fundador del chavismo.
Casado con la abogada Pilar Rueda, sin hijos y con tres perros, en el 2010 conquistó un escaño en el Congreso para saltar después al Senado, donde ha encadenado tres legislaturas, marcadas por mirar más al pasado que al futuro y utilizar las demandas como arma política.
"Es un hombre callado, reservado, frío como el acero, introvertido, cerrado, casi siempre está solo, habla muy poco, ni siquiera el contacto de cortesía parlamentaria, y es muy difícil que lo saquen de casillas", describe Paola Holguín, veterana senadora del Centro Democrático. "Todas sus intervenciones giraban en torno a Uribe y a negociaciones con grupos armados, nunca nada de educación, de salud u otros temas parecidos".
Otro parlamentario agrega que "antes le respetaban en el Senado, pero la candidatura polarizó todo". Entre otras razones, porque al no aceptar debates televisados antes de la primera vuelta por sentirse favorito, la senadora y entonces candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, aprovechó unas sesiones para discutir desde la tribuna con Cepeda sobre su fracasada Paz Total. El proyecto, de su autoría, uno de los ejes del gobierno petrista, fortaleció a las bandas criminales en lugar de debilitarlas. Pero los acalorados intercambios dialécticos solo consiguieron ahondar el abismo que le separa del uribismo.
Y es que Álvaro Uribe ha sido una de sus obsesiones desde que dio sus primeros pasos en la vida pública. Tanto, que en su programa electoral le citó 96 veces en 400 páginas, y mantiene con el ex presidente un pleito desde 2014 por una supuesta compra de testigos y paramilitarismo.
"Iván es un hombre de dos caras: por un lado, se muestra como Gandhi, pero la otra cara es Stalin", confesó al diario El Colombiano, un amigo de la familia Cepeda.
El ELN y las disidencias de las FARC promueven su candidatura y Timochenko y su partido Comunes, le respaldan porque los grupos armados confían en continuar la Paz Total, mientras que De la Espriella promete atacarles desde el primer día.
"Iván ha logrado aglutinar a la izquierda y ha ofrecido la continuidad del gobierno Petro en materia de reformas sociales, pero se diferencian en muchas cosas", le dice a este diario su amigo y analista León Valencia, autor de "Iván Cepeda, una vida contra el olvido". "Cepeda cree que esas reformas hay que hacerlas concertando con empresarios y fuerzas políticas del país, y habla de un acuerdo nacional. Tiene un temperamento distinto, no ofende, no tiene el verbo hiriente de Petro, es más tranquilo en el debate público, piensa más las cosas".
Pero las diatribas contra su rival del cierre de campaña desmienten esa imagen angelical. Le tildó de "delincuente", "abogado de narcotraficantes y estafadores", "misógino y homófobo", de representar "al fascismo mafioso", ser una "amenaza al Estado social de derecho" y un traidor a la patria por tener la ciudadanía estadounidense, además de demandarle por supuesto lavado de activos y paramilitarismo.
Quiere hacer del Estado el eje de la vida social y económica del país, tardó una semana en aceptar los resultados de las elecciones de mayo y aboga por suprimir el Consejo de Estado y restar autonomía al Banco de la República, entre otras medidas intervencionistas.
En el 2018 padeció cáncer de colon que le hizo metástasis en el hígado y, según el certificado médico que presentó, "desde 2022 se encuentra en seguimiento oncológico, con controles periódicos, sin evidencias de nuevas recaídas".
