El Mundial 2026 ya está en marcha y su inauguración se llevó a cabo el pasado 11 de junio en el Estadio Ciudad de México, donde la Selección Mexicana debutó con una victoria 2-0 ante Sudáfrica. El ambiente en la capital fue uno de los más comentados del arranque del torneo: calles llenas, banderas, celebraciones masivas y una respuesta que rápidamente se convirtió en tendencia internacional.
Ese inicio tan mediático no solo marcó el arranque deportivo del torneo, sino que también abrió paso a una conversación que fue creciendo con el paso de los días.
A partir de ahí, la atención dejó de centrarse únicamente en lo que ocurría en la cancha y empezó a girar hacia una pregunta en particular.
El Mundial 2026 es el primero en la historia con 48 selecciones y tres países anfitriones: México, Estados Unidos y Canadá. Dentro de esa organización, Estados Unidos concentra la mayor parte del calendario con alrededor de 78 partidos, incluida la final del torneo.
La explicación oficial de por qué Estados Unidos concentra más encuentros se basa principalmente en infraestructura y capacidad logística: estadios de mayor aforo, más sedes disponibles y una red de transporte diseñada para absorber la mayor carga del evento. A esto se suma el peso comercial del torneo, que convierte al país en el eje principal de la fase final.
En contraste, México albergará 13 partidos distribuidos entre el Estadio Ciudad de México (antes Azteca), el Estadio Guadalajara y el Estadio Monterrey.
Con ese contexto sobre la mesa, la inauguración en territorio mexicano reforzó una sensación que ya venía creciendo entre aficionados: el impacto del país en el ambiente del Mundial es difícil de igualar.
Sin embargo, ese mismo entusiasmo también abrió la puerta a comparaciones más directas y con más enojo. En redes sociales, algunos aficionados señalaron que, tras vivir la intensidad del arranque en la capital, la distribución de partidos parece desbalanceada frente al protagonismo de Estados Unidos.
Incluso surgieron opiniones donde imaginan escenarios distintos, como la posibilidad de que la final se hubiera disputado en el Estadio Ciudad de México, tomando en cuenta la respuesta del público y la historia del recinto.
Más allá del debate, el calendario ya está definido y cada sede cumple un rol distinto dentro del torneo. México mantiene partidos de fase de grupos y encuentros clave de eliminación directa.

