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El examen que paraliza China: 12,9 millones de estudiantes compiten por un billete hacia la élite

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El gaokao sigue determinando el acceso a las mejores universidades mientras las autoridades intentan blindarlo frente a las gafas inteligentes y la IA Leer El gaokao sigue determinando el acceso a las mejores universidades mientras las autoridades intentan blindarlo frente a las gafas inteligentes y la IA Leer   

A primera hora, frente a una escuela de Xuhui, uno de los distritos más acomodados de Shanghai, un policía pide a un conductor impaciente que deje de pitar porque los estudiantes necesitan concentración. Varias patrullas vigilan los cruces cercanos. En la misma calle, los obreros que trabajan en unas obras han recibido instrucciones para detener la maquinaria más ruidosa.

Bajo una hilera de árboles, decenas de padres observan nerviosos. También aparecen algunos profesores con ramos de flores para dar ánimos. Los estudiantes cruzan uno a uno los tornos equipados con sistemas de reconocimiento facial. Algunos caminan con la vista fija en el suelo. Otros repasan apuntes por última vez. Delante tienen nueve horas de examen repartidas en dos días que pueden determinar buena parte de su futuro.

Este domingo ha comenzado el gaokao, el examen nacional de acceso a la universidad que cada junio paraliza China y que sigue siendo el gran ritual meritocrático de la segunda economía mundial. Por la mañana, la primera prueba ha sido de Lengua y Literatura China. Por la tarde, Matemáticas.

"Llevamos un mes sin poder dormir bien", reconoce Zhang, una madre que espera junto a la puerta de uno de los 188 centros habilitados en esta ciudad para el examen. Su hijo quiere estudiar Ingeniería Informática.

A pocos metros, otra madre lleva una camiseta roja, color asociado a la buena suerte. Algunas familias han acudido vestidas con prendas tradicionales que incluyen símbolos auspiciosos. Otras han visitado templos en los últimos días para pedir fortuna.

En muchas ciudades, los hoteles próximos a los centros de examen cuelgan carteles deseando éxito a los estudiantes. Las redes sociales se llenan de mensajes de ánimo. Durante 48 horas, el país entero parece concentrado en una sola prueba.

Estudiantes llegando a la escuela en el primer día del gaokao.
Estudiantes llegando a la escuela en el primer día del gaokao.Andy WongAP

Este año, 12,9 millones de estudiantes se presentan al gaokao. La cifra sigue siendo colosal, equivalente a la población de países enteros, pero supone un descenso de 450.000 alumnos respecto al año anterior y marca el segundo año consecutivo de caída en las inscripciones.

Una disminución que refleja un nuevo e incómodo fenómeno: la universidad ya no garantiza el ascensor social que representaba para generaciones anteriores. China afronta una desaceleración económica prolongada y una tasa de desempleo juvenil que continúa siendo elevada. Este verano se incorporarán al mercado laboral alrededor de 12,7 millones de nuevos graduados universitarios, una cifra récord. Muchos jóvenes descubren que, tras años de esfuerzo académico, los empleos mejor remunerados siguen concentrándose en un número reducido de empresas y sectores.

"Lo importante es entrar en una buena universidad. Si no es una de las mejores, encontrar trabajo es cada vez más difícil". comenta Chen, padre de una estudiante que aspira a estudiar Economía.

Su observación resume uno de los grandes dilemas de la China actual. Aunque la educación superior se ha expandido de forma espectacular durante las últimas décadas, el sistema universitario sigue funcionando como una pirámide.

En la cúspide se encuentran un centenar de instituciones de élite, encabezadas por la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua, que reciben prioridad en la financiación y los recursos gubernamentales. Más abajo aparecen miles de universidades con niveles de prestigio y recursos muy diferentes. Según datos oficiales, de millones de estudiantes que presentan el gaokao cada año, aproximadamente 500.000, el 5% superior, ingresan a una universidad de primer nivel.

El gaokao decide quién asciende y quién se queda atrás. La puntuación en la prueba sigue siendo el factor decisivo. El resultado se compara con el de todos los estudiantes de la misma provincia y establece una clasificación que determina el acceso a las distintas universidades. Por eso muchos chinos continúan viendo el gaokao como un sistema duro pero relativamente justo.

En un país donde las desigualdades entre regiones siguen siendo profundas, el examen mantiene la promesa de que un estudiante brillante de una familia humilde puede llegar a una universidad de élite gracias exclusivamente a sus resultados.

Esta idea tiene raíces históricas profundas. El gaokao moderno es heredero de una tradición examinadora que se remonta más de 1.300 años, cuando los funcionarios imperiales eran seleccionados mediante complejas pruebas escritas. En la actual China se sigue creyendo que los exámenes son la mejor herramienta para repartir oportunidades. Pero esa fe también arrastra un coste enorme.

Estudiantes llegando al gaokao.
Estudiantes llegando al gaokao.WANG ZHAOAFP

Los estudiantes chinos dedican gran parte de la secundaria a preparar esta prueba. Durante los dos últimos años, muchos estudian desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Las clases de refuerzo durante fines de semana siguen siendo habituales pese a los intentos oficiales de reducir la presión académica.

"Mi hija lleva preparando este momento desde primaria", asegura Liu, otra de las madres que aguarda frente a la escuela de Shanghai. "Todo gira alrededor del examen. Las vacaciones, los horarios, el dinero de la familia. Todo".

Las estadísticas reflejan esa inversión. Las familias chinas destinan una proporción de sus gastos a educación muy superior a la media mundial. Aunque la educación primaria y secundaria en China es gratuita educación, millones de padres gastan enormes cantidades en tutorías privadas, cursos complementarios y preparación especializada con la esperanza de mejorar unas décimas que pueden marcar la diferencia entre una universidad prestigiosa y otra de segundo nivel.

Este año, además, las autoridades afrontan una preocupación inédita: la inteligencia artificial. Muchos gobiernos locales han reforzado las medidas contra posibles trampas mediante dispositivos inteligentes. Las gafas equipadas con asistentes de IA, cada vez más populares y asequibles en China, se han convertido en el principal foco de atención.

El Ministerio de Educación ha advertido de que portar gafas inteligentes dentro de un centro de examen será considerado automáticamente una infracción. Los profesores han recibido instrucciones para inspeccionar cuidadosamente los dispositivos ópticos de los alumnos. También están prohibidos teléfonos móviles, relojes inteligentes y cualquier aparato con capacidad de transmisión de datos. A principios de año, investigadores universitarios demostraron públicamente que unas gafas inteligentes conectadas a modelos avanzados de IA podían resolver con notable eficacia preguntas complejas de examen.

Mientras las autoridades intentan blindar el sistema frente a la tecnología, en la puerta de la escuela de Shanghai las preocupaciones son mucho más humanas. Cuando suena el timbre que anuncia el final del examen de chino, los familiares se acercan a las vallas. Algunos levantan las flores. Otros preparan botellas de agua y comida.

En la prueba de la mañana, el tema de redacción de este año en la capital financiera giró en torno a una pregunta especialmente relevante en la era de la inteligencia artificial: ¿cómo cambia la tecnología nuestra capacidad de imaginar?

Por la tarde, volvió a ponerse en marcha la inmensa maquinaria de clasificación que cada año selecciona ganadores y perdedores en la carrera educativa más multitudinaria del planeta. En una superpotencia que cambia a toda velocidad, donde la IA amenaza empleos y la economía pierde impulso, el gaokao sigue conservando un poder casi sagrado. Para millones de familias continúa representando lo mismo que representó para sus padres y sus abuelos: la esperanza de que una única puntuación pueda abrir la puerta a una vida mejor.

 

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