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Armenia vota entre la paz prometida de Pashinián y la amenaza de Putin

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En un país con las heridas aún abiertas por la derrota frente a Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, el primer ministro prooccidental se enfrenta en las urnas al multimillonario prorruso Samvel Karapetyan Leer En un país con las heridas aún abiertas por la derrota frente a Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, el primer ministro prooccidental se enfrenta en las urnas al multimillonario prorruso Samvel Karapetyan Leer   

Armenia votará hoy domingo bajo una creciente presión económica rusa, mientras el primer ministro Nikol Pashinián busca la reelección con la promesa de la integración europea. La última encuesta del Instituto Republicano Internacional muestra que el partido gubernamental Contrato Civil de Pashinián lidera con un 32%, mientras que alrededor del 40% de los votantes afirma no confiar en ninguna preferencia política.

La sombra rusa ha envilecido la campaña. El mes pasado, Vladimir Putin lanzó una velada amenaza a la agenda europea del país recordando que "la crisis en Ucrania comenzó con los esfuerzos por avanzar hacia la adhesión a la UE". Ahora Moscú ha pasado de las palabras a los hechos: en las dos semanas previas a las elecciones, prohibió la exportación de flores, agua mineral, coñac, verduras frescas y frutas armenias. Como siempre. la propaganda rusa ha entrado obedientemente al barro: Margarita Simonian, la redactora jefe de la cadena rusa de propaganda RT, intensificó su retórica en la televisión rusa. Acusó a Pashinián de una "locura generalizada por el consumo de setas" alucinógenas, y afirmó que cualquiera que vote por él está bajo los efectos de drogas duras. Incluso pidió públicamente su destrucción. De pronto, los televidentes rusos han descubierto en la pequeña Armenia un nuevo enemigo al que detestar por razones que sólo competen al Gobierno.

Las relaciones entre ambos países se deterioraron después de que Azerbaiyán, país vecino de ambos, se apoderara de la disputada región de Nagorno-Karabaj en 2023, lo que provocó un trauma nacional y un éxodo de más de 100.000 armenios del enclave. "Resultó que la imagen de Rusia como garante de la seguridad armenia no se basaba en la realidad", lamenta el analista Alexander Iskandarian, del Instituto del Cáucaso.

El primer ministro armenio es un líder en apuros. El apoyo interno a Pashinián ha caído del 54% en 2021 a alrededor del 30% en la actualidad. Algunos armenios no le han perdonado que hiciera concesiones a favor de la paz con Azerbaiyán, como negarse a hacer campaña por la liberación de los antiguos líderes de Nagorno-Karabaj que están encarcelados por los azeríes. El punto más delicado en su agenda es el acuerdo de paz, que sigue generando mucha controversia en un país dolorido por la guerra: una encuesta reciente muestra que el 44% de la opinión pública lo apoya y el 41% se opone. "Ni siquiera hay un documento claro", lamenta Voskan, monitor de gimnasio en la capital armenia y descendiente de una familia de combatientes y víctimas en la guerra. Los armenios piden concreción, pero el Gobierno sabe que precisamente la claridad es la que puede dividir al electorado. Como recuerda Tigran Grigoryan, del Centro Regional para la Democracia y la Seguridad, "todavía quedan asuntos pendientes, como el territorio armenio ocupado y prisioneros armenios en Bakú".

Acto de cierre de campaña de Pashinián, este viernes, en Ereván.
Acto de cierre de campaña de Pashinián, este viernes, en Ereván.X.C.

Si los candidatos de la oposición se uniesen, tal vez podrían igualar los votos de Pashinián, pero los aspirantes son rivales entre sí y divididos no pueden superarlo. El principal rival de Pashinián es el multimillonario Samvel Karapetyan, quien amasó su fortuna en Rusia. Se encuentra bajo arresto domiciliario, acusado de conspirar para derrocar al Gobierno, y es presentado por sus críticos como el candidato del Kremlin. Moscú es un asunto delicado: tiene militares desplegados en el país y Rusia es el principal socio comercial de Armenia. De hecho, representó el 36% de su comercio exterior en 2025. También le suministra gas más barato que el europeo, como Putin le recordó a Pashinián en abril.

La oposición acusa a Pashinián de un creciente autoritarismo y de utilizar los recursos del Estado. No sólo obliga a funcionarios públicos a asistir a sus mítines; también ha habido causas penales contra un activista que osó enfrentarse a él en la calle. Aun así lleva las de ganar en las elecciones de hoy con su doble receta de paz con Azerbaiyán e integración en Europa. Ambos caminos son difíciles, pero lo contrario es volver a las espinosas ambiciones territoriales y mayor dependencia de Moscú.

Armenia tiene tres millones de habitantes y envía aproximadamente el 40% de sus exportaciones a la vecina Rusia. Pero en algunas importaciones, como la del sector militar, la dependencia está disminuyendo pese a que Armenia sigue integrada en una alianza militar con Rusia, que, sin embargo, no le ayudó en casi nada durante las sucesivas crisis de Nagorno-Karabaj. Aquella derrota llevó a Ereván a cuestionar abiertamente el valor de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar liderada por Moscú. El año pasado, Pashinián suspendió por completo la participación de Armenia. Tal vez Moscú no ayudó porque Nikol Pashinian nunca ha sido un político del gusto del Kremlin. Su partido Contrato Civil llegó al poder tras una revolución popular en 2018, el tipo de revuelta que Putin detesta que ocurra en los contornos de su imperio expansionista.

El plan de Pashinián de virar a Armenia hacia Europa representa tal vez el cambio de política exterior más significativo desde su independencia, y también la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del zar Putin y su corte de agrios imperialistas. Dimitri Medvedev, el antiguo presidente liberal y hoy incendiario número dos del Consejo de Seguridad de Rusia, ha insinuado que Pashinián podría sufrir el mismo destino que el líder bolchevique León Trotski, a quien un sicario español a las órdenes de Stalin asesinó con un picahielos. "Pashinián la cagó", escribió ayer Medvedev en X en inglés, "y ahora está tratando de eliminar a todos sus rivales en las elecciones… Ni siquiera Washington y Bruselas perdonan tales acciones". Medvedev incluso calificó de ilegítimas las elecciones parlamentarias en Armenia antes de que los armenios acudieran a las urnas.

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajarova, una de las voces que explican al mundo las bondades y razones de la invasión rusa, ha acusado a las autoridades armenias de cometer un "crimen contra la democracia", en referencia a los problemas legales que sufren los rivales del líder armenio y algunas denuncias de juego sucio que todavía están lejos de las brutales dictaduras -como la de Bielorrusia- que Moscú alimenta y defiende en otros lugares. Pero hay razones para desconfiar. Daniel Ioannisyan, experto electoral y activista, ha denunciado que "en Armenia se están descubriendo más casos de compra de votos que en los últimos 30 años".

Pashinian provocó aún más la ira de Moscú en abril, cuando acogió una cumbre a la que asistió el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. Moscú rezuma escozor "pero cada vez tiene menos maneras de presionarnos", explica Valentina, una joven armenia que no obstante tiene dudas sobre si votar por Pashinián, muy impopular entre la diáspora, que tiene limitada su capacidad de ejercer el voto.

Pashinian ha ganado nuevos apoyos. Donald Trump le ha dado su respaldo públicamente. Y el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, han visitado Ereván, unos viajes que subrayan un nivel de atención política y de compromiso económico estadounidense del que nunca antes había disfrutado este pequeño país sin acceso al mar y sin vecinos que pueda llamar amigos: Turquía es un enemigo, Georgia obedece a Moscú e Irán es un paria internacional aliado de Rusia. Azerbaiyán es el objeto de todos los odios: "Con ellos sólo podemos tener conflicto", masculla Sargis, ex combatiente que quedó mutilado en la guerra de 2020.

Thomas de Waal, del centro Carnegie Europe, es tajante: "Lo que Pashinián intenta hacer es una amenaza para Rusia". La creciente presencia de Estados Unidos ha alertado a Moscú, que no obstante está demasiado ocupado con su difícil invasión de Ucrania como para sacar las garras en el plano militar. En Moldavia y Hungría, el Kremlin ha intentado anteriormente, sin éxito, reforzar a las fuerzas políticas afines. En Armenia los rusos se exponen a su tercer fracaso consecutivo. La presión no ha llegado a avivar aún más el sentimiento antirruso, pero la gran asistencia al mitin de Pashinián el viernes por la noche da una idea de cómo el dedo acusador y amenazante de Putin ha dado viento a las velas de su campaña.

 

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