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Putin y Xi estrechan lazos en Pekín: "El mundo multipolar ya está tomando forma"

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El presidente chino se ha reunido con su homólogo ruso pocos días después de su cumbre con Trump Leer El presidente chino se ha reunido con su homólogo ruso pocos días después de su cumbre con Trump Leer   

Las puertas del Gran Salón del Pueblo de Pekín han vuelto a abrirse este miércoles para Vladimir Putin. La alfombra roja desplegada frente a la Plaza de Tiananmen, la guardia de honor perfectamente alineada y la banda militar interpretando himnos nacionales forman parte de una coreografía ensayada hasta el milímetro, la misma que recibió la semana pasada al presidente estadounidense Donald Trump durante su viaje en la capital de China.

Xi Jinping y Putin han exhibido públicamente su asociación "sin límites", como definieron poco antes de que el líder ruso lanzara la invasión de Ucrania. Para Xi, recibir a Putin apenas unos días después de despedir con todos los honores a Trump supone una demostración de equilibrio diplomático; de capacidad para hablar con Washington en igualdad de condiciones a la par que sigue sin soltar la mano a Moscú.

En los círculos de poder de Pekín, la secuencia de visitas de Estado se interpreta como una validación del relato que Xi lleva años construyendo: el ascenso de China hacia un orden internacional condicionado por centros de poder alternativos donde el gigante asiático actúa como árbitro indispensable. Por ello, la imagen de Trump y Putin desfilando en un margen de cinco días por por el Gran Salón del Pueblo, símbolo del poder del Partido Comunista, tiene un valor enorme.

Xi abrió la reunión recurriendo a una idea que Pekín lleva años cultivando: la relación con Moscú no es una alianza coyuntural marcada por las tensiones con Occidente, sino una amistad estratégica construida a largo plazo. El dirigente chino aseguró que décadas de cooperación habían estrechado aún más los vínculos entre ambas potencias y defendió profundizar una "cooperación estratégica integral de mayor calidad" para impulsar el desarrollo y la revitalización nacional de ambos países.

El líder chino volvió a utilizar una fórmula reservada a muy pocos líderes extranjeros al dirigirse a Putin como "querido amigo", un tratamiento cargado de simbolismo dentro de la diplomacia china. "Usted y yo hemos sentido una estrecha relación, lo que ha determinado la profunda y fructífera relación entre China y Rusia", afirmó, sugiriendo que la química personal entre ambos -se han reunido más de 40 veces- ha sido uno de los pilares de una asociación que se ha fortalecido a medida que aumentaban las fricciones con Washington.

Putin respondió recurriendo a un proverbio chino -"No nos hemos visto en un día, pero parece que han pasado tres otoños"- antes de mostrarse "muy contento" de volver a encontrarse con Xi para "alinear posiciones una vez más". El presidente ruso elogió una relación bilateral que calificó de situada en un "nivel sin precedentes".

En su intervención al principio de la reunión, Putin denunció implícitamente la hegemonía occidental. "Defendemos el respeto al desarrollo soberano de los Estados y aspiramos a construir un orden mundial democrático más justo", aseguró. Es un discurso que Moscú y Pekín comparten cada vez con más frecuencia en foros internacionales y que presenta la expansión de instituciones como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghai como contrapeso al liderazgo estadounidense.

Putin insistió además en que Rusia continúa siendo un "proveedor fiable" de energía pese a la inestabilidad internacional. "En medio de la crisis en Oriente Medio, Rusia sigue manteniendo su papel como proveedor fiable de recursos, y China como consumidor responsable", afirmó, en una referencia indirecta a las tensiones alrededor del Estrecho de Ormuz y a la importancia creciente que adquieren para Pekín las rutas energéticas terrestres procedentes de Rusia.

Las palabras del mandatario ruso llegan cuando ambos países mantienen negociaciones consideradas decisivas sobre el gasoducto Fuerza de Siberia 2, el proyecto destinado a transportar hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas ruso al año hacia China y que Moscú considera esencial para sustituir parte de las exportaciones perdidas a Europa.

El conducto, que cruzaría Mongolia, conectaría yacimientos que antes abastecían a Europa con consumidores chinos. Para una Rusia castigada por sanciones y con dificultades para redirigir completamente sus exportaciones energéticas, el proyecto representa probablemente su única gran vía para reemplazar parte de los ingresos perdidos desde la invasión de Ucrania.

Pekín, sin embargo, negocia desde una posición de fuerza. China necesita diversificar suministros energéticos terrestres, especialmente después de que la inestabilidad en Oriente Próximo y las interrupciones alrededor de Ormuz volvieran a recordar la vulnerabilidad de las rutas marítimas. Pero cada retraso aumenta el poder negociador chino sobre un socio ruso cada vez más dependiente.

Aunque el comercio bilateral se debilitó el año pasado por la caída de los precios del petróleo, las exportaciones rusas hacia China prácticamente se han duplicado desde el inicio de la guerra. Para Rusia, China se ha convertido no solo en comprador imprescindible de energía, sino también en salvavidas tecnológico y financiero. Tras las sanciones occidentales y la expulsión de bancos rusos del sistema SWIFT, Moscú aceleró junto a Pekín la llamada desdolarización. A finales del año pasado, según el Ministerio de Finanzas ruso, más del 99% del comercio bilateral ya se liquidaba en yuanes y rublos.

Xi y Putin han construido además una relación personal y política muy estrecha. La "asociación sin límites" que firmaron durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 no hablaba de una alianza militar formal, pero sí de una cooperación sin "áreas prohibidas", cimentada sobre una visión compartida: desafiar la hegemonía estadounidense y promover un orden internacional alternativo liderado por potencias autoritarias.

La guerra de Ucrania puso inmediatamente a prueba aquella fortalecida alianza. China nunca respaldó explícitamente la invasión (en el lenguaje oficial chino sigue siendo la "crisis de Ucrania"), pero tampoco condenó a Moscú. Desde EEUU y Europa han acusado al Gobierno chino de vender al régimen de Putin las tecnologías de doble uso necesarias para alimentar la "máquina de guerra" del Kremlin, algo que las autoridades chinas niegan. Los funcionarios chinos defienden que su apoyo siempre ha estado cuidadosamente calibrado. Xi ha intentado evitar que la relación con Putin termine arrastrando a China hacia una confrontación abierta con Washington o Bruselas.

Durante la reunión, Putin volvió a reivindicar la coordinación con China dentro de plataformas multilaterales como los BRICS. "El complejo proceso de formación de un mundo multipolar basado en un equilibrio de intereses entre todos sus participantes está en marcha", afirmó. Para Moscú, esa transición hacia un sistema internacional menos dominado por Occidente constituye uno de los principales argumentos políticos para justificar la profundización de su relación con Pekín.

Según la agencia estatal Xinhua, ambos dirigentes acordaron además prorrogar el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado hace un cuarto de siglo, considerado uno de los pilares jurídicos de la relación bilateral moderna. Xi aseguró que aquel acuerdo sentó las bases para una amistad duradera y una coordinación estratégica integral, y advirtió de que el escenario internacional atraviesa cambios profundos con riesgo de regresar a la "ley de la selva", una expresión empleada frecuentemente por la diplomacia china para criticar el unilateralismo y la política de bloques.

En ese contexto, Xi defendió que la relevancia del tratado se ha vuelto aún más evidente y prometió trabajar con Rusia para reforzar una coordinación estratégica "de igual a igual". La fórmula resulta significativa porque llega en un momento en que numerosos analistas observan una creciente asimetría entre ambos socios: una China convertida en potencia indispensable y una Rusia cada vez más necesitada de mercados, financiación y respaldo político.

 

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