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Gaza naufraga sin un horizonte político ni humanitario
El diario israelí Hayom calculó que Israel controla ahora el 64% de Gaza, mientras los civiles se hacinan en un territorio cada vez más pequeño Leer El diario israelí Hayom calculó que Israel controla ahora el 64% de Gaza, mientras los civiles se hacinan en un territorio cada vez más pequeño Leer
La Franja de Gaza permanece estancada en el inmovilismo, con las fuerzas israelíes ampliando su control del territorio mientras continúan los ataques aéreos que han dejado más de 800 muertos en los últimos ocho meses. Estados Unidos e Israel han rechazado la última propuesta de paz presentada por facciones palestinas -entre ellas Hamás- dejando de nuevo el conflicto en el limbo. El plan palestino condicionaba el desarme de Hamás a un compromiso de garantías de seguridad para todo el enclave, la retirada total de las fuerzas israelíes, así como el reconocimiento del Estado palestino. La negativa revela una brecha insalvable entre las partes, ya que Estados Unidos e Israel exigen el desarme de Hamás y otros grupos palestinos como condición previa al fin de las hostilidades en Gaza, mientras que la parte palestina solo aceptará un plan que previamente ponga fin a la violencia.
El carpetazo se produjo poco después de que Hamás declarara haber logrado avances diplomáticos en reuniones con mediadores en El Cairo y Estambul. "El problema fundamental es que, durante años, la crisis se ha gestionado en lugar de resolverse. La gestión de la crisis puede reducir temporalmente la violencia, pero no aborda las cuestiones políticas de fondo: la ocupación, la seguridad, la creación de un Estado, el reconocimiento mutuo y la autodeterminación", señala a El Mundo Wesam Amer, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Gaza.
Tras el rechazo del documento, el gabinete de seguridad del país incluyó la posibilidad de reanudar la guerra en una de sus reuniones. "Hamás no respeta el acuerdo de desarme. Estamos gestionándolo con mediadores", señaló un funcionario israelí a la emisora pública Kan. Para Daniel Byman, director del programa de guerra de la Universidad de Georgetown, Israel usa la amenaza del regreso a la guerra como herramienta de presión para que Hamás acepte sus condiciones. "Israel se encuentra debilitado por la guerra constante de los dos últimos años y medio. Una guerra más avergonzaría a la administración de (Donald) Trump, algo que Israel no desea, especialmente ahora que Washington está negociando con Irán", explica a este periódico.
La primera fase del acuerdo ideado por Trump exigía el retorno de los últimos cautivos capturados en octubre de 2023 a cambio de la liberación de presos palestinos. También contemplaba la entrada de 600 camiones diarios de alimentos y combustible, una condición que no se está cumpliendo -según el Gobierno de Gaza- y que sigue siendo extremadamente esencial para las 1,8 millones de personas que siguen desplazadas. La segunda fase del pactoprevé la retirada de las fuerzas israelíes, la entrega de armas por parte de Hamás y la reconstrucción de las zonas devastadas del enclave.
El negociador que encabeza el "Consejo de Paz" de Trump, Nickolay Mladenov, amenazó a Hamás con mantener el despliegue israelí si no empieza a entregar gradualmente las armas. "No le pedimos a Hamás que desaparezca como movimiento político", dijo en una rueda de prensa en Jerusalén. "Mantener el statu quo significa en realidad, en algún momento, consolidar la Línea Amarilla, probablemente convirtiéndola en una valla, un muro, creando una separación permanente en Gaza", advirtió. El negociador se refería a la demarcación creada por Israel, que ocupa la mitad del enclave y donde sigue manteniendo tropas tras el alto el fuego.
Lejos de retirarse, las fuerzas israelíes han ampliado su despliegue con una "línea naranja", que se extiende más allá de la "línea amarilla" para crear una zona tapón que proteja a las tropas estacionadas. El diario israelí Hayom calculó que Israel controla ahora el 64% de Gaza, mientras los civiles se hacinan en un territorio cada vez más pequeño. "Hemos devuelto a todos nuestros rehenes, hasta el último. Y lo hicimos sin devolver territorios", declaró esta semana el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. "Hoy controlamos, ¿cuánto? El 60% de la Franja. Mañana veremos", advirtió.
"Soy muy pesimista. No hay límites, Israel puede hacer lo que quiera. Ahora hace una línea naranja, mañana será violeta y cualquier color, mientras no se pueda detener la violencia desde fuera. Nos enfrentamos a un liderazgo israelí genocida legalmente hablando, reconocido por los tribunales de CIJ y CPI", denuncia a El Mundo Sari Hanafi, director del centro de estudios árabes de la universidad americana de Beirut. El profesor Wesam Amer cree en cambio, que la ampliación de la "línea naranja" es una peligrosa escalada que puede reconfigurar la "geografía política de Gaza". "La línea naranja discurre paralela a la carretera Salah Al Din, una de las arterias vitales de Gaza. Al controlar este corredor, el ejército israelí obtiene el dominio estratégico sobre el movimiento entre las diferentes partes de la Franja", señala.
Con el alto el fuego en un punto muerto y el despliegue israelí en el territorio, crece la amenaza de que descarrile la transición hacia la reconstrucción y reparación del enclave. "A diferencia de Irlanda del Norte o Sudáfrica (casos históricos con los que a menudo se compara el conflicto israelo-palestino), no hay ningún proceso de paz en el horizonte, ni existe una vía política disponible para Hamás si el grupo depone las armas", escribe Julie Norman, analista de Chattam House, sobre la situación actual en la Franja. "El alto el fuego se está desmoronando, aunque formalmente siga vigente", asegura Amer, que cita la expansión militar, la demolición de edificios y órdenes de evacuación como "violaciones silenciosas" del pacto de tregua. "Estas acciones parecen tener como objetivo crear nuevas realidades sobre el terreno mientras continúan las negociaciones, imponiendo un hecho consumado antes de que se alcance cualquier acuerdo político", concluye.
