Política
“Yo no vi esa culpa”, dice psicólogo que trató a Mario Redondo en peritaje forense
Tres décadas más tarde, el caso Llenas Aybar aún pesa en la memoria colectiva: la vida de un adolescente apagada con violencia, una familia marcada para siempre y preguntas que siguenn estremeciendo a todos: ¿por qué? ¿qué ocurre en la mente de alguien capaz de matar sin mostrar remordimiento?
]]> Un psicólogo extranjero cuestionó el dictamen de tres expertos dominicanos; Efraín González diagnosticó depresión, pero Bogaert no vio la culpa que se cita entre los síntomas de ese trastorno
Tres décadas más tarde, el caso Llenas Aybar aún pesa en la memoria colectiva: la vida de un adolescente apagada con violencia, una familia marcada para siempre y preguntas que siguenn estremeciendo a todos: ¿por qué? ¿qué ocurre en la mente de alguien capaz de matar sin mostrar remordimiento?
Detrás de las pruebas, los testimonios y el proceso judicial, un peritaje forense reveló un elemento decisivo: el acusado padece un trastorno de la personalidad asociado a la ausencia de empatía y remordimiento.
Cuando Mario Redondo Llenas y Juan Moliné, quien lo acompañaba, reconocen haber asesinado al menor José Rafael Llenas Aybar, la fiscalía autorizó una evaluación psicológica a ambos jóvenes, el primero de 19 años y el segundo de 18 años de edad para ese entonces (1996).
“La Sociedad de Psiquiatría reunió a dos psiquiatras y un psicólogo para que evaluáramos el caso”, relata Huberto Bogaert, el psicólogo clínico que, junto a los dos psiquiatras, participó en las pruebas realizadas a los acusados. “Esa evaluación fue una evaluación conjunta del doctor Máximo Beras Goico, el doctor Carlos de los Ángeles y yo”.
Bogaert, considerado una eminencia de la psicología dominicana, describe a los implicados como “dos amigos que habían participado en un crimen y que se habían declarado culpables e iban a ser sometidos a un juicio”.
“Pero antes del juicio había que hacer una evaluación de sus personalidades”, agrega, ya que, en el sistema jurídico dominicano, la responsabilidad penal no depende solo del hecho cometido, sino también del estado psicológico o de la intención del autor al momento del acto.

Personalidad antisocial (TPA) fue el trastorno que arrojaron en común las pruebas de los tres especialistas, según Bogaert, y ambos jóvenes resultaron con este diagnóstico. En publicaciones científicas se cita que quienes padecen esta afección de la personalidad suelen manipular a otros para su propio beneficio, carecen de empatía y rara vez sienten remordimiento por sus acciones.
Bogaert enumera otros rasgos, entre ellos “una conciencia moral reducida” y muy precaria regulación de impulsos, como consecuencia de una formación intrínseca de la personalidad. También señala, de acuerdo con el test y con las entrevistas preliminares que realizó, que esta clase de personas no respetan las normas sociales, son inadaptadas, y tienen un principio de realidad frágil.
“Se deducía de la naturaleza de la estructura de su personalidad que existía la posibilidad de que cometiera el crimen del que él se declaró culpable, ellos se declararon que participaron en eso”, menciona el psicólogo.
Para llegar a esta conclusión, mientras los psiquiatras profundizaron con entrevistas, la herramienta aplicada por este experto en la conducta humana fue el Test de Rorschach. Se trata de una de las técnicas proyectivas más utilizadas en la psicología clínica y es calificada por Bogaert como profunda, ya que evalúa la personalidad de manera global.
“Y tiene una particularidad que lo diferencia de los otros test: primero, que es libre de la influencia cultural, porque se trata de manchas de tintas; y segundo, que es un test que es imposible de falsificar”, acota el experto, autor de libros como “Enfermedad mental, psicoterapia y cultura” y “La transferencia: una investigación clínica con el Test de Rorschach”.
Pese a que testimonios de la época atribuyen el actuar del homicida a que tenía una obsesión con el dinero, que quería conseguir una gran suma rápidamente, y que era influenciado por su padre y el entorno en el que se desenvolvía, el doctor Bogaert opina que estos aspectos de la personalidad no son algo genético ni congénito, “sino algo que se forma, pero esa formación empieza temprano y no tiene que ser necesariamente por un ambiente negativo aparente”.
Sin embargo, sobre esas teorías, aún treinta años más tarde, Bogaert no sabe mucho.
“A mí no me interesaba conocer la historia, conocer los detalles que lo motivaron; a mí me interesaba hacer una evaluación de la persona (…) a mí me interesaba concentrarme en el test y evaluarlo de la manera más objetiva posible”, dice quien asegura que trató de evitar informarse sobre los detalles del hecho y las informaciones que se difundían en medios o a vox populi.
Incluso, recibió llamadas en las que le decían “ese es un asesino" o “ese es un pobre muchacho”, a lo que respondía: "yo no tengo nada a favor ni en contra, yo lo que quiero es evaluarlo y voy a decir lo que yo encuentre".
Críticas al informe
El psicólogo cubano estadounidense Efraín González cuestionó el experticio psiquiátrico realizado a Mario Redondo por Huberto Bogaert, y los psiquiatras Manuel de los Ángeles y Máximo Beras Goico, según señalan registros periodísticos.
Este decía que Redondo Llenas es una persona normal a medias, que no ha dado muestra de ser ambicioso, sino que sufría un desorden psicótico no especificado, estrés postraumático y desorden depresivo no especificado.
Sin embargo, Bogaert afirma que no encontró en Redondo Llenas signos de ser un psicótico, ni un depresivo.
“En la evaluación que yo hice no encontré nada de eso. Es decir, un individuo psicótico no era, un individuo con una depresión… pero yo no le noté nunca depresión”, puntualiza Bogaert ante un equipo de periodistas de Listín Diario, a quienes recibió en su consultorio privado.

Asimismo, entre los síntomas de la depresión, más allá de la tristeza, el profesional de la salud mental señala inhibición psicomotriz y un sentimiento de culpa, consecuencia del hecho acontecido. “Yo no vi esa culpa y yo dije simplemente lo que vi”, puntualiza Bogaert.
Además, luego se enteró que Efraín González afirmó que su evaluación la hizo con pruebas estructurales y, para el psicólogo dominicano, los test estructurales no son fiables cuando se trata de casos de peritaje legal porque se pueden falsificar.
¿Puede mejorar?
Con la puesta en libertad de Mario Redondo Llenas el pasado 5 de mayo tras cumplir su condena de 30 años y un discurso a las afueras del Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo-Hombres con el arrepentimiento, el respeto y la vocación de servicio como ideas centrales, surge entre muchos la pregunta de si realmente salió reformado.
Ante la duda y con el diagnóstico que recibió Redondo Llenas previo a su ingreso al correccional, el también catedrático Bogaert resalta que cada caso debe ser considerado de forma particular. Aunque también reconoce que a nivel estadístico, la evolución de este tipo de personalidad es pobre.
“Ellos fueron declarados culpables y cumplieron sus sentencias; entonces, hay que ver cómo ese largo proceso, 20, uno, 30 años, otro, influye en su personalidad y la modifica”, considera Bogaert, quien cree además que unas declaraciones ante la prensa no son suficientes para científicamente decir si hubo un cambio. “Para decir eso tendría que haber una nueva evaluación”, enfatiza.
Este caso que aún conmociona, confirió proyección social a la carrera de Bogaert, pero el psicólogo reconoce que el hecho marcó sobre todo la vida de esta sociedad, la cual quedó muy afectada, especialmente “porque nadie espera que en el marco de una familia puedan surgir cosas así”.
