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Fútbol en Irán, otro campo de batalla

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Donald Trump promueve la expulsión de la selección nacional iraní del Mundial, que en Teherán recibe una despedida multitudinaria. Las autoridades dicen que su combinado va a "pelear por todos los mártires de la guerra" Leer Donald Trump promueve la expulsión de la selección nacional iraní del Mundial, que en Teherán recibe una despedida multitudinaria. Las autoridades dicen que su combinado va a "pelear por todos los mártires de la guerra" Leer   

El presentador de Press TV, uno de los canales controlados por las autoridades locales, se sumó al espíritu hiperbólico de la noche. "Cada uno de los jugadores ha prometido que van a pelear por todos los mártires de esta guerra impuesta por Estados Unidos e Israel. Han intentado que Irán no participe (en el Mundial), pero no lo han conseguido", se le escuchó decir.

El locutor los definió como un ejemplo de "resistencia" y "resiliencia". "Van a representar a todos los que han sacrificado su vida por la verdad y la independencia", añadió.

El comentarista del canal de televisión se encontraba rodeado por miles de personas que enarbolaban banderas iraníes y aclamaban a los integrantes de la selección nacional de Irán, en la conocida Plaza de Enghelab, en el centro de la capital. El espacio había sido decorado con un enorme mural donde se aprecia a los futbolistas saludados por las masas y una leyenda que dice: "Los hombres de Irán brillan en cada arena".

Uno de los jugadores, Ehsan Hajsafi, leyó una proclama en la que se recordaba que la competición deportiva se desarrollará mientras que Irán "sigue en guerra" y añadió: "Bajo bombardeos y ataques, hemos trabajado para enaltecer la bandera de nuestro querido Irán en el escenario internacional. Nos enorgullece llevar en nuestros pechos el emblema de los niños de Minab".

La última referencia hacía alusión al simbólico nombre que se ha otorgado a la delegación deportiva: "Minab 168″. Un recuerdo a los estudiantes víctimas del bombardeo estadounidense del 28 de febrero contra un colegio de esa localidad iraní.

Así, aclamados por una muchedumbre, se despidió este lunes de la capital del país la selección nacional de fútbol, que mañana viajará a Turquía para dar inicio a la preparación de cara al Mundial que se desarrollará a partir de junio en Estados Unidos, Canadá y México.

La presencia del equipo de Irán en el territorio estadounidense no ha podido abstraerse de la pugna bélica que han mantenido los dos países en los últimos meses. El pasado mes de abril, un enviado especial del presidente Donald Trump, Paolo Zampolli, confirmó que había sugerido a la FIFA que reemplazara a la selección iraní por la de Italia, y sugirió que eran los propios iraníes los que no pensaban acudir a la competición deportiva.

El mismo jefe de Estado norteamericano había afirmado en marzo en las redes sociales que no le parecía "apropiado" la presencia de la agrupación iraní y llegó a lanzar una velada amenaza: "es por su propia seguridad".

"¿Por qué no vamos a ir? Nos hemos ganado el derecho a participar", replicó Mohamed (no quiso dar su apellido), un iraní de 58 años, presente en la citada Plaza de Enghelab.

Al igual que Mohamed, todos los iraníes consultados coinciden en que para ellos el Mundial se ha convertido en algo más que una simple convocatoria futbolística. "El fútbol se ha visto contaminado por la política. La FIFA está defendiendo los intereses de Israel y EEUU. En cuanto Rusia invadió Ucrania la echaron de todas las competiciones, pero Israel ha cometido un genocidio y sus equipos siguen jugando", comentó Ali Dusti, de 50 años,

Seguidor del Persépolis, uno de los grandes equipos de la liga iraní, Dusti añadió que la presencia de la selección de su país demostrará "que no tenemos miedo de ir al territorio de nuestro enemigo".

Para el referido Mohamed, los jugadores son "nuestros soldados y van a llevar la lucha al país enemigo".

La significación política que Teherán quiere otorgar a la cita deportiva quedó de manifiesto cuando el presidente Masoud Pezeshkian acudió en persona al campo de entrenamiento de la agrupación para despedir a los futbolistas, lanzando una enésima arenga.

"No sois sólo un equipo de fútbol. Estáis representando la esperanza, dignidad, unidad y determinación de la nación iraní ante los ojos del mundo", les dijo.

Una alocución que se vio secundaba por la del general Seyyed Majid Moosavi, máximo responsable de las unidades de misiles del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), una de las fuerzas más estratégicas del entramado militar del Estado y que se mostró especialmente activa durante la reciente confrontación.

La selección iraní debería debutar el próximo 16 de junio en el Mundial midiendo sus fuerzas con Nueva Zelanda en Los Ángeles.

Pero la participación de este país dista mucho de estar asegurada. El presidente de la federación de fútbol local, Medhi Taj, indicó hace pocas jornadas que han presentado una lista con 10 condiciones a la FIFA, entre las que figuran que se asegure la concesión de visados para todos los miembros de la delegación iraní.

El pasado 29 de abril, Taj y el secretario general de la federación local, Hedayat Mombeini, protagonizaron un incidente diplomático en la frontera de Canadá, a donde viajaron para asistir a una conferencia de la citada FIFA, y de donde regresaron de inmediato sin llegar a entrar en ese territorio.

Según la agencia semi oficial iraní Tasnim, el altercado se debió al "comportamiento inapropiado" de los funcionarios de la aduana canadiense, que llegaron a insultar a los militares iraníes.

El seleccionador Amir Ghalenoei y el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, en la ceremonia de despedida.
El seleccionador Amir Ghalenoei y el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, en la ceremonia de despedida.REUTERS

La controversia de Canadá puso de relieve los contratiempos prácticos que podrían surgir ante el desplazamiento del combinado iraní. Taj recordó que hay jugadores como el referido Ehsan Hajsafi o Mehdi Taremi, que hicieron su servicio militar en las filas de la IRGC, una formación considerada como "grupo terrorista" por EEUU.

El ministro de Deportes, Ahmad Donyamali, aludió hace varias semanas a la posibilidad de que la selección finalmente no participe en el Mundial. "No hay seguridad para nuestros jugadores. Fundamentalmente no existen las condiciones para la participación", indicó.

Refiriéndose al altercado acaecido en Canadá, un portavoz de la federación iraní de fútbol, Amirmahdi Alavi, cuestionó el pasado día 3 la autoridad de la FIFA a la hora de presionar a EEUU para que facilite el acceso de la selección de su país y sus acompañantes. "Si no puedes proteger al presidente de la federación (alusión a Medhi Taj), ¿cómo podemos estar seguros de que nuestros jugadores no se enfrentarán al mismo tratamiento?", preguntó.

La devoción expresada hacia los jugadores el último miércoles sólo se limita a los que no se han pronunciado en contra del poder iraní. Los que han expresado sus críticas al régimen han sufrido el ostracismo y la persecución policial.

El ex extremo del Esteghlal y antiguo integrante de la selección nacional, Voria Ghafouri, llegó a ser detenido tras su apoyo a la revuelta del 2022. Recientemente, varios medios opositores informaron que las autoridades habían confiscado sus bienes después de que volviera a secundar las manifestaciones acaecidas en el país a principios de año.

Otro ex jugador, Ali Karimi -al que se consideraba una de las estrellas más rutilantes del fútbol iraní de todos los tiempos- también ha sufrido la misma suerte, según informó la agencia local Mizan hace días. Apodado el 'Maradona' de Asia, Karimi permanece en el exilio desde el 2022 y en los últimos tiempos se ha asociado con el movimiento político que lidera Reza Pahlavi, el hijo del antiguo autócrata iraní, depuesto por la revolución de 1979.

Para Mizan, Karimi es "uno de los traidores a la madre patria que se ha significado por apoyar al enemigo de forma muy activa en los últimos años". El medio oficial agregó que las autoridades le habían requisado cuatro pisos y dos negocios.

Lo mismo le ocurrió a la ex capitana de la selección nacional femenina, Zahra Ghanbari, que formó parte del grupo de jugadoras que pidió asilo en Australia en marzo y después se retractó y regresó al país.

La guerra ha alterado de forma radical la realidad iraní y el fútbol dista mucho de ser una excepción. La liga tuvo que suspenderse y ahora los medios locales se hacen eco de las enormes dificultades financieras que enfrentan la mayoría de los clubes, extensión de la crisis económica que azota a todo el país.

La agencia Mehr, también controlada por el poder, reconocía hace días que "varios prominentes equipos de fútbol dejarán de contratar a jugadores y entrenadores extranjeros para la próxima temporada. Se van a marchar un gran número de jugadores extranjeros". Entre los clubes citados aparecían los nombres más conocidos de la liga local: Esteghlal, Persepolis, Sepahan Isfahan o Tractor Tabriz. Mehr especuló incluso con la hipótesis de que algunas formaciones tengan que "retirarse" de las competiciones afectadas por la insolvencia.

Para Irán, el Esteghlal sería el equivalente del Real Madrid o el Barcelona. Fundado en 1945 con el nombre de Los Ciclistas, el club ha ganado 39 trofeos nacionales y regionales convirtiéndose en la formación más galardonada en la historia local de este deporte.

Sentado frente a un estante que acoge una muestra de esas copas y galardones, Ali Tajernia, admite que el club en el que ejerce como máximo responsable administrativo es uno "de los que tendrá muchos problemas para poder pagar su sueldo a los futbolistas".

"La mayoría de los grandes equipos de fútbol iraníes están vinculados a empresas y más de 3.000 empresas han sido bombardeadas. No sólo eso. Nuestra principal fuente de ingresos, las entradas y la publicidad, se han perdido. La situación es muy complicada", admite el directivo.

Uno de los estadios que utilizaba el Esteghlal, el Azadi, fue destruido el 4 de marzo en un bombardeo de la aviación estadounidense. "Es una instalación que solía ser usada como centro de apoyo por la policía durante los partidos que se celebran en el estadio grande (también llamado Azadi). Son los agentes que solían controlar la seguridad del público. Usaron esa circunstancia como excusa porque el día del ataque estaba vacío. No hubo ni un herido", asevera Tajernia.

Las instalaciones, que también se usaban para partidos de baloncesto o voleibol, quedaron reducidas a simple amasijo de escombros. "No querían causar daños, querían arrasarlo. Reconstruirlo costará más de 150 millones de dólares", agrega el dirigente del Esteghlal.

El Esteghlal cuenta con dos jugadores españoles, el portero Antonio Adan, de 39 años, y el delantero Munir el Haddadi, de 30, que también dispone de la nacionalidad marroquí. A ambos les sorprendió el inicio de la ofensiva lanzada por EEUU e Israel en Irán. Tuvieron que huir en un precipitado viaje de más de 12 horas de carretera hacia Turquía. "Tenemos 8 jugadores extranjeros. A seis de ellos, incluidos Abad y Munir, los sacamos en un autobús", explica Tajernia.

El precario estado de las finanzas del Esteghlal ha motivado que se vea obligado a reducir "costes" y con ello recortar la presencia de fichajes foráneos. El contrato de Antonio Adan concluye esta temporada y como reconoce Tajernai "será muy difícil que podamos extenderlo". El de Haddadi está vigente durante un año más y el directivo asevera que "intentaremos que se quede aquí".

"La guerra ha sido un desastre para todos. No sólo para Irán sino para toda la economía mundial. El fútbol debería ser apolítico, pero cómo lo vamos a conseguir si la FIFA le ha otorgado el premio de la Paz a Donald Trump (en diciembre del 2025)", concluye Tajernia.

 

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