Connect with us

Mundo

Trump y Xi escenifican en Pekín la convivencia estratégica entre dos superpotencias rivales en la nueva era del G-2

Published

on

El presidente estadounidense destacó "acuerdos comerciales fantásticos" y dijo que él y Xi estaban alineados respecto a Irán Leer El presidente estadounidense destacó "acuerdos comerciales fantásticos" y dijo que él y Xi estaban alineados respecto a Irán Leer   

En el gigantesco decorado imperial de Pekín, Donald Trump y Xi Jinping volvieron a encontrarse como dos personajes salidos de novelas políticas aparentemente incompatibles. El primero, alimentado por el caos, habla como si estuviera permanentemente en un plató de televisión; el otro se mueve como si cada gesto fuera revisado antes por un comité de historiadores de las antiguas dinastías. Mientras el estadounidense irrumpe como un vendedor adulador dispuesto a cerrar acuerdos delante de las cámaras, el chino asoma como el sumo sacerdote de un régimen que abraza la contención como forma de poder.

El lenguaje corporal de los presidentes de China y Estados Unidos paseando el viernes por los jardines de Zhongnanhai, el recinto amurallado donde están las oficinas de la cúpula dirigente del Partido Comunista y las residencias de los principales líderes, resume buena parte del encuentro: Trump soltando elogios y sonriendo con su habitual expresividad expansiva y Xi manteniendo la compostura de quien jamás quiere regalar una emoción de más.

El republicano buscaba constantemente el contacto físico, acercándose, inclinándose hacia delante, intentando generar esa química personal que siempre ha utilizado como herramienta diplomática. El líder chino, experto en el arte de la distancia calculada, evitó hasta el famoso "tirón de poder" con el que Trump acostumbra a atraer hacia sí la mano de otros mandatarios para marcar dominancia.

Durante los dos días que ha durado la cumbre en Pekín, Trump ha respondido a preguntas de los periodistas que lo seguían, ha dado alguna entrevista y ha tirado de publicaciones en su red Truth Social para presumir de haber cerrado "acuerdos comerciales fantásticos". O para decir que su homólogo chino también está de acuerdo en que Irán "nunca deberá tener armas nucleares".

El nada espontáneo Xi, que lleva más de una década sin conceder entrevistas ni someterse a una rueda de prensa abierta, prefirió expresarse a través de los solemnes comunicados difundidos por los medios oficiales chinos para lanzar la advertencia más dura de toda la cumbre. El mensaje giraba en torno a Taiwan, el asunto que Pekín considera el núcleo más sensible y explosivo de su relación con EEUU. Xi avisó de que un "mal manejo" de la cuestión taiwanesa podría desembocar en "enfrentamientos" directos entre ambas potencias. Esta formulación estaba cuidadosamente escogida para recordar a Washington que China está dispuesta a elevar enormemente el nivel de tensión si percibe que EEUU cruza determinadas líneas rojas.

Para el presidente chino, que describió Taiwan como "el tema más importante" de toda la relación bilateral, el peligro reside especialmente en cualquier gesto estadounidense que Pekín interprete como un apoyo político o militar a la independencia formal de la isla.

La advertencia iba dirigida tanto a las ventas de armas aprobadas por Trump como al creciente respaldo estratégico de Washington a Taipéi. En la visión del Partido Comunista, Taiwan no es simplemente un desacuerdo diplomático, sino una cuestión existencial vinculada a la soberanía nacional y la legitimidad histórica del régimen. Por eso, detrás del buen tono mantenido por ambas partes durante toda la cumbre, Pekín ha recordando algo fundamental: Taiwan sigue siendo el único asunto por el que China considera imaginable una confrontación militar directa con EEUU.

Algunos funcionarios chinos sostienen que la visita de Trump, más que para obtener concesiones específicas, buscaba redefinir los términos de cómo deberían relacionarse las dos superpotencias. De igual a igual. Y que, en este sentido, ha sido un éxito. Esto era algo que le ha obsesionado a Xi desde que asumió el cargo en 2012: la coexistencia de Pekín y Washington como los grandes titanes de un nuevo orden global más multipolar.

Por ello el presidente chino, durante el primer cara a cara del jueves, citó la trampa de Tucídides (teoría según la cual una potencia emergente y otra dominante están inevitablemente destinadas al conflicto) para preguntar en alto si EEUU y China serían capaces de evitar ese destino histórico y construir una convivencia estable entre las dos mayores economías del planeta.

Banderas chinas y estadounidenses frente a un retrato de Mao Zedong.
Banderas chinas y estadounidenses frente a un retrato de Mao Zedong.BRENDAN SMIALOWSKIAFP

Durante una ceremonia del té que Xi ofreció a Trump en Zhongnanhai, el republicano hizo una referencia a otro de los asuntos que han sobrevolado toda la cumbre: la situación en Oriente Próximo. "Hemos hablado sobre Irán. Tenemos una opinión muy similar. No queremos que tengan un arma nuclear y queremos que el estrecho se abra", aseguró. Pekín ha criticado públicamente la guerra estadounidense contra Teherán, pero las autoridades chinas están preocupadas de una mayor disrupción energética global por el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Cerca de la mitad del petróleo que compra Pekín atraviesa precisamente ese corredor marítimo.

"Creo que es una cumbre histórica. Yo la llamo el G-2″, afirmó Trump en una entrevista con Fox News. El estadounidense necesitaba regresar a Washington con titulares concretos que puedan presentar como una victoria personal tras meses de tensiones con Pekín. Aunque, por ahora, no se ha hecho oficial ningún acuerdo comercial de relevancia. Xi, por su parte, ha transmitido la imagen de una China abierta a los negocios y capaz de mantener bajo control la rivalidad con EEUU sin renunciar a sus líneas rojas estratégicas.

Además de las rondas de diplomacia, esta cumbre en Pekín se ha caracterizado por la gigantesca delegación empresarial que aterrizó junto a Trump: peces gordos de Wall Street y Silicon Valley. Desde Elon Musk (Tesla) a Stephen Schwarzman (Blackstone). Nunca antes un presidente estadounidense había llegado a China acompañado de una concentración semejante de poder financiero, industrial y tecnológico.

Una de las imágenes más simbólicas del viaje se produjo precisamente cuando de los magnates fueron invitados a entrar brevemente en la sala donde Xi y Trump estaban reunidos. El gesto, altamente inusual en el rígido protocolo chino, fue interpretado como una señal directa de Pekín hacia las élites económicas estadounidenses. Trump lo resumió después con una frase reveladora: había llevado consigo a los principales líderes empresariales de su país para "rendir homenaje a Xi y a China".

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *