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Trump agita las elecciones de medio mandato con la supuesta aparición de pruebas de fraude electoral en 2020

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El jueves dirigirá a la nación un discurso en el que retomará la batalla de los comicios que perdió con Joe Biden: "Nuestras elecciones son corruptas y tenemos que enderezarlas", ha dicho. Revisará miles de páginas de documentos clasificados de inteligencia Leer El jueves dirigirá a la nación un discurso en el que retomará la batalla de los comicios que perdió con Joe Biden: "Nuestras elecciones son corruptas y tenemos que enderezarlas", ha dicho. Revisará miles de páginas de documentos clasificados de inteligencia Leer   

El jueves por la noche, el presidente Donald Trump se dirigirá en directo por televisión a la nación, la fórmula usada por todos los comandantes en jefe cuando tienen algo realmente importante que notificar. Será la cuarta vez en este mandato. La primera, en junio de 2025, sirvió para informar de los bombardeos a las instalaciones nucleares iraníes. La segunda, a finales de diciembre, generó muchos rumores y especulación, pero el presidente sorprendió limitándose a hacer un balance de su primer curso y a sacar pecho de lo que consideraba todos sus éxitos económicos, sin ninguna novedad. El 1 de abril abordó la situación en Irán, un mes después del inicio de la guerra.

Con la vuelta de las hostilidades con Teherán, la mayoría del país pensó este lunes al conocer el anuncio que el discurso estaría dedicado de nuevo a la política exterior. Sin embargo, según adelantó MS Now y confirmaron después otros medios, todo apunta a que el presidente hará un "popurrí", pero el tema central será nacional. Trump estará acompañado por el director de la CIA; el director del FBI, Kash Patel; el secretario de seguridad nacional, Markwayne Mullin; y de una figura clave, Bill Pulte, nuevo director de inteligencia nacional (DNI) para hablar de algo muy diferente, su gran obsesión: las presuntas irregularidades en las elecciones de 2020, las que perdió contra Joe Biden.

"Se espera que una task force de trabajo de la Casa Blanca, que está revisando miles de páginas de documentos clasificados de inteligencia y de las fuerzas del orden en busca de pruebas de irregularidades en las elecciones estadounidenses, comience a publicar documentos en las próximas semanas, según informaron a MS NOW dos funcionarios estadounidenses con conocimiento del asunto", ha escrito el medio.

La relevancia del tema no puede ser subestimada. Trump nunca ha aceptado que perdió entonces y repite casi cada día que hubo un fraude masivo. Lanzó decenas de pleitos entonces y todos fueron desestimados. Varios de sus colaboradores, entre ellos Rudy Giuliani, fueron condenados a pagar indemnizaciones millonarias por difamar a funcionarios electorales. Y algunos de sus abogados llegaron a acuerdos con la fiscalía reconociendo que habían obrado mal. Pero Trump, que también presionó en vano a las autoridades republicanas de Estados como Georgia para que le ayudaran a impugnar el resultado, nunca arrojó la toalla, y ahora desde el poder tiene muchos más recursos.

Según celebraron anoche sus seguidores, tras leer a varios influencers del mundo MAGA, el presidente podría llegar a anunciar incluso que los dos "senadores de Georgia, Jon Ossoff y Raphael Warnock, son ILEGÍTIMOS debido al fraude electoral", escribió por ejemplo el polemista Benny Johnson. Ambos son demócratas.

Hace unos días, el Gobierno destituyó o empujó a irse a los tres últimos miembros en activo de la Comisión de Asistencia Electoral de Estados Unidos (EAC). Dos de ellos, Thomas Hicks y Benjamin Hovland (demócratas), fueron despedidos mediante un correo electrónico enviado por la Oficina de Personal Presidencial de la Casa Blanca. La tercera, Christy McCormick, republicana, presentó su dimisión. El cuarto asiento ya estaba vacante desde abril, por lo que la comisión quedó sin ningún miembro.

La EAC fue creada por el Congreso tras las polémicas elecciones de 2000, las de Bush contra Gore que se resolvieron cuando el Tribunal Supremo ordenó parar un recuento en Florida, para ayudar a los estados a administrar los comicios. No organiza las elecciones, pues esas son competencias estatales, pero certifica los sistemas y máquinas de votación, distribuye subvenciones federales para los organismos electorales y emite recomendaciones y estándares técnicos.

El momento político es clave. La purga del organismo llega pocos meses antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, que serán en noviembre, y justo después de que el Tribunal Supremo fallara que las leyes permiten al presidente cesar a responsables de agencias independientes. La Casa Blanca apeló a que los funcionarios no estaban "alineados" con su objetivo de garantizar la seguridad electoral. Los críticos sostienen, en cambio, que se trata de un intento de aumentar el control sobre un organismo concebido para ser bipartidista e independiente. Un intento más, ya que los republicanos y en concreto los aliados de Trump llevan años colocando piezas clave en los aparatos estatales y el Ejecutivo ha movido ya muchas fichas de cara a noviembre.

Según MS NOW, Harmeet Dhillon, una funcionaria nombrada por Trump para el Departamento de Justicia que ha intentado conseguir repetidas veces datos de votantes de media docena de estados, "amenazó el martes a los funcionarios electorales estatales de todo el país por carta con un proceso penal si contabilizaban las papeletas emitidas por personas que no son ciudadanas estadounidenses". Algo que, evidentemente, no es legal y ya está prohibido, pero que busca amplificar las teorías del presidente.

El rol del mencionado Bill Pulte, un fiel del presidente que hasta hace poco estaba en una agencia inmobiliaria desde que la que suministró información sobre las hipotecas de altos cargos o miembros de la Reserva Federal para que fueran despedidos, es crítico en este proceso, después de que Trump lo nombrara director interino de Inteligencia Nacional (DNI) en sustitución de la polémica Tulsi Gabbard, que anunció su dimisión a finales de mayo.

Gabbard no tenía competencias en materia de elecciones al frente del DNI, pero desempeñó un papel relevante en donde sí las tenía: seguridad electoral, aunque de una forma muy distinta a la de sus predecesores. Allí impulsó una agenda centrada en investigar supuestas vulnerabilidades de los sistemas de votación y revisó la actuación de las agencias de inteligencia en torno a las elecciones de 2020, una orientación que generó fuertes críticas. Además, estuvo presente, de forma completamente anómala, en una operación igualmente inédita del FBI en el condado de Fulton, en Georgia, uno de los que siempre ha obsesionado a los trumpistas. Desde allí, puso al teléfono al presidente para que hablara con los agentes que se incautaron de cientos de cajas con registros de las elecciones de 2020.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega al Air Force One.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega al Air Force One.Alex BrandonAP Photo

Trump no dio anoche muchas pistas sobre el discurso. "Nuestras elecciones son corruptas y tenemos que enderezarlas", dijo en una entrevista en la cadena conservadora Newsmax divagando sobre cómo algunos de sus candidatos que iban liderando los recuentos acabaron perdiendo, algo que sólo ve posible con trampas. "Hay que hacer algo con los votos por correo y las pruebas de ciudadanía", insistió instando al Congreso a aprobar una polémica ley impulsada por los suyos para cambiar los requisitos para poder votar.

Trump se quedó en sus quejas habituales, pero entre medios conservadores y figuras de internet cercanas al presidente se recuperó una línea que desde hace seis años se ha intentado probar sin éxito: la de una conspiración con una potencia extranjera para alterar el resultado de los comicios. Pero no Rusia, como se investigó en su momento, encontrando vínculos de varios aliados importantes de Trump (que siempre llama a ese proceso el 'bulo de Rusia, Rusia, Rusia), sino otro.

"Vamos a ver revelaciones que llegan al corazón del estado administrativo y del estado profundo. Parte de esto se centrará en las elecciones, lo que han hecho en el pasado para robar elecciones, asistir a entidades extranjeras en elecciones, suprimir información y retener información", anunció Steve Bannon en su programa diario, dando voz a invitados que cuestionaron las recientes victorias demócratas en elecciones locales y estatales, incluyendo la alcaldía de Nueva York, en la que arrasó el socialista Zohran Mamdani. "Nunca más vamos a permitir que se roben las elecciones, incluidas estas elecciones de mitad de mandato. Eso podría requerir agentes del ICE en los colegios electorales para garantizar que los inmigrantes ilegales no puedan votar en las elecciones estadounidense", ha dicho Bannon una y otra vez.

En esas línea de injerencia extranjera mencionada por Bannon, hace unas semana además resucitó en los corrillos de Washington el rumor de que la administración, en magníficas relaciones con el Gobierno venezolano, estaba intentando negociar un trato con Nicolás Maduro para sacarlo de la cárcel o incluso retirar los cargos contra él si aceptaba testificar reconociendo que hubo algún tipo de participación de su país en esa injerencia y amaño de esas elecciones.

Eso que parece increíble desde fuera fue durante mucho tiempo la tesis de Sidney Powell y Rudy Giuliani. Powell, que fue la portavoz de asuntos jurídicos y letrada de campaña de Trump en 2016, y una de los miembros del equipo legal que defendió su causa en Georgia, llegó a un acuerdo con la Fiscalía, declarándose culpable y testificando contra sus socios a cambio de no entrar en prisión. La de entonces fue una conspiración enrevesada que fue desestimada repetidamente en los tribunales y que se remontaba a Hugo Chávez, que murió en 2013, pero quien según ellos habría ideado un plan para influir en las elecciones a través del software de la empresa Smartmatic, capaz según ellos de cambiar los votos en las máquinas de Dominion Voting Systems, utilizadas en numerosos estados de EEUU.

En una comparecencia en noviembre de 2020, tras la victoria de Biden, ambos aliados de Trump denunciaron que detrás de la supuesta manipulación estaban, además de Venezuela, Cuba y China. Giuliani habló de una "conspiración nacional" y Powell de un complot dirigido por regímenes comunistas. Nunca se probó nada e incluso la cadena Fox tuvo que pagar una fortuna por haber difundido sin ninguna prueba esas teorías, algo que llevó al despido del polémico presentador Tucker Carlson, un ex aliado de Trump ahora caído en desgracia.

Una de las invitadas anoche por Bannon, que aseguró que "los demócratas van a volver a robar", fue Tina Peters, ex la secretaria electoral del condado de Mesa (Colorado) que se convirtió en una de las principales impulsoras de las teorías sobre fraude en las elecciones de 2020. En 2024 fue condenada a nueve años de prisión por facilitar el acceso no autorizado a sistemas electorales de su condado para buscar pruebas de un supuesto amaño que nunca se demostró. Fue puesta en libertad el 1 de junio, después de que el gobernador demócrata de Colorado, Jared Polis, conmutara su condena de nueve años por el tiempo ya cumplido y ordenara su salida en libertad condicional tras una campaña brutal de Trump.

"No me preocupa que se publique nada. Ya sabemos lo que ocurrió en las elecciones de 2020. Fueron las elecciones más examinadas de la historia mundial", reaccionó el lunes David Becker, ex abogado del Departamento de Justicia especializado en derechos electorales. "Lo que sí me preocupa es que la Casa Blanca y el gobierno federal se hayan convertido, quizás, en el principal amplificador de la desinformación que busca deslegitimar la democracia estadounidense en nuestro proceso electoral".

 

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