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Rusia, el 'país gasolinera' donde falta la gasolina: "Nos podemos quedar sin pan"
Baños portátiles junto a las filas de coches, vehículos empujados a mano, peleas por combustible y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia que no es la que Putin prometió en 2022 Leer Baños portátiles junto a las filas de coches, vehículos empujados a mano, peleas por combustible y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia que no es la que Putin prometió en 2022 Leer
"Rusia es una gasolinera disfrazada de país", es una de las frases despectivas que Moscú ha escuchado desde que se enfrentó a Occidente anexionándose Crimea. Doce años después, el cliché despreciativo hacia el Estado ruso vuelve como una ironía cruel: la potencia petrolera que invadió Ucrania empieza a tener problemas para llenar sus propios depósitos. En Rusia se busca gasolina en chats, en mapas improvisados, en grupos de conductores, en reseñas de aplicaciones y en vídeos grabados a escondidas junto a gasolineras donde los empleados repiten que no se puede filmar porque aquello es "una instalación estratégica". Baños portátiles junto a las colas, coches empujados a mano y cosacos regulando surtidores dibujan una retaguardia rusa que no es la que Putin prometió en 2022.
En Moscú, donde durante semanas la crisis parecía cosa de Crimea, de Siberia o de las regiones fronterizas, las colas han llegado a las estaciones de servicio de salida hacia la dacha. En algunas gasolineras de la capital la espera ronda la hora; en otras, el cartel de precios sigue encendido pero sólo hay diésel, o no hay nada.
El putinismo ha restringido durante décadas las libertades políticas, pero los rusos abrazaron otras que también habían estado proscritas en el pasado, como la posibilidad de consumir o la libertad de movimiento. El coche, símbolo doméstico de libertad privada en la Rusia postsoviética, es estos días un bien condicionado por colas, permisos, rumores y reservas. Según los datos del VTsIOM, el instituto demoscópico estatal ruso, la confianza en el presidente Vladimir Putin cayó en una semana 3,4 puntos, hasta el 73,3%, la bajada más rápida desde el inicio de la guerra. "Todo esto es por culpa del imbécil", maldice Ksenia, agente inmobiliaria en el sur de Rusia, que añade que "no es necesario explicar a quién se refiere".
Los ataques ucranianos contra refinerías, depósitos y rutas de suministro han provocado restricciones, colas y problemas de abastecimiento en decenas de regiones. Crimea sigue siendo el caso más visible, pero la crisis del combustible se ha extendido por buena parte de Rusia y hace días que ha alcanzado también Moscú. En redes sociales se propagan imágenes con hileras de coches detenidos durante horas, baños portátiles instalados junto a las colas, conductores compartiendo agua y comida, policías regulando turnos y cosacos movilizados para evitar broncas en las estaciones de servicio. En Rusia siempre se mezclan conatos de "sálvese quien pueda" con destellos de camaradería: cuando a alguien se le acaba la gasolina dentro de la cola, los demás empujan el coche juntos.
Más de 40 regiones han anunciado restricciones de algún tipo; si se suman cierres locales de estaciones, límites no oficiales y medidas puntuales de las cadenas, medios independientes sitúan ya la afectación en alrededor de 75 regiones, prácticamente todo el país. En Kursk, Briansk, Tambov y otras zonas se ha limitado o prohibido llenar bidones. En Samara se impusieron restricciones de hasta 40 litros de gasolina y 100 litros de diésel para turismos durante dos semanas. En Lipetsk se fijó un límite de 30 litros por coche. En otros lugares, las autoridades redujeron la venta a particulares a 15 litros por repostaje, sólo directamente al depósito del coche.
Todas estas medidas tratan de frenar el acaparamiento, pero la distancia entre consumo y producción ha entrado en algunas zonas en un círculo vicioso. Los conductores intentan acumular combustible para uso futuro; las autoridades intentan impedirlo con límites por coche, prohibiciones de bidones y vigilancia en surtidores. Esas restricciones provocan todavía más colas y convencen a otros conductores de que la crisis ya ha empezado. Se acumulan las razones para la furia ciudadana: medios locales informan de que hay gasolineras donde funcionarios, empleados públicos y servicios determinados son atendidos fuera de la cola.
La escasez también está dejando al descubierto un sistema de privilegios. Mientras ciudadanos y empresas privadas soportan colas y restricciones, gente de organismos estatales, fuerzas de seguridad y sectores considerados estratégicos mantienen un acceso preferente al combustible sin hacer fila. Telegram se ha convertido en una red paralela donde los conductores comparten qué gasolineras siguen abasteciendo, localizan combustible o lo revenden a precios muy superiores a los oficiales.
La producción de gasolina en Rusia cayó en la semana del 15 al 21 de junio alrededor de un 25% respecto a la media diaria de junio de 2025, según fuentes de la industria citadas por Reuters. Mientras tanto, la presidenta del Senado, Valentina Matvienko, pidió a los rusos "no dramatizar". En la calle lo ven de otra manera. "Es imposible repostar en Moscú, y me estoy planteando olvidarme del coche", comenta a este periódico Nadia, que vive en la capital y trabaja en el extrarradio. Un conductor moscovita lo decía con humor negro: los drones de las cuatro de la mañana al menos sirven de despertador para ponerse pronto en una cola pequeña de la gasolinera.
El 28 de junio, Putin reconoció finalmente que hay problemas de suministro. Desde entonces el Gobierno ha pasado de negar la gravedad de la crisis a pedir paciencia y presentar la escasez como un sacrificio temporal derivado de la guerra y de los ataques ucranianos. Pero la diputada Nina Ostanina acusa a las autoridades de ocultar la escala real de la crisis. La cosecha también depende del diésel y la gasolina, y el Kremlin ya no puede tratar el problema como un asunto sólo de automovilistas nerviosos. Representantes del sector agrícola alertan ya de que la falta de combustible puede provocar pérdidas si el suministro no llega a tiempo para la campaña de recolección. "El país puede quedarse sin pan", algo que en un contexto de sanciones sería "como la muerte", avisa Ostanina.
El mercado negro ha empezado a poner precio a la ansiedad. Según medios locales, el litro ha pasado de 1,70 euros al principio de la semana a casi cuatro euros al final. El Gobierno ya ha autorizado temporalmente gasolina y diésel con mayor contenido de azufre para aumentar la oferta. La crisis ha obligado a Rusia a elegir entre escasez y combustible malo.
MAPA DE LA ESCASEZ
Crimea fue el laboratorio de la crisis. Las autoridades prorrusas suspendieron la venta libre de combustible a particulares y empresas y reservaron el suministro para servicios estatales y necesidades críticas. Se impusieron límites de 20 litros, ventas con talones, restricciones al transporte público, recortes de horarios en comercios y medidas de ahorro en la vida cotidiana. En Sebastopol, según Rosstat, el precio de la gasolina subió un 30% en una semana.
De la fría Irkutsk salen quizá las vivencias más crudas de esta crisis derivada de la guerra de Putin. Es una región petrolera, con refinería en Angarsk, pero en las colas se llegó a esperar 18 horas. En una carretera, una ambulancia que trasladaba a una mujer de parto desde Baikalsk hacia Irkutsk tuvo que ir escoltada por una camioneta con un barril de gasolina: la criatura nació en el camino. En otra cola, una familia con una abuela y un niño de ocho años quedó atrapada seis horas en una retención provocada por la espera en una gasolinera. A finales de junio, los vecinos ya no pedían sólo gasolina: pedían agua, comida, puestos médicos y algo más que inodoros junto a las filas de coches.
En Anapa, el balneario ruso del mar Negro, la respuesta ha adquirido incluso un aire de orden público. Las autoridades locales han recurrido a cosacos y voluntarios para ordenar las colas, impedir conflictos y evitar que los conductores llenen bidones. El límite es de 20 litros por coche. La administración presume de haber reducido esperas de hasta cuatro horas a 30 o 40 minutos. En Irkutsk, mientras tanto, los vecinos organizan chats para saber dónde repostar y algunos piden castigar a los revendedores que llenan bidones y botellas de agua para vender gasolina a precio de oro. En las últimas semanas esos canales se han multiplicado y Telegram se ha consolidado como el principal punto de encuentro para localizar estaciones con suministro o comprar combustible fuera de los circuitos oficiales.
"Si la frecuencia de los ataques no disminuye y los daños que causan aumentan, la balanza se inclina a favor de Kiev, que es precisamente lo que está ocurriendo ahora", explica Serguei Vakulenko, analista del Centro Carnegie para Rusia y Eurasia. Todo depende de si Ucrania es capaz de mantener la intensidad de sus ataques o incluso aumentarla.
En Rusia la gasolina se vende a los hogares a un precio inferior al precio real de mercado, lo que estimula el consumo y hace más difícil absorber el golpe. Como no hay suficiente gasolina, el Gobierno se ve empujado a racionarla y comprar fuera, a países amigos o a intermediarios que refinan crudo ruso y se lo devuelven transformado en combustible. Pero esas importaciones no encajan bien con el sistema de subsidios internos y pueden resultar caras.
Al mismo tiempo, Rusia ha tenido que reducir exportaciones de carburantes a varios países vecinos para priorizar el abastecimiento interno. La refinería de Kapotnia, en Moscú, dañada en dos ataques con drones ucranianos, podría no volver a producir este año. Rusia, uno de los mayores exportadores mundiales de petróleo y derivados, ha tenido que preparar importaciones marítimas de gasolina, pedir a Kazajistán 50.000 toneladas y recibir cargamentos de gasolina india vendidos a través de intermediarios. También ha incrementado las compras a Bielorrusia para aliviar la presión sobre el mercado doméstico.
La gasolina es el nuevo termómetro social de Rusia. La crisis ya ha empezado a modificar comportamientos. Se ha detectado en Moscú un aumento de la demanda de coches eléctricos e híbridos chinos. Un concesionario que antes vendía dos o tres eléctricos al mes dice que ahora vende dos o tres al día, según Reuters.
