Economía
Mujeres tienen 3 de cada 10 empleos en minería de oro de República Dominicana
En República Dominicana, la actividad minera transforma su estructura tradicionalmente dominada por hombres, abriendo paso a una mayor presencia de mujeres en distintas áreas operativas, técnicas y de liderazgo.
Este proceso se evidencia en la mina Barrick Pueblo Viejo, operada por Barrick Gold, donde desde 2019 la inclusión femenina ha pasado de un 3% a un 29%, reflejando un compromiso creciente con la igualdad de oportunidades dentro del sector.
Esta empresa minera, la más grande en el país en producción de oro, cuenta con un total de 2,996 empleados, de los cuales 857 son mujeres, que representan el 29% de la fuerza laboral. Esto significa que aproximadamente 3 de cada 10 colaboradores son féminas, frente a 2,139 hombres, equivalentes al 71%.
El 11% de las mujeres ocupa roles de dirección como gerentes, superintendentes y supervisoras. Asimismo, hay 130 mujeres desempeñan funciones científicas y técnicas, representando el 15% del total femenino en la empresa.
De acuerdo con la empresa, las féminas se destacan en áreas como ingeniería, geología, topografía, metalurgia, laboratorio de análisis y enfermería, demostrando que la participación femenina va más allá de roles tradicionales.
Testimonios
Las historias individuales permiten entender el impacto real de esta transformación. Es el caso de Sonia Villanueva, una joven de 22 años que, a través del programa dual del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), ha logrado desarrollarse en el área de soldadura de Barrick Pueblo Viejo desde hace tres años.
A pesar de haber comenzado su carrera tan joven, su testimonio refleja tanto los desafíos como la satisfacción de abrirse paso en un entorno donde las mujeres son poco frecuentes.
En declaraciones a elDinero, resaltó que escuchaba que la soldadura no era muy común en las mujeres y tenía la curiosidad de entender de qué se trataba, por lo cual ingresó al curso.
Expresó que se siente “empoderada, satisfecha, valiente y feliz” al describir su experiencia en el sector, lo que evidencia tanto el impacto personal como profesional del oficio. Villanueva explicó que lo que más le gusta es soldar en alambre, un proceso de unión eficiente y versátil que utiliza un carrete de alambre continuo como electrodo y material de aporte.
Ludí Marli Fabián es una joven mecánica de 24 años que también se formó a través del programa dual. “Supe sobre los cursos que estaban dando, me interesé y me di cuenta de que era muy bueno”, recordó al momento de resaltar que le hizo comprender que “no hay límite para nosotras”.
En su día a día, se desempeña en el mantenimiento de camiones, realizando labores preventivas y correctivas. Según explicó, estas funciones incluyen la revisión de sistemas eléctricos, hidráulicos y de frenos.
Aun trabajando en un contexto donde los hombres son mayoría, aseguró que su experiencia ha sido positiva. Fabián explicó que ha trabajado con personas sociables y transparentes que la han hecho sentir incluida en el sector. “No juzgan de que podemos participar y existir ahí, tanto mujeres como hombres”, resaltó. Sin embargo, reconoció que fuera del entorno laboral algunas personas cuestionaban su decisión de tomar el curso, evidenciando los prejuicios que aún persisten.
Desafíos
Villanueva aseguró que uno de los mayores retos que enfrentan las mujeres para desarrollarse en estas áreas es el temor para ejercer un trabajo que requiere esfuerzo físico, lo que puede limitar su crecimiento si no se superan esas inseguridades. “Aquí se hace mucha fuerza, se trabaja mucho y si tú tienes miedo de hacer ese oficio realmente te estanca y no te deja fluir”, expresó.
Asimismo, sostuvo que lo fundamental es ser valiente y mantener una actitud positiva. “Somos capaces de lograr lo que nos proponemos. A pesar de las cosas negativas que haya en la vida, nunca se detengan y no tengan miedo a cumplir lo que se proponen”, aconsejó.
Por su parte, Ludí Marli reafirmó que otro de los principales desafíos es el juicio social hacia las mujeres. Indicó que, aunque dentro de su campo laboral hay mayor aceptación, fuera de este aún persisten percepciones limitadas sobre el rol femenino en el oficio, lo que ha hecho el proceso más difícil. También reconoce que ha tenido que esforzarse más para demostrar su capacidad.
“Estar siempre más dedicada y no bajarle en ningún momento. Yo inicié, pero no tengo que bajarle. O sea, demostrar que yo puedo”, dijo. Ambas coinciden en que la confianza en sí mismas es clave. Enfatizaron que no deben detenerse ni limitarse, sino perseguir sus objetivos.
Formación
El Programa de Aprendices de Barrick Pueblo Viejo es una iniciativa, en conjunto con el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), orientada a la formación técnico-profesional de jóvenes de comunidades cercanas a la mina, con el objetivo de facilitar su inserción en el ámbito laboral.
Está dirigido a personas entre 16 y 25 años, hombres y mujeres, y se basa en un modelo de aprendizaje dual que combina la capacitación en centros formativos con la práctica directa dentro de la empresa. A través de la relación aprendiz-maestro, los participantes desarrollan habilidades técnicas en distintas áreas, al tiempo que adquieren experiencia real de trabajo.
Este programa inició en 2014 con un grupo de 30 participantes, como parte de una estrategia vinculada al desarrollo comunitario y la necesidad de contar con mano de obra calificada.
Tiene una duración de dos años, durante los cuales los jóvenes estudian y trabajan simultáneamente. Al finalizar, obtienen un título técnico avalado por la institución, lo que les permite contar con una base sólida para su desarrollo profesional. Cada año se realiza una convocatoria a través de las oficinas de Relacionamiento y Desarrollo Comunitario para integrar nuevos participantes.
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