EEUU
La carne de res marca precios récord en Estados Unidos y presiona el presupuesto de los hogares
La carne de res llega al verano en Estados Unidos con precios récord y una oferta limitada que encarece las parrilladas del 4 de julio: una barbacoa para diez personas costará USD 161, un 2,4% más que hace un año, en un mercado presionado por la sequía, los incendios forestales y un rodeo bovino en su nivel más bajo en 75 años.
El dato del costo total para una reunión típica funciona como termómetro del impacto en el consumo cotidiano: con el feriado como pico de demanda estacional, los precios elevados no se concentraron en un corte específico, sino que se trasladaron al conjunto de productos asociados a una comida al aire libre.
A la vez, la combinación de menor disponibilidad y mayores costos de producción sostuvo la presión sobre los valores al mostrador.
El aumento golpeó sobre todo a las hamburguesas, un producto de alto consumo en esa fecha. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, 454 gramos de carne molida magra y extra magra alcanzaron en mayo un máximo de USD 8,62 por libra (USD 3,91 por libra), más del 12% por encima del mismo mes del año anterior.
Ese salto consolidó a la carne molida como uno de los componentes que más contribuyeron al encarecimiento del menú típico del feriado.
De acuerdo con el Instituto Agroalimentario de Wells Fargo, dentro del costo total de esa comida para diez personas, la carne picada para hamburguesas subió el 14% frente al año pasado.
La entidad hizo la estimación en la antesala del Día de la Independencia, una de las fechas de mayor consumo para reuniones al aire libre en el país, cuando la demanda de carne para parrilla suele intensificarse por el patrón de consumo asociado a celebraciones familiares.
La agencia Reuters informó que Michael Swanson, economista jefe agrícola de la entidad, dijo que no hay una solución inmediata para ampliar la oferta interna. “No existe una palanca real que se pueda accionar en el mercado interno para obtener más oferta a corto plazo”. El ajuste por el lado de la producción tiene límites de tiempo y capacidad, incluso si los precios actuales incentivan a parte del sector a buscar una expansión.
Por qué la oferta de carne sigue limitada

Los economistas previeron que los precios siguieran altos después de una sequía prolongada que deterioró los pastizales y elevó el costo del alimento para el ganado, lo que forzó a muchos productores a reducir sus rebaños.
La degradación de las condiciones de pastoreo y el encarecimiento de los insumos empujaron a decisiones de recorte que, una vez adoptadas, no se revierten en pocos meses.
Esa situación se agravó porque la sequía reapareció en primavera y los incendios forestales dañaron más tierras de pastoreo. La combinación de ambos factores añadió presión a la actividad: aun cuando se registren episodios de mejora en algunas zonas, la disponibilidad de tierra en condiciones adecuadas y la previsibilidad climática siguen siendo variables centrales para la decisión de retener animales para cría o venderlos.
La reposición tampoco es rápida. Una vez que los ganaderos deciden retener novillas para cría en lugar de enviarlas al matadero, deben pasar al menos 2 años antes de que esos nuevos animales estén listos para ser procesados y convertidos en carne. Ese lapso muestra por qué los cambios de estrategia productiva no se reflejan de inmediato en el volumen disponible para faena y, en consecuencia, en el precio final.
Brenda Masek, ganadera de Purdum, en Nebraska, dijo que no planea ampliar su rodeo pese a que las lluvias recientes mejoraron los pastos.
Su posición expuso una cautela extendida en parte del sector, incluso en un escenario donde las precipitaciones ofrezcan alivio puntual: los productores ponderan el riesgo de una nueva vuelta de la sequía y el impacto sobre la disponibilidad de heno.
También señaló que muchos productores todavía podrían verse obligados a desprenderse de vacas más viejas por la sequía y la escasez de heno.
Además, eso añade presión sobre la oferta: en condiciones adversas, la necesidad de ajustar existencias puede persistir aun con mejoras parciales en el clima, por la falta de reservas o por el costo de sostener animales en el campo.
“Ahora mismo, me conformo con poder conservar lo que tengo”, afirmó Masek. La frase mostró la prioridad inmediata para una parte de los productores: estabilizar el rodeo y atravesar el período de mayor estrés, más que acelerar una expansión que puede resultar inviable si los costos se mantienen altos o si las condiciones climáticas vuelven a deteriorarse.
El problema no se limitó al clima. Los productores estadounidenses solían importar ganado mexicano para engorde y faena, pero Washington bloqueó esas importaciones hace más de un año por la propagación en México del gusano barrenador del Nuevo Mundo, un parásito que se alimenta de la carne.
Esa restricción añadió un factor de oferta que, según los productores, se hizo más visible en un escenario ya tensionado por la baja disponibilidad doméstica.
Bill Bullard, director ejecutivo del grupo de productores R-CALF USA, sostuvo que esa restricción profundiza la escasez. “En momentos como este, cuando la oferta nacional ya es insuficiente para satisfacer la demanda interna, la inaccesibilidad al ganado mexicano agrava el desequilibrio entre la oferta y la demanda, provocando una espiral descendente en los mercados”.
El bloqueo no opera como un elemento aislado, sino como una condición que amplifica el desbalance entre consumo y disponibilidad.
Qué alternativas eligen los consumidores

Aunque la demanda de filetes y hamburguesas se mantuvo en general alta, parte de los consumidores empezó a cambiar de proteína para reducir el gasto. El movimiento no supone necesariamente una caída abrupta del consumo de res, pero sí una mayor sensibilidad al precio en el armado del menú: ante un encarecimiento persistente, algunos hogares optan por modificar cantidades o reemplazar productos.
El encarecimiento de la gasolina, impulsado por el conflicto en Oriente Medio, también presionó el bolsillo de los hogares estadounidenses. El costo total de una reunión típica no depende solo de la carne: el presupuesto doméstico se ve condicionado por gastos de movilidad y por otros rubros que compiten por el ingreso disponible, lo que refuerza la búsqueda de alternativas.
La Federación Estadounidense de Oficinas Agrícolas relevó que 907 gramos de carne molida costaron USD 14,06 (2 libras), un 5,5% más que un año antes. En la misma encuesta, 907 gramos de pechuga de pollo costaron USD 8,06 (2 libras), con un alza de 3,5%, y 1,36 kilos de chuletas de cerdo llegaron a USD 14,79 (3 libras), un 4,7% más.
La comparación dejó en evidencia que, aun con subas, otras proteínas se ubicaron por debajo del costo de la carne molida en el armado de una compra para una reunión.
Para Swanson, ese diferencial permitió ajustar el menú sin resignar la reunión. “Para cualquiera que se sienta un poco estresado, abra su libro de recetas y busque algunas opciones nuevas. Así podrá guardar ese dinero o darse un capricho con guarniciones”.
El planteo apuntó a un patrón de sustitución: mantener el encuentro social, pero redistribuir el gasto entre proteínas y acompañamientos.
El alza responde a la escasez de ganado y empuja a más familias a elegir pollo o cerdo para recortar gastos del menú
