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La promesa del 'sueño americano' sigue en pie pese a Trump
La ciudadanía por nacimiento es esencia de una nación forjada con el aporte de los sucesivos flujos migratorios Leer La ciudadanía por nacimiento es esencia de una nación forjada con el aporte de los sucesivos flujos migratorios Leer
Donald Trump sabía que la Corte Suprema difícilmente le daría la razón en su cruzada por acabar con la ciudadanía por nacimiento. Por seis votos contra tres, este martes los jueces tumbaron una orden ejecutiva que pretendía acabar con un derecho que, salvo contadas excepciones, desde hace más de 100 años garantiza que todos los bebés nacidos en Estados Unidos automáticamente son ciudadanos. Este revés no ha hecho más que azuzar en el presidente estadounidense la voluntad de encontrar caminos para dinamitar un precedente legal que forma parte de la esencia de una nación forjada con el aporte de los sucesivos flujos migratorios.
Desde su primera campaña electoral en 2015, el republicano prometió que pondría en marcha una draconiana política migratoria. Inspirado en la corriente del supremacismo blanco, baluarte de una supuesta pureza que peligra por la contaminación de los inmigrantes, ya en aquel entonces clamaba contra los "violadores" y "criminales" mexicanos que, según él, cruzan la frontera no con el fin de prosperar, sino de ultrajar y usurpar empleos. Tal y como lo documentan los periodistas del New York Times, Maggie Haberman y Jonathan Swan, en su nuevo libro, Cambio de régimen: dentro de la presidencia imperial de Donald Trump, fue precisamente en ese ciclo electoral cuando a Stephen Miller, entonces un joven republicano suscrito a las ideas del nacionalismo blanco, le entusiasmó su retórica anti inmigrante. Miller se propuso acercarse a Trump, hasta convertirse en el arquitecto de las medidas más severas contra los inmigrantes de los últimos tiempos.
Si Trump no ha tardado en declarar en sus redes sociales que la decisión de la Corte Suprema es "un gran error" y que no parará hasta encontrar subterfugios que contravengan a la más alta instancia judicial -para modificar la Constitución necesitaría una muy poco factible mayoría en el Congreso y en el Senado-, Miller también aireó su frustración en X: "Una de las decisiones más destructivas y escandalosas" en la historia de la Corte Suprema. Para el actual subdirector de políticas y asesor de seguridad nacional, mantener la ciudadanía por nacimiento representa el fin de Estados Unidos. Su visión apocalíptica está relacionada a lo que el propio Trump denunció en la campaña electoral de 2023, al afirmar que los inmigrantes "envenenan la sangre de nuestro país". En su falsario concepto de un Camelot impoluto, quisieran imponer el derecho a ciudadanía por sangre o linaje (jus sanguinis), que es lo que prima en Europa, y barrer de un plumazo legislativo el derecho a ciudanía por nacimiento geográfico (jus soli), que no es exclusivo de Estados Unidos ya que también está vigente en una treintena de países.
Haciendo alusión a la enmienda 14 de la Constitución, que se ratificó al finalizar la Guerra Civil en 1868, en la resolución, redactada por el juez John Roberts, se recalca lo siguiente: "La ciudadanía, entonces y ahora, es el derecho a tener derechos." Según la mayoría de los jueces, dicha enmienda "extendió esa promesa a todas las personas libres nacidas en esta tierra. Hoy mantenemos esa promesa." Y la decimocuarta enmienda fue la respuesta a una decisión anterior de la Corte Suprema, el caso en 1857 de Dred Scott contra Sandford, un fallo histórico que les negaba a los descendientes de los esclavos negros el derecho a ser ciudadanos, al considerarlos "una clase separada de personas". Ese nefasto dictamen no hizo más que ahondar la profunda herida de la esclavitud, cuyas consecuencias todavía hoy hacen crujir los cimientos del país.
La mayoría de los jueces que esta semana han contrariado al presidente también apoyan su interpretación en la posterior ratificación de dicha enmienda: en 1898, la Corte Suprema le dio la razón al chino estadounidense Wong Kim Ark, un cocinero de padres chinos nacido en San Francisco a quien, a su regreso de un viaje a China, los funcionarios de aduanas le negaron la entrada alegando que no era estadounidense. Wong batalló judicialmente y finalmente la Corte Suprema afirmó el derecho constitucional de ciudadanía automática para casi todas las personas nacidas en Estados Unidos. Su caso sedimentó una ley por derecho de nacimiento que prevale a pesar de los embates de la Administración Trump.
Apenas faltan unos días para conmemorar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, una festividad en la que tradicionalmente se ha ensalzado el tejido multicultural y multiétnico del país. Gracias a la decisión de la Corte Suprema, sigue en pie una promesa que tiene que ver con ese sueño americano que se disipa cada vez más en la era trumpista.
