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De la reacción a la prevención: Santo Domingo ante la temporada ciclónica 2026
El pasado 1 de junio inició oficialmente la temporada ciclónica, un período de seis meses en el que la naturaleza vuelve a poner a prueba la resistencia de la infraestructura urbana de Santo Domingo. Año tras año, las lluvias intensas, el desbordamiento de cañadas, la caída de árboles, los postes deteriorados y el colapso de algunos servicios urbanos nos recuerdan una realidad que no podemos seguir ignorando: estos problemas no son únicamente consecuencia del clima, sino también de una deuda histórica en planificación, mantenimiento y prevención.
Como regidor del Distrito Nacional, utilizo este espacio para reiterar una convicción que he expresado en múltiples ocasiones: Santo Domingo no puede seguir siendo una ciudad que reacciona tarde. No podemos esperar a que ocurra una emergencia para comenzar a buscar soluciones. La prevención debe convertirse en una cultura pública, ciudadana e institucional.
La República Dominicana mantiene una alta exposición a los fenómenos atmosféricos y el Distrito Nacional, por su densidad poblacional, crecimiento vertical y la presión constante sobre sus calles, avenidas y servicios, concentra importantes vulnerabilidades que deben atenderse con seriedad. Sin embargo, también contamos con una ciudadanía más consciente, vigilante y dispuesta a exigir el paso de una gestión reactiva de emergencias hacia una verdadera política de resiliencia urbana.
Temporada ciclónica
Preparar a Santo Domingo implica ordenar su crecimiento bajo el marco de la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Ley 147-02 sobre Gestión de Riesgos. La ciudad necesita más áreas verdes, más suelos permeables y más espacios capaces de absorber el agua de lluvia para evitar que cada aguacero se convierta en una emergencia urbana.
Asimismo, resulta indispensable limpiar imbornales, intervenir cañadas, revisar filtrantes, proteger las zonas vulnerables y garantizar que las obras públicas respondan a criterios de prevención y no únicamente de reparación.
Cada acción preventiva cuenta. Cada imbornal limpio, cada cañada intervenida, cada árbol evaluado y cada filtrante protegido representan menos riesgos para las familias, los conductores, los peatones y los comercios de la capital.
Tecnología preventiva
La prevención durante esta temporada ciclónica también debe ser inteligente. Ya no basta con emitir boletines generales desde los organismos de socorro. Una de mis principales propuestas desde el gobierno local consiste en avanzar hacia herramientas tecnológicas comunitarias, como una aplicación móvil municipal centralizada que permita reportes ciudadanos y alertas urbanas en tiempo real.
Mediante sensores instalados en puntos críticos de inundación y monitoreo ambiental, esta plataforma podría emitir alertas hiperlocalizadas directamente a los ciudadanos. Si un conductor recibe a tiempo una advertencia de que un paso a desnivel comienza a inundarse, se protegen vidas, se evitan pérdidas materiales y se reduce el impacto sobre la movilidad. Además, la tecnología fortalecería la fiscalización social al conectar los reportes ciudadanos con la Policía Municipal, el Cuerpo de Bomberos y las instituciones competentes.
Acciones prioritarias
Desde mi rol en el Ayuntamiento del Distrito Nacional, considero indispensable impulsar varias acciones durante esta temporada ciclónica.
En primer lugar, es necesario fortalecer un programa intensivo de arbolado urbano seguro y poda preventiva. Los recientes casos de árboles colapsados en distintas avenidas evidencian la necesidad de que la Dirección de Gestión Ambiental del Ayuntamiento, junto con el Cuerpo de Bomberos y el Ministerio de Medio Ambiente, refuercen la evaluación fitosanitaria del arbolado urbano. Un árbol enfermo o sin mantenimiento puede convertirse en una tragedia ante las primeras ráfagas de viento.
En segundo lugar, debe exigirse mayor responsabilidad en la publicidad exterior. Las grandes vallas y letreros comerciales requieren auditorías y certificaciones estructurales periódicas. La saturación visual no puede convertirse en un riesgo para la ciudadanía. La libertad de empresa debe coexistir con la seguridad pública.
En tercer lugar, resulta imprescindible reforzar la fiscalización de las construcciones verticales. En coordinación con el Ministerio de la Vivienda y Edificaciones (MIVED) y la Dirección de Planeamiento Urbano del Ayuntamiento, deben verificarse las condiciones de seguridad de andamios, grúas y materiales de construcción para evitar accidentes durante eventos atmosféricos.
Asimismo, la infraestructura vial debe mantenerse bajo supervisión permanente. El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) debe informar con transparencia sobre el estado de mantenimiento de túneles, elevados y pasos a desnivel. De igual manera, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) debe continuar la intervención de cañadas y acelerar el reemplazo de tapas de filtrantes por materiales alternativos, como la fibra de vidrio, para reducir los riesgos derivados del vandalismo.
También es necesario continuar con los esfuerzos de descontaminación visual y retiro de cables en desuso. Es justo reconocer los avances impulsados junto al Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), el Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), la Alcaldía del Distrito Nacional y las empresas telefónicas para cumplir con la Ordenanza núm. 12-2005 sobre regulación del cableado aéreo.
Igualmente, debe exigirse a EDEEste y EDESUR la sustitución inmediata de postes eléctricos deteriorados. Como regidor, he remitido reportes y fotografías junto a vecinos preocupados, convencido de que muchas tragedias pueden evitarse actuando con anticipación.
Finalmente, una ciudad verdaderamente humana también debe proteger a los animales. Propongo mantener activos los operativos coordinados para habilitar refugios temporales destinados a animales en situación de calle durante los días de tormenta severa, con el respaldo de organizaciones protectoras y de la sociedad civil.
Corresponsabilidad ciudadana
Preparar nuestra capital para los desafíos de junio y de los meses venideros no es una tarea exclusiva de los organismos de emergencia. Se trata de un compromiso ético y ciudadano compartido. Las autoridades deben cumplir con su responsabilidad, pero la ciudadanía también debe asumir la suya.
Respetar la Ley 120-99 y evitar lanzar desechos sólidos a las calles constituye una obligación de todos. Esta práctica obstruye los imbornales y provoca inundaciones que podrían prevenirse. Ningún sistema de drenaje será suficiente si seguimos tratando la ciudad como un vertedero.
Nuestra misión desde el servicio público es proteger lo que funciona, ordenar el crecimiento urbano y fortalecer la infraestructura resiliente y tecnológica que necesita Santo Domingo.
La ciudad no necesita más discursos. Necesita prevención, coordinación, mantenimiento y voluntad.
Preparémonos con responsabilidad y seriedad.
¡Santo Domingo tiene con qué!
El pasado 1 de junio inició oficialmente la temporada ciclónica, un período de seis meses en el que la naturaleza vuelve a poner a prueba la resistencia de la infraestructura urbana de Santo Domingo. Año tras año, las lluvias intensas, el desbordamiento de cañadas, la caída de árboles, los postes deteriorados y el colapso de Opinión, Distrito Nacional, Prevención de riesgos, Santo Domingo, Temporada ciclónica
