Espectáculo
Berna González Harbour: 'La novela negra es un retrato social'
Berna González Harbour ha trabajado todos los géneros como periodista y como escritora ha resuelto unos cuantos crímenes. Es una de las profesionales más reputadas del periódico español El País y ganadora de los premios de novela negra más ambicionados (el Dashiell Hammett en 2020, Premio Granada Noir 2022). Participó en Mar de Palabras y de su estancia en Santo Domingo recordará siempre que aquí ha definido los primeros folios de su próxima novela.
-¿La novela negra está infravalorada dentro de la literatura?
No, no creo que esté infravalorada. La novela negra es un género que permite retratar la sociedad, retratar el abuso. Siempre hay un choque entre un abusado y un abusador en cualquier temática, sea narco o prostitución o mafia, asesinatos, crimen de género… Siempre se trata de alguien que está abusando de su poder y de alguien que es abusado. Por eso es un retrato social, una novela social que nos sirve para conocernos y para intentar comprender qué está pasando.
-Estoy de acuerdo, pero siento que se le considera un género menor…
Crecientemente ha ido adquiriendo más nivel literario, más reconocimiento literario. Cada vez más premios van decantándose por novelas negras. Yo creo que vive una era dorada, posiblemente porque la propia crisis mundial -la recesión a partir del 2008 más las siguientes incertidumbres – han generado un apego a algo que precisamente intenta dilucidar ese territorio de las incertidumbres. No hay certezas en la novela negra, salvo un crimen, pero… todo lo demás hay que adivinarlo, hay que comprender, hay que saber. Porque veces la verdad no se llega a saber ni en la realidad ni en la novela.
-¿Qué hereda la novela negra de hoy de la de los años 30 del siglo pasado, la de Philip Marlowe y demás detectives legendarios?
En la medida en que esa recesión mundial nos llenó de incertidumbres, nos quitó viviendas, nos quitó dinero, nos quitó tanto, pues creo que se volvió a conectar con un género que ya generó una conexión importante en los años 30. Precisamente estamos hablando de lo mismo: en ese tiempo también ocurrió el derrumbe mundial de 1929, suicidios, ruinas, y la novela supo sacar cuenta de todo eso.
-¿Por qué los detectives son solitarios, bebedores…?
Bueno, eso cambió mucho. Los de aquellos años 30 eran así. Había un prototipo, que continuó de la mano de los que han actualizado la novela negra en Europa. Henning Mankell, Vázquez Montalbán, todos los europeos de los 90 y 2000 mantenían ese prototipo del detective solo, bebedor. Pero empezaron un poquito a romper, por ejemplo Petros Markaris o sobre todo Andrea Camilleri, el de Sicilia. A su detective Montalbano ya le gusta disfrutar de la vida. Y después hemos venido muchas autoras y autores que hemos actualizado el género en el sentido de que entre nuestros protagonistas, por ejemplo, ya hay muchas mujeres.
-María Ruiz, Petra Delicado, Elena Blanco, Amaya Salazar… muchas mujeres policías y detectives.
Sí, por ahí se está actualizando mucho el género, algo que yo creo que era necesario. En la medida en que el género es un retrato social de nuestro tiempo, faltaban mujeres capaces de investigar. Hacía falta eso… y no hace falta que beban y que sean el último desastre del mundo: pueden tener hijos y una carrera universitaria. Ya no hace falta que los detectives estén fumando, solos, cerrando todos los bares.
-¿Piensa sus novelas como vía para conocer una sociedad, un tiempo determinado?
Como lectora, yo leo también para conocer el mundo. Yo no he estado en Corea del Sur, pero leyendo a Han Kang siento que conozco Corea del Sur. O Japón con Murakami, o Latinoamérica. Yo conozco mucho más Argentina, gracias a su enorme literatura, desde Dolores Reyes o Claudia Piñeiro, Saccomanno, Samantha Schwebling, que por mi propio conocimiento de Argentina. Yo no he estado en Perú, pero he leído a Roncagliolo. No he estado en Cuba, pero he leído a Padura. Creo que la novela negra también es un mapa del mundo que nos permite viajar sin billete de avión, es un mapa de lectura que te permite conocer el mundo a veces de una forma mucho más profunda que las noticias o los libros de historia.
-¿Ser escritora fue una decisión o era una transición normal de su trabajo como periodista?
Ser escritora fue una decisión desde la niñez.
-¿Qué le atraía de ser escritora cuando era niña?
Escribir. Elegir palabras. Elegir palabras para contar cosas. Y no encuentro nada más fascinante en el mundo que elegir las palabras adecuadas para hablar o para escribir. Me basta con eso. Escribir tiene pocas reglas. Y es eso, elegir palabras para contar una realidad. Luego me orienté en el periodismo y el periodismo me absorbió, como me absorbió ser madre. Pero llegó el momento.
-¿Cómo reconoció ese momento?
Cuando ya has aprendido a escribir como periodista y a ser madre, cuando mis hijos ya empezaron a necesitarme menos, ahí dije: ha llegado el momento de probar. Es decisión desde niña y transición natural para mí, una vez que ya pude pasar un poco página del periodismo y probar otra disciplina que me ha llenado de libertad. Porque el periodismo es puro oficio de contar la verdad, de la verdad probada.
-Y tener un cierre y tener jefes o subalternos…
Sí, exacto. Y limitarte solo a lo que puedes contar. Mientras que escribir novela, escribir ficción es desbordarse. Es divertido.
-Otros escritores dicen que sufren cuando escriben…
Han hablando de esto Claudia Piñeiro y David Toscana en Mar de Palabras. Siempre hay momentos de sufrimiento, pero sobre todo es un enorme placer. Porque es desatar la imaginación, poner las palabras al servicio de la imaginación y hacer en la novela lo que no puedes hacer en el periodismo. Ahí sí puedes matar, vengarte, mentir, desenamorarte, resolver cosas que en el periodismo no puedes resolver. Escribir novelas me hace muy feliz.
-En periodismo ha hecho de todo: corresponsalía, periodismo cultural, columna de opinión, podcast… ¿Qué le queda por hacer?
Ah, esa pregunta…¿qué me queda por hacer? Pues la mejor columna posible después de la mejor columna posible. El periodismo, siempre se lo he dicho a mis hijos, es el oficio en el que ningún día es igual que el anterior. Soy columnista, tengo podcast… así que siempre puedo intentar que otro escritor que me enseñe cosas distintas al anterior. O siempre puedo abordar en la columna cosas distintas a la anterior.
-¿Qué está escribiendo ahora?
Pues estoy feliz porque se acerca el verano que es cuando yo empiezo a escribir. Todo el año me he estado documentando sobre la próxima novela y siempre recordaré que a Santo Domingo vine con ocho folios, pero sin mucha convicción. Y aquí, porque es muy inspirador, siempre vivir estos encuentos con escritores. Y luego suelo recordar dónde he escrito las cosas. No todo, pero sí las sensaciones. Y esos ocho folios han crecido, han cambiado, han apuntalado los personajes. De aquí sale el germen… y ya estoy tranquila porque sé que cuando coja vacaciones ya me pondré a escribir.
-¿Es novela negra?
No, no es novela negra. La última ha sido una saga familiar (Qué fue de los Lighthouse) y esta es difícil de definir. También recorre la España del presente y de los años 30 y 40. Puede ser que la podamos llamar una novela familiar, pero como todavía estoy empezando, no la sé clasificar todavía.
-En Qué fue de los Lighthouse denuncia/describe el colonialismo británico. ¿Cree que el colonialismo español fue tan malo como el inglés?
Seguro, solo que está más lejos. En mi libro hablo de la experiencia de mi abuelo que fue miembro del servicio colonial británico en África; mi madre nació en Tanzania. Entonces podemos decir que el colonialismo británico fue antes de ayer. Y el español está mucho más lejos. Seguramente fue tan sangrante, pero es difícil aprehenderlo, recoger testimonios. Mientras que yo en esa novela estoy contando la historia de mi familia.
—¿Es difícil hablar de la familia?
Es lo más difícil porque se mezclan ahí todos los miedos: personales, el miedo a hacer daño a mi familia, a los seres queridos. Ese es mi único límite en mi literatura. Al final, ha sido la novela que más me ha costado escribir, pero después, una vez que los Harbour se convierten en Lighthouse, ya despegué y eran otros. Ya una vez publicado, es como liberarme de ellos.
—¿Cuánto tiempo tarda en escribir una novela?
Mínimo año y medio, dos. La de los Lighthouse me tomó cuatro.
—¿Es difícil escribir novela negra?
La respuesta es sí: es muy difícil.
Berna González Harbour ha trabajado todos los géneros como periodista y como escritora ha resuelto unos cuantos crímenes. Es una de las profesionales más reputadas del periódico español El País y ganadora de los premios de novela negra más ambicionados (el Dashiell Hammett en 2020, Premio Granada Noir 2022). Participó en Mar de Palabras y de su estancia en Santo Domingo recordará siempre que aquí ha definido los primeros folios de su próxima novela.-¿La novela negra está infravalorada dentro de la literatura?No, no creo que esté infravalorada. La novela negra es un género que permite retratar la sociedad, retratar el abuso. Siempre hay un choque entre un abusado y un abusador en cualquier temática, sea narco o prostitución o mafia, asesinatos, crimen de género… Siempre se trata de alguien que está abusando de su poder y de alguien que es abusado. Por eso es un retrato social, una novela social que nos sirve para conocernos y para intentar comprender qué está pasando.-Estoy de acuerdo, pero siento que se le considera un género menor…Crecientemente ha ido adquiriendo más nivel literario, más reconocimiento literario. Cada vez más premios van decantándose por novelas negras. Yo creo que vive una era dorada, posiblemente porque la propia crisis mundial -la recesión a partir del 2008 más las siguientes incertidumbres – han generado un apego a algo que precisamente intenta dilucidar ese territorio de las incertidumbres. No hay certezas en la novela negra, salvo un crimen, pero… todo lo demás hay que adivinarlo, hay que comprender, hay que saber. Porque veces la verdad no se llega a saber ni en la realidad ni en la novela.-¿Qué hereda la novela negra de hoy de la de los años 30 del siglo pasado, la de Philip Marlowe y demás detectives legendarios? En la medida en que esa recesión mundial nos llenó de incertidumbres, nos quitó viviendas, nos quitó dinero, nos quitó tanto, pues creo que se volvió a conectar con un género que ya generó una conexión importante en los años 30. Precisamente estamos hablando de lo mismo: en ese tiempo también ocurrió el derrumbe mundial de 1929, suicidios, ruinas, y la novela supo sacar cuenta de todo eso. "La novela negra es un género que permite retratar la sociedad, retratar el abuso." Berna González Harbour Periodista y escritora “-¿Por qué los detectives son solitarios, bebedores…?Bueno, eso cambió mucho. Los de aquellos años 30 eran así. Había un prototipo, que continuó de la mano de los que han actualizado la novela negra en Europa. Henning Mankell, Vázquez Montalbán, todos los europeos de los 90 y 2000 mantenían ese prototipo del detective solo, bebedor. Pero empezaron un poquito a romper, por ejemplo Petros Markaris o sobre todo Andrea Camilleri, el de Sicilia. A su detective Montalbano ya le gusta disfrutar de la vida. Y después hemos venido muchas autoras y autores que hemos actualizado el género en el sentido de que entre nuestros protagonistas, por ejemplo, ya hay muchas mujeres. -María Ruiz, Petra Delicado, Elena Blanco, Amaya Salazar… muchas mujeres policías y detectives. Sí, por ahí se está actualizando mucho el género, algo que yo creo que era necesario. En la medida en que el género es un retrato social de nuestro tiempo, faltaban mujeres capaces de investigar. Hacía falta eso… y no hace falta que beban y que sean el último desastre del mundo: pueden tener hijos y una carrera universitaria. Ya no hace falta que los detectives estén fumando, solos, cerrando todos los bares. "Ser escritora fue una decisión desde la niñez" Berna González Harbour Periodista y escritora “-¿Piensa sus novelas como vía para conocer una sociedad, un tiempo determinado?Como lectora, yo leo también para conocer el mundo. Yo no he estado en Corea del Sur, pero leyendo a Han Kang siento que conozco Corea del Sur. O Japón con Murakami, o Latinoamérica. Yo conozco mucho más Argentina, gracias a su enorme literatura, desde Dolores Reyes o Claudia Piñeiro, Saccomanno, Samantha Schwebling, que por mi propio conocimiento de Argentina. Yo no he estado en Perú, pero he leído a Roncagliolo. No he estado en Cuba, pero he leído a Padura. Creo que la novela negra también es un mapa del mundo que nos permite viajar sin billete de avión, es un mapa de lectura que te permite conocer el mundo a veces de una forma mucho más profunda que las noticias o los libros de historia. -¿Ser escritora fue una decisión o era una transición normal de su trabajo como periodista? Ser escritora fue una decisión desde la niñez. -¿Qué le atraía de ser escritora cuando era niña? Escribir. Elegir palabras. Elegir palabras para contar cosas. Y no encuentro nada más fascinante en el mundo que elegir las palabras adecuadas para hablar o para escribir. Me basta con eso. Escribir tiene pocas reglas. Y es eso, elegir palabras para contar una realidad. Luego me orienté en el periodismo y el periodismo me absorbió, como me absorbió ser madre. Pero llegó el momento. -¿Cómo reconoció ese momento?Cuando ya has aprendido a escribir como periodista y a ser madre, cuando mis hijos ya empezaron a necesitarme menos, ahí dije: ha llegado el momento de probar. Es decisión desde niña y transición natural para mí, una vez que ya pude pasar un poco página del periodismo y probar otra disciplina que me ha llenado de libertad. Porque el periodismo es puro oficio de contar la verdad, de la verdad probada. -Y tener un cierre y tener jefes o subalternos…Sí, exacto. Y limitarte solo a lo que puedes contar. Mientras que escribir novela, escribir ficción es desbordarse. Es divertido. "¿Qué me queda por hacer como periodista? Pues la mejor columna posible después de la mejor columna posible" Berna González Harbour Periodista y escritora “-Otros escritores dicen que sufren cuando escriben…Han hablando de esto Claudia Piñeiro y David Toscana en Mar de Palabras. Siempre hay momentos de sufrimiento, pero sobre todo es un enorme placer. Porque es desatar la imaginación, poner las palabras al servicio de la imaginación y hacer en la novela lo que no puedes hacer en el periodismo. Ahí sí puedes matar, vengarte, mentir, desenamorarte, resolver cosas que en el periodismo no puedes resolver. Escribir novelas me hace muy feliz. -En periodismo ha hecho de todo: corresponsalía, periodismo cultural, columna de opinión, podcast… ¿Qué le queda por hacer? Ah, esa pregunta…¿qué me queda por hacer? Pues la mejor columna posible después de la mejor columna posible. El periodismo, siempre se lo he dicho a mis hijos, es el oficio en el que ningún día es igual que el anterior. Soy columnista, tengo podcast… así que siempre puedo intentar que otro escritor que me enseñe cosas distintas al anterior. O siempre puedo abordar en la columna cosas distintas a la anterior. "Siempre hay momentos de sufrimiento, pero sobre todo escribir es un enorme placer" Berna González Harbour Periodista y escritora “-¿Qué está escribiendo ahora? Pues estoy feliz porque se acerca el verano que es cuando yo empiezo a escribir. Todo el año me he estado documentando sobre la próxima novela y siempre recordaré que a Santo Domingo vine con ocho folios, pero sin mucha convicción. Y aquí, porque es muy inspirador, siempre vivir estos encuentos con escritores. Y luego suelo recordar dónde he escrito las cosas. No todo, pero sí las sensaciones. Y esos ocho folios han crecido, han cambiado, han apuntalado los personajes. De aquí sale el germen… y ya estoy tranquila porque sé que cuando coja vacaciones ya me pondré a escribir.-¿Es novela negra? No, no es novela negra. La última ha sido una saga familiar (Qué fue de los Lighthouse) y esta es difícil de definir. También recorre la España del presente y de los años 30 y 40. Puede ser que la podamos llamar una novela familiar, pero como todavía estoy empezando, no la sé clasificar todavía.-En Qué fue de los Lighthouse denuncia/describe el colonialismo británico. ¿Cree que el colonialismo español fue tan malo como el inglés? Seguro, solo que está más lejos. En mi libro hablo de la experiencia de mi abuelo que fue miembro del servicio colonial británico en África; mi madre nació en Tanzania. Entonces podemos decir que el colonialismo británico fue antes de ayer. Y el español está mucho más lejos. Seguramente fue tan sangrante, pero es difícil aprehenderlo, recoger testimonios. Mientras que yo en esa novela estoy contando la historia de mi familia. "Escribiendo ficción puedes matar, vengarte, mentir, desenamorarte, resolver cosas que en el periodismo no puedes resolver" Berna González Harbour Periodista y escritora “—¿Es difícil hablar de la familia?Es lo más difícil porque se mezclan ahí todos los miedos: personales, el miedo a hacer daño a mi familia, a los seres queridos. Ese es mi único límite en mi literatura. Al final, ha sido la novela que más me ha costado escribir, pero después, una vez que los Harbour se convierten en Lighthouse, ya despegué y eran otros. Ya una vez publicado, es como liberarme de ellos.—¿Cuánto tiempo tarda en escribir una novela?Mínimo año y medio, dos. La de los Lighthouse me tomó cuatro.—¿Es difícil escribir novela negra?La respuesta es sí: es muy difícil. 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