Ciencia y Tecnología
Un soldado ucraniano pasó 1.495 días prisionero en Rusia. Se salvó con un arma inesperada: los siete libros de Harry Potter
En 1941, durante su encierro en el campo de concentración de Auschwitz, el escritor Primo Levi recitaba de memoria versos de la Divina Comedia a otros prisioneros para aferrarse a algo que los nazis no podían arrebatarles: la memoria. Porque a veces, sobrevivir empieza por recordar.
Mariúpol: el último adiós. La historia la contaba en un extenso reportaje la BBC. Oleksandr Ivanov salió de Mariúpol en abril de 2022 convencido de que aquella llamada a su mujer sería la última. En medio del colapso de la defensa ucraniana, rodeado de cadáveres, búnkeres sin luz y el olor permanente de la muerte, el oficial de marines acabó capturado y enviado primero a Olenivka y después a una colonia penal en Mordovia.
Ahí empezó un cautiverio de 1.495 días. Casi cuatro años sin saber si su país seguía existiendo, si su familia seguía viva o si la guerra había terminado. El tiempo dejó de medirse en días y empezó a medirse en silencios.

La cárcel como arma psicológica. Contaban en el medio que lo que más destruyó a los prisioneros no fue el hambre, aunque Oleksandr perdió treinta kilos, ni el frío, o el hacinamiento de ocho hombres en una celda diminuta obligados a pasar la mayor parte del día de pie. Fue la demolición mental.
Los guardias rusos repetían una y otra vez que Ucrania había desaparecido, quemaban cartas delante de ellos y llenaban el ambiente con propaganda constante por radio. Hablar estaba prohibido. Pensar, contaba en el reportaje, era casi lo único que quedaba. Y cuando uno lleva meses pensando en su vida, en su familia y en un futuro que quizá nunca llegue, incluso la memoria empieza a agotarse.
El arma más improbable. Fue en este punto de la historia donde apareció lo impensable. Al parecer, Oleksandr llevaba años obsesionado con Harry Potter, hasta el punto de haber releído la saga tantas veces que la había memorizado casi por completo. Así, lo que fuera una afición obsesiva acabó convirtiéndose en una herramienta de supervivencia.
Primero confesó a sus compañeros que conocía la historia. Después empezó a narrarla. Libro a libro. Capítulo a capítulo. Susurrando para que no le oyeran los guardias. Durante cinco o seis horas al día, en aquella celda rusa, un soldado ucraniano convirtió siete novelas de fantasía en algo mucho más importante: una forma de mantener viva la cordura.

Imagen de Oleksandr en su cuenta de Instagram
Hogwarts dentro de una celda. Por supuesto, la escena dejó de ser entretenimiento muy rápido. Oleksandr lo narraba como un serial, deteniéndose siempre en el punto más emocionante para crear expectación. Sus compañeros empezaron a esperar cada mañana solo para saber cómo seguía la historia.
En un entorno diseñado para derrumbarse por dentro, la saga llenó el vacío. Los presos comenzaron a verse como reclusos de Azkaban, con los guardias convertidos en dementores al otro lado de la puerta. Y esa metáfora no era menor: en la lógica de Harry Potter, los dementores solo pueden combatirse con un Patronus. Para ellos, ese Patronus era la esperanza de volver a casa.
Humanizando a los carceleros. Explicaba la BBC que la ironía fue aún más extraña porque Oleksandr llevaba tatuajes relacionados con el universo de Harry Potter desde antes de la guerra. Algunos guardias rusos reconocieron los símbolos porque habían visto las películas o leído los libros. Y durante ciertos momentos, algo insólito ocurría: dejaban de verlo como enemigo y hablaban con él con cierta normalidad.
La guerra fuera de la celda. Mientras tanto, su esposa Nelly reconstruía su rastro pieza a pieza desde Ucrania. Cada prisionero liberado memorizaba teléfonos de familias y transmitía noticias al salir. Así supo dónde estaba, cómo se encontraba y qué hacía.
Hasta que un día escuchó algo increíble: que Oleksandr estaba contando Harry Potter en prisión. Lejos de parecerle absurdo, fue una señal de que seguía con vida. Si todavía podía contar historias, pensó, todavía seguía entero. Incluso escribió a J. K. Rowling explicándole cómo sus libros se habían convertido en refugio para prisioneros de guerra. Nunca recibió respuesta.
Después de todo este tiempo. El pasado 15 de mayo, Oleksandr fue liberado en un intercambio junto a otros 205 soldados ucranianos. Volvió roto físicamente, pero intacto en algo esencial. Mientras se recupera, devora noticias para rellenar cuatro años de vacío y recibe paquetes de desconocidos con objetos de Harry Potter.
Su mujer, que durante la guerra se tatuó la frase “After all this time? Always”, la misma que él lleva en la piel, resume mejor que nadie la historia. Una donde, al final, lo que mantuvo vivo a Oleksandr no fue solo la disciplina militar ni la resistencia física. Fue algo mucho más inesperado y simple: la capacidad de recordar una historia y convertirla en luz cuando todo alrededor se veía negro.
Imagen | Adam Polselli, Ryan McGrady, Joits, Instagram
En Xataka | Tenemos que empezar a pensar la guerra de Ucrania en términos mayores a los de la Primera Guerra Mundial
–
La noticia
Un soldado ucraniano pasó 1.495 días prisionero en Rusia. Se salvó con un arma inesperada: los siete libros de Harry Potter
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
En 1941, durante su encierro en el campo de concentración de Auschwitz, el escritor Primo Levi recitaba de memoria versos de la Divina Comedia a otros prisioneros para aferrarse a algo que los nazis no podían arrebatarles: la memoria. Porque a veces, sobrevivir empieza por recordar.
Mariúpol: el último adiós. La historia la contaba en un extenso reportaje la BBC. Oleksandr Ivanov salió de Mariúpol en abril de 2022 convencido de que aquella llamada a su mujer sería la última. En medio del colapso de la defensa ucraniana, rodeado de cadáveres, búnkeres sin luz y el olor permanente de la muerte, el oficial de marines acabó capturado y enviado primero a Olenivka y después a una colonia penal en Mordovia.
Ahí empezó un cautiverio de 1.495 días. Casi cuatro años sin saber si su país seguía existiendo, si su familia seguía viva o si la guerra había terminado. El tiempo dejó de medirse en días y empezó a medirse en silencios.
La cárcel como arma psicológica. Contaban en el medio que lo que más destruyó a los prisioneros no fue el hambre, aunque Oleksandr perdió treinta kilos, ni el frío, o el hacinamiento de ocho hombres en una celda diminuta obligados a pasar la mayor parte del día de pie. Fue la demolición mental.
Los guardias rusos repetían una y otra vez que Ucrania había desaparecido, quemaban cartas delante de ellos y llenaban el ambiente con propaganda constante por radio. Hablar estaba prohibido. Pensar, contaba en el reportaje, era casi lo único que quedaba. Y cuando uno lleva meses pensando en su vida, en su familia y en un futuro que quizá nunca llegue, incluso la memoria empieza a agotarse.
El arma más improbable. Fue en este punto de la historia donde apareció lo impensable. Al parecer, Oleksandr llevaba años obsesionado con Harry Potter, hasta el punto de haber releído la saga tantas veces que la había memorizado casi por completo. Así, lo que fuera una afición obsesiva acabó convirtiéndose en una herramienta de supervivencia.
Primero confesó a sus compañeros que conocía la historia. Después empezó a narrarla. Libro a libro. Capítulo a capítulo. Susurrando para que no le oyeran los guardias. Durante cinco o seis horas al día, en aquella celda rusa, un soldado ucraniano convirtió siete novelas de fantasía en algo mucho más importante: una forma de mantener viva la cordura.
Imagen de Oleksandr en su cuenta de Instagram
Hogwarts dentro de una celda. Por supuesto, la escena dejó de ser entretenimiento muy rápido. Oleksandr lo narraba como un serial, deteniéndose siempre en el punto más emocionante para crear expectación. Sus compañeros empezaron a esperar cada mañana solo para saber cómo seguía la historia.
En un entorno diseñado para derrumbarse por dentro, la saga llenó el vacío. Los presos comenzaron a verse como reclusos de Azkaban, con los guardias convertidos en dementores al otro lado de la puerta. Y esa metáfora no era menor: en la lógica de Harry Potter, los dementores solo pueden combatirse con un Patronus. Para ellos, ese Patronus era la esperanza de volver a casa.
Humanizando a los carceleros. Explicaba la BBC que la ironía fue aún más extraña porque Oleksandr llevaba tatuajes relacionados con el universo de Harry Potter desde antes de la guerra. Algunos guardias rusos reconocieron los símbolos porque habían visto las películas o leído los libros. Y durante ciertos momentos, algo insólito ocurría: dejaban de verlo como enemigo y hablaban con él con cierta normalidad.
La guerra fuera de la celda. Mientras tanto, su esposa Nelly reconstruía su rastro pieza a pieza desde Ucrania. Cada prisionero liberado memorizaba teléfonos de familias y transmitía noticias al salir. Así supo dónde estaba, cómo se encontraba y qué hacía.
Hasta que un día escuchó algo increíble: que Oleksandr estaba contando Harry Potter en prisión. Lejos de parecerle absurdo, fue una señal de que seguía con vida. Si todavía podía contar historias, pensó, todavía seguía entero. Incluso escribió a J. K. Rowling explicándole cómo sus libros se habían convertido en refugio para prisioneros de guerra. Nunca recibió respuesta.
En Xataka
Ucrania ha encontrado el punto débil de Rusia en Crimea. Y ahora hay una fila de camiones rusos que no pueden avanzar
Después de todo este tiempo. El pasado 15 de mayo, Oleksandr fue liberado en un intercambio junto a otros 205 soldados ucranianos. Volvió roto físicamente, pero intacto en algo esencial. Mientras se recupera, devora noticias para rellenar cuatro años de vacío y recibe paquetes de desconocidos con objetos de Harry Potter.
Su mujer, que durante la guerra se tatuó la frase “After all this time? Always”, la misma que él lleva en la piel, resume mejor que nadie la historia. Una donde, al final, lo que mantuvo vivo a Oleksandr no fue solo la disciplina militar ni la resistencia física. Fue algo mucho más inesperado y simple: la capacidad de recordar una historia y convertirla en luz cuando todo alrededor se veía negro.
Imagen | Adam Polselli, Ryan McGrady, Joits, Instagram
En Xataka | Tenemos que empezar a pensar la guerra de Ucrania en términos mayores a los de la Primera Guerra Mundial
En Xataka | La guerra de drones ha dejado una lección clara para Ucrania: no pueden salir de casa sin una ametralladora de hace 100 años
– La noticia
Un soldado ucraniano pasó 1.495 días prisionero en Rusia. Se salvó con un arma inesperada: los siete libros de Harry Potter
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.

