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El misterio del Aston Martin de James Bond robado hace casi 30 años: dónde se sospecha que está

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El mundo del cine tiene historias reales capaces de eclipsar la trama de cualquier película. Una de ellas afecta a este código: DP216. Se trata de un número de chasis de un coche. Pero no de un coche cualquiera, sino del Aston Martin empleado en la película Goldfinger, que puede considerarse el automóvil más cinéfilo y famoso del planeta. Y la historia de esta unidad en concreto es tan espectacular y misteriosa que merecería un Oscar al mejor guion de Hollywood, si no fuera porque se trata de un hecho real.

 La misteriosa desaparición del Aston Martin original de la película Goldfinger mantiene en jaque a los cuerpos de élite internacionales tras casi tres décadas de investigaciones.   

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El mundo del cine tiene historias reales capaces de eclipsar la trama de cualquier película. Una de ellas afecta a este código: DP216. Se trata de un número de chasis de un coche. Pero no de un coche cualquiera, sino del Aston Martin empleado en la película Goldfinger, que puede considerarse el automóvil más cinéfilo y famoso del planeta. Y la historia de esta unidad en concreto es tan espectacular y misteriosa que merecería un Oscar al mejor guion de Hollywood, si no fuera porque se trata de un hecho real.

El estreno de la película en 1964 convirtió en objeto de deseo al Aston Martin DB5, aunque en realidad el empleado en la película nunca fue un DB5, sino un DB4 Series V. En el momento en el que se grabó la película, al DB5 no le quedaban más que 9 meses por llegar, pero como ambos compartían la misma estética, se optó por decir que para el rodaje habían empleado ya el nuevo modelo. En cualquier caso, lo admirado en el modelo visto en pantalla no era solo su elegancia, sino también el glamour, al haber motorizado al gentleman con licencia para matar al que muchos se querían parecer.

Connery, junto al coche en otra imagen mítica.
Connery, junto al coche en otra imagen mítica.EON Productions.

Los ingenieros de la marca británica le habían instalado modificaciones que convertían al lujoso deportivo en una fortaleza móvil, aunque tal fortaleza fuera ficticia. Contaba con un mecanismo de eyección para el asiento del acompañante, complementado con un techo practicable diseñado para facilitar esa 'evacuación rápida'. Detrás de los faros delanteros asomaban ametralladoras Browning capaces de simular fuego real, y en la zaga contaba con escudo de acero retráctil con capacidad para repeler proyectiles de alta potencia, protegiendo la luneta trasera de ataques hostiles.

Los sistemas de defensa incluían dispensadores de aceite deslizante y cortinas de humo espeso controladas mediante palancas ocultas en el reposabrazos central. Las llantas, por su parte, incorporaban cuchillas telescópicas destinadas a destrozar los neumáticos de los perseguidores. Y las placas de matrícula giraban mediante un sistema que alternaba tres identificaciones distintas, correspondientes a Gran Bretaña, Suiza y Francia. Solo se hizo una unidad con semejante concentración de extras, y ya podrás imaginar que su valor estaba muy por encima de lo que costaba un modelo de serie.

El equipamiento no era 'políticamente correcto'.
El equipamiento no era 'políticamente correcto'.RM Sotheby’s

Tras su aparición cinematográfica, el coche comenzó un periplo por colecciones privadas. El coleccionista estadounidense Anthony Pugliese III, último propietario legal, lo compró en 1986 desembolsando unos 250.000 dólares (unos 215.000 euros) de la época. Tras ello se llevó su flamante coche a un hangar privado ubicado en el aeropuerto de Boca Ratón, en el estado de Florida. Las medidas de seguridad del recinto prometían un resguardo infranqueable para una inversión que incrementaba su valor de mercado de forma exponencial cada año.

Pero la noche del 18 de junio de 1997 el sueño de Pugliese se vino abajo: unos ladrones 'de guante blanco' burlaron el perímetro del aeródromo aprovechando las sombras de la madrugada. Los delincuentes cortaron los candados de supuesta alta seguridad que sellaban el hangar principal y desactivaron los sistemas de alarma haciendo gala de buenos conocimientos técnicos. Las investigaciones posteriores confirmaron que los ladrones sacaron de allí el coche sin encender el motor de seis cilindros. Las marcas de neumáticos dejadas en el hangar fueron, de hecho, la única evidencia física del paso de los ladrones.

Los sistemas secretos fueron preparados para la película.
Los sistemas secretos fueron preparados para la película.RM Sotheby’s

Quedó descartada una huida veloz del coche por las carreteras estatales. De hecho, la hipótesis principal de la policía de Florida apuntaba hacia la presencia de un avión de carga esperando para despegar, lo que implicaría un operativo preparado con mucho dinero. Así, el deportivo plateado habría ingresado en la bodega de un avión que partió rumbo a un destino desconocido antes del amanecer, sobrevolando las aguas del Atlántico.

La compañía de seguros Chubb asumió la responsabilidad de esclarecer el suceso ante la monumental reclamación económica presentada por el propietario del coche. Los peritos de la aseguradora pasaron varios años escudriñando cada detalle del robo para descartar cualquier sospecha de fraude interno o autorrobo. De hecho, las indagaciones ratificaron la autenticidad del asalto, forzando a la aseguradora a abonar una indemnización de cuatro millones doscientos mil dólares al empresario de Florida. Eso sí, este pago transfería de forma automática los derechos de propiedad del Aston Martin con chasis DP216 a las arcas de la propia aseguradora, por si un día el coche apareciera.

En la consola central contaba con todos los 'gadgets' necesarios.
En la consola central contaba con todos los 'gadgets' necesarios.RM Sotheby’s

El expediente permaneció guardado en los archivos policiales hasta que la firma Art Recovery International reabrió el caso con técnicas de investigación del siglo XXI. El detective Christopher Marinello asumió el rastreo global, aplicando análisis de datos y redes de informantes en los mercados de arte más opacos del planeta. ¿Y qué se sospecha hoy día?

Las pesquisas apuntan hacia una colección privada de coches de lujo ubicada en Oriente Medio. Varios testimonios sitúan el coche en un garaje subterráneo de alta seguridad compartido por magnates de los negocios petroleros en localizaciones vinculadas a Dubái o Arabia Saudí. Nada que se haya podido comprobar hasta ahora. El hallazgo de una pista sólida requiere verificar que en el coche en cuestión aparezca la inscripción DP216 ubicado en los travesaños estructurales inferiores de la carrocería. No se ha corroborado de forma oficial, pero un informante anónimo comunicó hace no mucho haber contemplado este código exacto en un coche guardado en un garaje bajo estrictas condiciones de climatización artificial (lo que requiere mucho dinero).

La plancha trasera sirve para evitar el impacto de balas en el cristal trasero.
La plancha trasera sirve para evitar el impacto de balas en el cristal trasero.RM Sotheby’s

Se estima que este icono cinematográfico superaría hoy día los 25 millones de dólares en una subasta privada, así que entendemos que la aseguradora es la principal interesada en que aparezca. Así que se entiende que el coleccionista que lo tiene no piensa sacarlo a la luz, ya que hay un tratado de incautación con alertas automáticas en las aduanas de 190 países. Es decir, que no se puede vender, matricular ni exhibir, por lo que aquel que lo tenga solo puede disfrutarlo en solitario tras unas puertas blindadas mientras sueña con ser James Bond.

 

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