El efecto Neymar sigue siendo difícil de definir por completo, especialmente mientras continúa el debate sobre si el veterano aún merece un lugar en la selección brasileña. Tras la convocatoria de Carlo Ancelotti, las opiniones siguen divididas entre quienes respaldan su inclusión y quienes dudan de su presencia en el grupo de 26.
Durante el partido ante Marruecos, esa discusión se reflejó en un momento concreto durante la pausa de hidratación, una regla reciente de la FIFA. Neymar intentó intervenir con Vinícius Jr. y Bruno Guimarães para ajustar detalles ante la presión de Marruecos.
Guimarães mostró poca disposición para entrar en la conversación, lo que llevó a Neymar a acercarlo físicamente para captar su atención. Vinícius se mantuvo al margen y evitó involucrarse en la interacción. El momento terminó sin continuidad, con Neymar alejándose y el grupo separándose sin una respuesta clara a sus indicaciones.
Mientras esto ocurría en el campo, la situación alrededor de Neymar fuera de el mostraba una realidad distinta. A pesar de no estar en el once inicial, su presencia en el banquillo atrajo de inmediato la atención de los medios y fotógrafos.
Cámaras y reporteros se agolparon alrededor de la zona de Brasil para captar su presencia. Neymar siguió siendo un punto central para la prensa, generando atención constante incluso sin minutos de juego. El contraste con lo ocurrido durante la pausa de hidratación no pasó desapercibido, especialmente en redes sociales y en la cobertura mediática, donde se cuestionó la diferencia entre su influencia percibida en el campo y la reacción que provoca fuera de él.
El partido, que terminó 1-1 entre Marruecos y Brasil, dejó más que un resultado. Reforzó una imagen ya conocida en torno a Neymar: un jugador que sigue dominando la atención mediática, mientras su impacto directo en momentos puntuales dentro del equipo parece menos claro.

