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Reino Unido, Francia y Alemania piden a Ucrania que ayude a la OTAN a desarrollar drones y misiles
El presidente ucraniano aborda en Londres el 'día después', con un Kiev que estima que empieza a ganar a Moscú Leer El presidente ucraniano aborda en Londres el 'día después', con un Kiev que estima que empieza a ganar a Moscú Leer
Han pasado más de cuatro años desde que Rusia invadió Ucrania. Y ahora no es que los ucranianos quieren que la OTAN les dé tecnología militar. Todo lo contrario: Ucrania ha alcanzado tal capacidad tecnológica en el desarrollo y uso de drones y de misiles que Reino Unido, Francia, y Alemania quieren "la Alianza [Atlántica] aprenda de la experiencia de Ucrania en el campo de batalla" y buscan "un incremento de la cooperación industrial a largo plazo [entre la OTAN y Ucrania] que refuerce la propia defensa europea".
Así lo declara el comunicado final de la reunión que ayer celebró en Londres el E3, es decir, el grupo constituido por el primer ministro británico, Keir Starmer, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés Emmanuel Macron. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, cenó anoche con ellos en Londres, en un encuentro discreto, del que salió un comunicado conjunto de decidido apoyo a la idea de Kiev de una tregua que sirva de base para una negociación posterior en la que se definan las fronteras entre los dos países y las indemnizaciones de Moscú a su vecino como pasos previos e inexcusables al levantamiento de las sanciones a Rusia.
En la práctica, la declaración constituye un rechazo frontal del plan de paz lanzado por Estados Unidos en noviembre que significaba que Ucrania debería ceder más territorio del que ha perdido frente a Rusia. El plan de Washington no ha ido a ninguna parte, pese a los esfuerzos del Gobierno de Trump, pero en gran medida debido a que Vladimir Putin no lo ha considerado suficientemente favorable a Rusia.
La clave es que ahora, como afirma el E3, Ucrania tiene la iniciativa militar e incluso está recuperando territorio ocupado por Rusia. Eso da a Kiev mucho más margen de actuación. Y el embarrancamiento de la propuesta de paz de Donald Trump abre una ventana de oportunidad. Dentro de una semana hay 'cumbre' del G-7 en Evian (Francia); dentro de un mes, de la OTAN, en Ankara (Turquía); y en cinco semanas, de la 'Coalición de Voluntarios', que apoya a Ucrania, en París. Así pues, el próximo mes y medio podría ser decisivo para la solución de la guerra.
Zelenski confirmó indirectamente ese objetivo a su llegada a Londres, este domingo por la tarde, cuando declaró que la cumbre iba a centrarse en "la guerra, una mayor cooperación para reforzar la defensa aérea en toda Europa, y nuestra común perspectiva de las perspectivas diplomáticas".
La cuestión es que, por primera vez desde que comenzó la invasión rusa en febrero de 2022, Ucrania está reduciendo su dependencia de las armas de sus aliados, especialmente en lo que se refiere a drones y misiles. Kiev ha alcanzado la autosuficiencia en esos dos sistemas de armas y eso le está permitiendo utilizarlos sin las restricciones que europeos y estadounidenses imponían a su uso.
Por primera vez desde que comenzó la invasión rusa en febrero de 2022, Ucrania está destruyendo sistemáticamente la retaguardia rusa, y ha incrementado de manera espectacular las bajas de Moscú en primera línea. Entretanto, Rusia no está siendo capaz de aprovechar la subida del precio del petróleo causada por la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz debido a los ataques con misiles de Ucrania.
Todo eso hace que Ucrania se haya convertido, paradójicamente, en una potencia militar cuya amistad interesa a Londres, Berlín, y París. Incluso los militares estadounidenses están presionando a la Casa Blanca para que establezca canales de cooperación con Kiev, pese a la manifiesta antipatía de Donald Trump por Zelenski y su simpatía hacia Putin.
Pero Ucrania sigue dependiendo totalmente de la ayuda europea para mantener el funcionamiento de su Estado y de su defensa. Y la guerra de Irán le ha afectado negativamente. Estados Unidos ha gastado la mitad de sus misiles Patriot en el conflicto y, además, ha tenido que desplazar baterías a la región o entregárselas a sus aliados, Israel y los países del Golfo. El resultado es que Kiev, aunque ha mejorado su defensa aérea frente a los drones rusos de diseño iraní, cada vez está más indefensa frente a los ataques con misiles de Moscú. Ucrania está empleando misiles francoitalianos Iris-T, que son la versión europea del Patriot, pero la fabricación de esas armas avanza lentísima, y no da abasto para las salvas de cohetes rusos.
A eso se suman otros factores de riesgo que ayer fueron tratados en la reunión. Putin se ha aislado aún más, y sólo adopta decisiones con un reducidísimo número de asesores que ha nombrado por la lealtad que le inspiran, no por su eficacia, como revela el hecho de que entre ellos esté el ex jefe de su servicio de guardaespaldas. Eso plantea el riesgo de que el Kremlin, al ver cómo la guerra empieza a irle francamente mal, lleve a cabo una escalada bien horizontal -con más ataques de drones como el de la semana pasada contra Rumanía-, bien vertical -con la amenaza del uso de armas nucleares-. Así que el marco de la cumbre de hoy era paradójico: por un lado, ver cómo va una guerra que puede estallar fuera de control; por otro, preparar el día después, incluyendo el despliegue de fuerzas de paz.
Finalmente, está la cuestión económica. Hoy se esperaba el anuncio del E3 de nuevas sanciones contra Moscú. Pero la presión del precio del petróleo podría hacer que la UE flexibilizara el tope al precio del petróleo ruso impuesto en 2023, o que abriera la mano a las exportaciones de productos petrolíferos rusos siempre que estos llegaran a través de terceros países. No es una suposición teórica: el Reino Unido, supuestamente el país europeo occidental con mayores simpatías por Ucrania, ya lo ha hecho.
Entretanto, Kiev sigue buscando una solución diplomática. La semana pasada, Zelenski envió una carta a Putin proponiéndole un encuentro cara a cara y la apertura de negociaciones directas entre los dos países. El dictador ruso se limitó a volver a cuestionar la legitimidad de su adversario. Pero eso no llevó a Zelenski a abandonar sus propuestas de paz. El mes pasado, el presidente ucraniano invitó a su país al oligarca ruso Roman Abramovich, y le transmitió una propuesta de paz para Putin, según informaba este domingo el diario Financial Times. Abramovich es uno de los grandes oligarcas rusos con mejores relaciones en Occidente, hasta el punto de que fue dueño del equipo londinense Chelsea, del que tuvo que deshacerse en 2022, precisamente a raíz de la invasión de Ucrania por Putin. En la actualidad reside a caballo entre Rusia, Israel y Turquía.
