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Starmer, Macron y Merz arropan a Zelenski en medio de un cauto optimismo sobre la marcha de la guerra de Ucrania
El presidente ucraniano aborda en Londres el 'día después', con un Kiev que estima que empieza a ganar a Moscú Leer El presidente ucraniano aborda en Londres el 'día después', con un Kiev que estima que empieza a ganar a Moscú Leer
Volodimir Zelenski quiere negociar con Vladimir Putin. No porque esté perdiendo la guerra, sino porque estima que está empezando a ganarla. Y este domingo llegó a Londres para mantener una cena de trabajo con el E3, es decir, el grupo constituido por el primer ministro británico, Keir Starmer, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron.
Fue un encuentro discreto, decidido, aparentemente, con muy poco tiempo de antelación, destinado a articular un posible día después de la guerra, y también a preparar la crucial cumbre que la OTAN celebra en cinco semanas en Turquía, y en la que no es descartable que Donald Trump vuelva a poner sobre la mesa la imposición de un plan de paz que en la práctica sea una rendición de Ucrania, como en noviembre pasado, o que reduzca todavía más el compromiso de su país en la defensa de Europa. De hecho, antes de que comenzara la reunión con Zelenski, Starmer, Merz y Macron mantuvieron un encuentro de una hora en el que una parte importante de la agenda fueron las relaciones trasatlánticas, la guerra de Irán y la construcción de un sistema de defensa europeo.
Zelenski confirmó indirectamente ese objetivo a su llegada a Londres, este domingo por la tarde, cuando declaró que la cumbre iba a centrarse en "la guerra, una mayor cooperación para reforzar la defensa aérea en toda Europa, y nuestra común perspectiva de las perspectivas diplomáticas".
La cuestión es que, por primera vez desde que comenzó la invasión rusa en febrero de 2022, Ucrania está reduciendo su dependencia de las armas de sus aliados, especialmente en lo que se refiere a drones y misiles. Kiev ha alcanzado la autosuficiencia en esos dos sistemas de armas y eso le está permitiendo utilizarlos sin las restricciones que europeos y estadounidenses imponían a su uso.
Ucrania está destruyendo sistemáticamente la retaguardia rusa, y ha incrementado de manera espectacular las bajas de Moscú en primera línea. Entretanto, Rusia no está siendo capaz de aprovechar la subida del precio del petróleo causada por la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz debido a los ataques con misiles de Ucrania.
Todo eso hace que Ucrania se haya convertido, paradójicamente, en una potencia militar cuya amistad interesa a Londres, Berlín, y París. Esas tres capitales quieren reforzar la cooperación militar con Kiev para que sus fuerzas armadas desarrollen las tecnologías que Ucrania posee. Incluso los militares estadounidenses están presionando a la Casa Blanca para que establezca canales de cooperación con Kiev, pese a la manifiesta antipatía de Trump por Zelenski y su simpatía por Putin.
Pero Ucrania sigue dependiendo totalmente de la ayuda europea para mantener el funcionamiento de su Estado y de su defensa. Y la guerra de Irán le ha afectado negativamente. Estados Unidos ha gastado la mitad de sus misiles Patriot en el conflicto y, además, ha tenido que desplazar baterías a la región o entregárselas a sus aliados, Israel y los países del Golfo. El resultado es que Kiev, aunque ha mejorado su defensa aérea frente a los drones rusos de diseño iraní, cada vez está más indefensa frente a los ataques con misiles de Moscú. Ucrania está empleando misiles francoitalianos Iris-T, que son la versión europea del Patriot, pero la fabricación de esas armas avanza lentísima, y no da abasto para las salvas de cohetes rusos.
A eso se suman otros factores de riesgo que ayer fueron tratados en la reunión. Putin se ha aislado aún más, y sólo adopta decisiones con un reducidísimo número de asesores que ha nombrado por la lealtad que le inspiran, no por su eficacia, como revela el hecho de que entre ellos esté el ex jefe de su servicio de guardaespaldas. Eso plantea el riesgo de que el Kremlin, al ver cómo la guerra empieza a irle francamente mal, lleve a cabo una escalada bien horizontal -con más ataques de drones como el de la semana pasada contra Rumanía-, bien vertical -con la amenaza del uso de armas nucleares-. Así que el marco de la cumbre de hoy era paradójico: por un lado, ver cómo va una guerra que puede estallar fuera de control; por otro, preparar el día después, incluyendo el despliegue de fuerzas de paz.
Finalmente, está la cuestión económica. Hoy se esperaba el anuncio del E3 de nuevas sanciones contra Moscú. Pero la presión del precio del petróleo podría hacer que la UE flexibilizara el tope al precio del petróleo ruso impuesto en 2023, o que abriera la mano a las exportaciones de productos petrolíferos rusos siempre que estos llegaran a través de terceros países. No es una suposición teórica: el Reino Unido, supuestamente el país europeo occidental con mayores simpatías por Ucrania, ya lo ha hecho.
Entretanto, Kiev sigue buscando una solución diplomática. La semana pasada, Zelenski envió una carta a Putin proponiéndole un encuentro cara a cara y la apertura de negociaciones directas entre los dos países. El dictador ruso se limitó a volver a cuestionar la legitimidad de su adversario. Pero eso no llevó a Zelenski a abandonar sus propuestas de paz. El mes pasado, el presidente ucraniano invitó a su país al oligarca ruso Roman Abramovich, y le transmitió una propuesta de paz para Putin, según informaba este domingo el diario Financial Times. Abramovich es uno de los grandes oligarcas rusos con mejores relaciones en Occidente, hasta el punto de que fue dueño del equipo londinense Chelsea, del que tuvo que deshacerse en 2022, precisamente a raíz de la invasión de Ucrania por Putin. En la actualidad reside a caballo entre Rusia, Israel y Turquía.
