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Las campeonas de Kim Jong-un: Corea del Norte encuentra en el fútbol femenino a su mejor embajador
El éxito de estas agrupaciones se convierte en una nueva forma de poder blando Leer El éxito de estas agrupaciones se convierte en una nueva forma de poder blando Leer
La sonrisa de Kim Jong-un ocupa el centro de la fotografía. A ambos lados, formando un pasillo entre aplausos, vítores y brazos alzados, las futbolistas norcoreanas lo reciben como si acabaran de regresar de una guerra victoriosa. La imagen, publicada este martes por el periódico oficial Rodong Sinmun, muestra al líder supremo caminando entre las jugadoras del Naegohyang FC y de la selección juvenil femenina. La imagen tiene más carga política que deportiva. En una Corea del Norte que sigue completamente aislada, el fútbol femenino se ha convertido en uno de los pocos escenarios donde el régimen puede exhibir algún éxito ante el exterior.
Durante décadas, Pyongyang utilizó los misiles, los desfiles militares y el programa nuclear como principales herramientas para proyectar fuerza. Pero en los últimos años ha emergido otra forma de influencia mucho más amable: el poder blando que ofrecen sus futbolistas. Mientras el país sigue sometido a sanciones internacionales y mantiene cerradas la mayoría de sus puertas diplomáticas, los equipos femeninos norcoreanos acumulan títulos con una regularidad inusual.
La última demostración llegó hace unos pocos días. El Naegohyang, fundado en 2012 en Pyongyang, se proclamó campeón de la Liga de Campeones femenina de Asia tras derrotar por 1-0 al Tokyo Verdy japonés en la final disputada en Suwon, en Corea del Sur. Era la primera vez que un equipo norcoreano conquistaba el máximo torneo continental de clubes asiáticos.
Aquella victoria tuvo un simbolismo añadido. La expedición norcoreana, formada por 27 jugadoras, se convirtió en el primer equipo deportivo del Norte que visitaba Corea del Sur en ocho años. Una escena que contrastaba con la crispada realidad política actual.
Desde hace dos años, Kim ha abandonado oficialmente cualquier referencia a la reunificación coreana y ha redefinido a la vecina del Sur como un "Estado hostil". La Constitución norcoreana fue modificada para reflejar la doctrina de los "dos Estados enemigos", enterrando décadas de retórica sobre una eventual reunificación nacional. Mientras tanto, el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ha manifestado su intención de recuperar canales de diálogo con Pyongyang.
En ese contexto, el fútbol femenino se ha convertido en uno de los escasos espacios donde ambos países siguen coincidiendo. Los medios surcoreanos han destacado la paradoja. Mientras las relaciones diplomáticas atraviesan uno de sus peores momentos en décadas, miles de aficionados de Corea del Sur acudieron a los estadios para presenciar los partidos del equipo norcoreano. Las entradas se agotaron rápidamente y grupos civiles organizaron incluso actos de bienvenida para las visitantes.
Sin embargo, las futbolistas del Norte mantuvieron en todo momento la disciplina característica de cualquier delegación de su país. Llegaron desde China, evitaron declaraciones públicas y mostraron una actitud distante. Las imágenes difundidas posteriormente por los medios estatales celebraron la victoria, pero evitaron incluso mencionar que la competición se había disputado en territorio surcoreano.
A comienzos de este mismo mes, Corea del Norte conquistó también la Copa Asiática femenina sub-17, logrando un quinto título continental, más que ninguna otra selección. A ello se suma un historial impresionante en categorías inferiores, donde las norcoreanas han ganado múltiples Mundiales sub-17 y sub-20.
Detrás de estos triunfos existe una política deportiva de Estado. Diversos analistas recuerdan que el régimen empezó a invertir seriamente en el fútbol femenino a finales de la década de 1980. En un país donde los recursos son limitados y donde competir con las grandes potencias deportivas resulta difícil, el fútbol femenino se convirtió en una apuesta estratégica. Los observadores explican que el sistema norcoreano identifica talento desde edades tempranas, integra el deporte en escuelas especializadas y canaliza a las mejores jugadoras hacia centros de alto rendimiento vinculados al ejército.
El resultado es que una de las dictaduras más cerradas del planeta ha construido una de las estructuras más exitosas del fútbol femenino mundial. Para Kim, estas victorias sirven como propaganda y refuerzan el discurso oficial -como recogen esta semana los medios norcoreanos- sobre la "superioridad del sistema socialista norcoreano". Las recepciones multitudinarias organizadas estos días en Pyongyang, con calles abarrotadas de ciudadanos agitando banderas y flores, transmiten precisamente esa idea de orgullo nacional colectivo.
Mientras la diplomacia permanece congelada, las futbolistas norcoreanas han abierto un pequeño escaparate hacia el exterior. Estas victorias en el terreno de juego también sirven para ofrecer una imagen distinta de un país habitualmente asociado a ensayos nucleares, misiles balísticos y amenazas.
