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Economía

Inteligencia artificial en el aula dominicana: ¿oportunidad real o moda costosa?

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Este 25 de mayo, el Papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, su primera encíclica, dedicada íntegramente a la inteligencia artificial y la dignidad humana. Es un documento de 235 páginas firmado el 15 de mayo, día del 135 aniversario de Rerum Novarum, la encíclica con que León XIII respondió a los desafíos sociales de la Revolución Industrial. El paralelismo es deliberado. León XIV dice en el texto que quienes controlan la IA impondrán su propia visión moral, que el control de esta tecnología no puede quedar en manos de unos pocos, y que el riesgo de deshumanización hoy toma un rostro técnico. Compara el desarrollo de una IA sin ética con la Torre de Babel: una obra humana que excluye a Dios y reduce al otro a un medio.

No cito al Papa para hacer teología. Lo cito porque su encíclica expresa, desde la autoridad moral más global del mundo católico, exactamente lo que la Unesco lleva varios años articulando desde la evidencia técnica: que la inteligencia artificial en educación no es neutral, que su adopción sin criterio ético, pedagógico y regulatorio puede profundizar las desigualdades que dice resolver, y que la educación debe seguir siendo, en palabras de Stefania Giannini, subdirectora de Educación de la Unesco, un acto profundamente humano.

La Unesco aprobó en 2021 la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, adoptada unánimemente por sus 193 estados miembros, incluida República Dominicana. En 2024 publicó su Guía para el uso de IA generativa en educación, con una advertencia que merece repetirse: en muchos países, la implementación de aplicaciones de IA en las aulas no requiere validación previa, lo que podría tener consecuencias impredecibles. Añade que la pregunta no es solo cómo la IA cambiará la educación, sino cómo la educación puede moldear la recepción de la IA.

República Dominicana tiene ambos documentos. Los ha suscrito o recibido. Y sin embargo, cuando en octubre de 2025 el presidente Abinader firmó un memorando con Nvidia e imaginó escuelas donde cada estudiante aprende a su ritmo, el énfasis fue la tecnología, no la pedagogía. En marzo de 2026, el Minerd presentó la Estrategia Nacional de Educación Digital, que sí establece que la tecnología debe ser herramienta al servicio del aprendizaje y no un fin en sí mismo. Formulación correcta. Necesaria. Pero una estrategia es solo el primer paso.

Lo que sigue es donde el dinero hace la diferencia. Un dato de McKinsey coloca el problema en perspectiva: en América Latina, solo el 10% de la inversión en tecnología educativa llega a la educación escolar básica y secundaria. El promedio global es del 59%. El resto va a capacitación corporativa y educación continua, donde el retorno privado es más rápido y medible. Mientras tanto, el 79% de los estudiantes de sexto grado en la región no comprende textos básicos. La IA está creciendo como negocio en el lugar equivocado.

Desde la gestión directiva y la investigación sobre competencias digitales docentes, el patrón que veo repetirse es siempre el mismo: la plataforma llega antes que la formación, la formación llega antes que la evaluación del impacto, y la evaluación del impacto casi nunca llega. El resultado es infraestructura subutilizada, docentes que enfrentan herramientas que no dominan, y estudiantes que usan la IA para evitar pensar en lugar de usarla para pensar mejor. Eso no es falla de la tecnología. Es falla de la decisión de adoptarla sin arquitectura pedagógica.

República Dominicana tiene más de 80,000 docentes en ejercicio. El acuerdo con Nvidia prevé formar a más de mil profesionales en IA antes de 2026. Es una escala que no resuelve el problema; lo enmarca. La verdadera inversión está en la formación docente masiva, continua y verificable, en mecanismos que permitan evaluar si los aprendizajes mejoran con la IA o solo mejora la apariencia de modernidad, y en una regulación que exija a los proveedores de tecnología educativa evidencia de resultados antes de acceder al presupuesto público.

La IA puede ser una oportunidad real para la educación dominicana. Las condiciones para que lo sea están escritas, en distinto registro y con distinta autoridad, en la encíclica de León XIV y en los marcos de la Unesco: criterio ético antes que entusiasmo tecnológico, centralidad del docente antes que primacía de la plataforma, y métricas de aprendizaje antes que indicadores de adopción.

Lo que convierte la oportunidad en moda costosa es exactamente lo contrario. Y las modas costosas, en educación pública, las paga siempre el mismo: el estudiante que se queda atrás.

Fuentes: León XIV (2026). Magnifica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Ciudad del Vaticano: Santa Sede. Unesco (2024). Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación. París: Unesco. McKinsey & Company (2026). Tech and philanthropy: fueling learning in Latin America and the Caribbean. Minerd/CNE (2026). Estrategia Nacional de Educación Digital. Santo Domingo: Ministerio de Educación.

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