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Muere una pastelera de Nápoles que se quemó gran parte de la cara y el cuerpo con aceite hirviendo
Ha muerto por suicidio antes de afrontar un duro proceso de cirugía plástica reconstructiva. Leer Ha muerto por suicidio antes de afrontar un duro proceso de cirugía plástica reconstructiva. Leer
Maria Carmela D’Angelo, una pastelera de 58 años que había sufrido graves quemaduras por aceite hirviendo en su negocio debía afrontar un duro proceso de cirugía plástica reconstructiva. Sin embargo, acabó quitándose la vida al arrojarse al vacío desde el hospital donde estaba ingresada.
El pasado 21 de mayo, mientras trabajaba en el obrador de su negocio ’Le delizie di Maria', fue alcanzada por una llamarada provocada por aceite hirviendo. Su estado fue considerado gravísimo desde el primer momento, debido a profundas quemaduras en gran parte del cuerpo, por lo que fue trasladada en helicóptero al centro de grandes quemados del hospital Cardarelli de Nápoles.
Sin embargo, seis días después, los médicos retiraron el pronóstico reservado y decidieron su traslado al servicio de cirugía plástica reconstructiva. Allí debía enfrentarse a un largo y delicado proceso, con múltiples intervenciones, para recuperar la apariencia de su cuerpo y su rostro.
Precisamente el mismo día del traslado, Maria Carmela salió de la habitación para ir al baño, el único lugar donde no hay vigilancia constante por razones de privacidad. Allí tomó la decisión extrema de arrojarse desde el tercer piso. El hospital precisó que "los pacientes son atendidos con gran cuidado, también mediante evaluaciones psicológicas debido a los traumas sufridos. Permanecen monitorizados las 24 horas por el personal, tal y como ocurre en las unidades de cuidados intensivos".
Nadie podrá saber qué la llevó a quitarse la vida: quizá la perspectiva de un largo proceso de rehabilitación o el no reconocerse a sí misma. Sus vecinos la recuerdan como una mujer inteligente y práctica.
Última heredera de cuatro generaciones de mujeres pasteleras, había sabido innovar sin perder de vista la tradición transmitida por su abuela Maria. Conocida como la 'señora del cartoccio', había llevado más allá de las fronteras nacionales una antigua costumbre del sur de Italia: un cucurucho de dulces y galletas que la novia ofrecía a sus invitados, antecedente de los regalos de boda, y que gracias a ella volvió a ponerse de moda.
Junto a su hermano abrió hace 24 años la pastelería, dedicada a su abuela y a los dulces tradicionales del Cilento, y en 2017 amplió el negocio. El día del accidente, como cada día, estaba preparando dulces siguiendo su rutina habitual. Se encontraba junto a la freidora industrial cuando la llamarada la alcanzó y la desfiguró. Deja marido y dos hijos.
