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Por primera vez, China tiene más mayores de 65 años que niños
El Gobierno multiplica subsidios, ayudas al matrimonio y lanza nuevas políticas para fomentar la maternidad Leer El Gobierno multiplica subsidios, ayudas al matrimonio y lanza nuevas políticas para fomentar la maternidad Leer
Hubo un tiempo en que el Partido Comunista Chino convirtió la reproducción en asunto de Estado: multas, vigilancia vecinal, abortos forzados en algunos periodos y una política del hijo único presentada como condición necesaria para escapar de la pobreza. Ahora, medio siglo después de aquel experimento social sin precedentes, Pekín contempla el problema contrario: pocas cunas y demasiados ancianos.
Por primera vez desde que existen registros estadísticos, China, hogar de una sexta parte de la población mundial, tiene más mayores de 65 años que niños. Los últimos datos oficiales muestran que el 15,87% de una población de más de 1.400 millones de personas supera esa edad, frente al 15,25% de menores de 14 años.
La diferencia parece pequeña. Pero su simbolismo es enorme. Significa que la segunda economía del planeta ha cruzado una frontera demográfica que transforma pensiones, consumo, crecimiento económico y hasta la relación entre generaciones. Las nuevas cifras, recogidas por la Oficina Nacional de Estadística, salen de un pequeño muestreo realizado a finales del año pasado por funcionarios de los departamentos de planificación familiar.
La población china disminuyó por primera vez en 2022 y ha seguido menguando desde entonces. La tasa de natalidad, situada en 6,77 nacimientos por cada 1.000 habitantes, repuntó mínimamente en el último recuento, pero sigue muy lejos de los niveles históricos.
La última encuesta reveló además que la población en edad laboral está disminuyendo cada vez más: las personas de entre 15 y 59 años representan el 61,89% de la población total, frente al 67,33% de hace una década. El tamaño de las familias también cae en picado, con un promedio de los hogares de 2,52 personas frente a las 3,10 de hace 10 años.
El viejo contrato social chino que ha sujetado la estabilidad política del régimen empieza a resquebrajarse. China cuenta hoy con más de 220 millones de personas mayores de 65 años y las proyecciones apuntan a que hacia 2050 casi un tercio de la población pertenecerá a ese grupo.
Durante décadas, el llamado dividendo demográfico -millones de trabajadores jóvenes alimentando fábricas y exportaciones- fue una de las bases del ascenso chino. Ese motor pierde fuerza. La presión sobre el sistema de pensiones aumenta rápidamente. Algunos análisis estiman que el gasto público destinado a sostener fondos sociales seguirá creciendo mientras la base de cotizantes se reduce.
Pekín intenta ahora corregir con incentivos lo que antes reguló con prohibiciones. La política del hijo único terminó en 2015. Después llegaron dos hijos permitidos, luego tres. Más tarde aparecieron subsidios, ampliación de permisos parentales y ayudas locales.
El Gobierno de Xi Jinping está continuamente reformando sus políticas familiares con todo tipo de incentivos. Uno de los primeros de este año fue que todos los gastos médicos relacionados con el parto serían gratuitos y se reembolsarían todos los gastos prenatales. A lo que se añadía un programa nacional de subsidios para el cuidado infantil: 3.600 yuanes (alrededor de 450 euros) anuales por cada niño menor de tres años.
Este año también se presentó otra medida más viral en redes: por primera vez desde 1993, los condones y anticonceptivos están sujetos a un IVA del 13%. La subida del precio se incluyó en una ley que alcanzaba desde reducciones fiscales para el cuidado infantil hasta para los "servicios de introducción al matrimonio", lo que viene a ser potenciar con subvenciones a las tradicionales casamenteras que hoy trabajan en agencias matrimoniales más formales.
El Gobierno chino, dentro de una batería creciente de medidas para frenar el desplome demográfico, lanzó una nueva campaña nacional para certificar ciudades y empresas como "entornos amigables con la natalidad". Los funcionarios chinos han explicado que se busca reducir los costes asociados al parto, la crianza y la educación, además de mejorar la conciliación laboral, mientras se estudian reformas más profundas ante una tasa de fecundidad que habría caído hasta un hijo por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo.
Entre las últimas propuestas más llamativas figura desvincular la maternidad del matrimonio -permitiendo más derechos a mujeres solteras que quieran tener hijos-, una idea que desafiaría normas tradicionales en una sociedad conservadora. En el primer trimestre del año, las inscripciones para casarse cayeron un 6,2% interanual, hasta 1,69 millones de parejas, el nivel más bajo para ese periodo desde la pandemia.
