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Ciencia y Tecnología

El misterio de los bracitos del "T. Rex" tiene respuesta

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El Tyrannosaurus rex es famoso por dos cosas aparentemente contradictorias: fue uno de los depredadores más temibles que jamás pisó la Tierra y, al mismo tiempo, tenía unos brazos diminutos que parecen sacados de una broma evolutiva.

Ahora, un nuevo estudio liderado por investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge ofrece nueva evidencia a favor de una hipótesis largamente discutida: estos depredadores fueron dependiendo cada vez más de la fuerza de sus mandíbulas para capturar y someter a sus presas, mientras que las extremidades delanteras simplemente habrían ido perdiendo relevancia hasta reducirse progresivamente con el paso de la evolución.

Cinco linajes, una misma solución evolutiva

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B, analizó datos de 85 especies de terópodos –dinosaurios bípedos y en su mayoría carnívoros– y encontró evidencia de que el acortamiento de los brazos apareció de manera independiente en al menos cinco grupos distintos: tiranosaurios, abelisaurios, carcarodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios. 

Aunque pertenecían a ramas evolutivas diferentes y vivieron en épocas y regiones muy alejadas entre sí, todos evolucionaron hacia extremidades delanteras notablemente reducidas, aunque mediante procesos anatómicos distintos.

"El Carnotaurus tenía unos brazos ridículamente pequeños, incluso más que los del T. rex", señala Charlie Scherer, autor principal y estudiante de doctorado en la UCL.

Cinco grupos de terópodos evolucionaron de forma independiente hacia extremidades delanteras diminutas.
Cinco grupos de terópodos evolucionaron de forma independiente hacia extremidades delanteras diminutas.Imagen: Chase Stone/REUTERS

Mandíbulas letales, brazos diminutos

El análisis encontró que los dinosaurios con cráneos más resistentes y mandíbulas más potentes tendían también a desarrollar brazos más pequeños. Para analizar esta relación, los investigadores diseñaron un método capaz de evaluar la robustez del cráneo utilizando distintos factores anatómicos, entre ellos la forma de la cabeza, la resistencia de las uniones óseas y la fuerza estimada de la mordida.

Según el estudio, el T. rex obtuvo la puntuación más alta, seguido del Tyrannotitan, un terópodo de tamaño similar que vivió en la actual Argentina más de 30 millones de años antes.

Esta correlación se mantuvo independientemente del tamaño corporal. El Majungasaurus, depredador de Madagascar de hace 70 millones de años, pesaba apenas 1,6 toneladas –una quinta parte del T. rex– y presentaba el mismo patrón de cabeza robusta y brazos diminutos.

¿Qué llevó a estos animales a apostar casi todo por las mandíbulas? 

La respuesta, según los investigadores, probablemente esté en el tamaño de sus presas. En los mismos ecosistemas donde aparecieron estos grandes depredadores también vivían saurópodos gigantescos, herbívoros de cuello largo que alcanzaron dimensiones descomunales. Enfrentarse a animales de ese tamaño habría favorecido el uso de mandíbulas capaces de morder y sujetar con enorme fuerza, mientras las garras delanteras iban perdiendo utilidad como herramienta principal de caza.

"Intentar tirar y agarrar a un saurópodo de 30 metros con las garras no es lo ideal. Atacar con las mandíbulas podría haber sido más eficaz", explica Scherer.

El "Majungasaurus" de Madagascar presentó el mismo patrón de cabeza robusta y brazos pequeños que el "T. rex".
El "Majungasaurus" de Madagascar presentó el mismo patrón de cabeza robusta y brazos pequeños que el "T. rex".Imagen: Dreamstime/IMAGO

Una posible explicación es que mantener al mismo tiempo una cabeza enorme y unas extremidades delanteras podría haber implicado un elevado coste energético. "Es un caso clásico de úsalo o piérdelo", resume el investigador. Con el tiempo, "la cabeza sustituyó a los brazos como método de ataque".

No todos los terópodos siguieron el mismo camino

Claro que no todos los grandes terópodos siguieron esa ruta evolutiva. Los espinosaurios y los megaraptoranos conservaron brazos largos y relativamente desarrollados, combinados con cráneos más estrechos. Y aunque los brazos del T. rex parezcan absurdos vistos desde hoy, probablemente no eran completamente inútiles: algunas estimaciones previas sugieren que aún podían levantar más de 100 kilogramos, por lo que es posible que siguieran cumpliendo funciones secundarias.

 

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