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La guerra de Ucrania salpica de nuevo a Moscú con el mayor ataque con drones en la capital en más de un año

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Al menos tres muertos y quince heridos, en una nueva señal de que la guerra ya no se libra sólo en el frente, sino también sobre las grandes ciudades rusas Leer Al menos tres muertos y quince heridos, en una nueva señal de que la guerra ya no se libra sólo en el frente, sino también sobre las grandes ciudades rusas Leer   

El mayor ataque ucraniano contra Moscú en más de un año dejó en la noche del sábado al domingo al menos tres muertos y quince heridos, en una nueva señal de que la guerra ya no se libra sólo en el frente, sino también sobre las grandes ciudades rusas. Más de 80 drones fueron interceptados alrededor de la capital, según las autoridades rusas, mientras el Ministerio de Defensa aseguró haber derribado 556 aparatos sobre catorce regiones del país, en la ocupada península de Crimea y los mares Negro y Azov.

Según informó Efe desde Moscú, una mujer murió en Jimki, ciudad satélite de la capital, después de que un dron impactó contra una vivienda. Otras dos personas fallecieron en Pogorelki, en la región del suburbio de Mitischi, tras caer restos de un aparato sobre una casa en construcción. El gobernador de la región de Moscú, Andrei Vorobiov, confirmó además daños en viviendas y edificios de Krasnogorsk e Istra. El alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, habló de doce heridos, la mayoría trabajadores de la refinería moscovita alcanzada en las inmediaciones.

Efe aseguró haber visto durante la madrugada al menos dos drones ucranianos Liuti, de largo alcance, cerca del aeropuerto de Domodedovo. Entre las cuatro y las seis de la mañana se escucharon más de veinte explosiones en los alrededores del aeródromo. Los cuatro aeropuertos internacionales de Moscú suspendieron temporalmente sus operaciones, una situación a la que los moscovitas están bastante acostumbrados desde después de que empezase la invasión de Ucrania.

Medios rusos describen el ataque como el más intenso del año sobre la capital. Para Ucrania es parte de la campaña para trasladar la guerra al interior de Rusia y erosionar la sensación de normalidad que el Kremlin intenta mantener en Moscú. En Kiev sostienen desde hace meses que Rusia no puede bombardear ciudades ucranianas cada noche sin que la población rusa perciba también el coste de la guerra, pero la población rusa vive en una situación de control máximo ahora mismo, sin posibilidad de criticar la guerra o simplemente informar de los impactos de drones. Las autoridades de Moscú están introduciendo estos días una nueva prohibición para publicar información sobre las consecuencias de los ataques con drones en la capital, especificando que se aplica prácticamente a todo el mundo.

Según un comunicado emitido esta semana por la alcaldía de la ciudad, las restricciones prohíben a los residentes, organizaciones, medios de comunicación, servicios de emergencia y agencias gubernamentales publicar "textos, fotos y vídeos" sobre este tipo de ataques. Las únicas autoridades autorizadas a hacerlo son el Ministerio de Defensa de Rusia y los canales de información dirigidos por el alcalde.

El ataque llega apenas una semana después del desfile del 9 de mayo. Moscú vivió aquellos días bajo una mezcla de tensión y paranoia: cortes de internet móvil, restricciones aéreas, amenazas veladas de ataques ucranianos y un desfile mucho más reducido que otros años, sin apenas blindados pesados y emitido parcialmente en diferido por razones de seguridad. El Kremlin logró celebrar el Día de la Victoria sin incidentes graves gracias a una tregua parcial y a un despliegue extraordinario de defensas antiaéreas. Mientras Vladimir Putin sacaba pecho por la gloria soviética, el episodio dejó una impresión agridulce: Kiev puede ser contenida, pero incluso el principal ritual político y militar de Putin depende ya de que los drones ucranianos no atraviesen las defensas rusas.

La presión sobre Moscú coincide además con un momento complicado para Rusia en el campo de batalla. Aunque el Ejército ruso mantiene la iniciativa en varios sectores del frente, Ucrania ha conseguido aumentar el coste de la ofensiva mediante ataques de largo alcance contra refinerías, infraestructuras energéticas y centros logísticos dentro de Rusia. Analistas occidentales y ucranianos apuntan que Kiev intenta convertir la guerra de desgaste en una guerra también psicológica, dirigida contra la retaguardia rusa y la percepción de seguridad de la población.

Durante años, Moscú vivió la guerra como un espectáculo televisado y lejano. Ahora los drones aparecen cada vez con más frecuencia sobre barrios residenciales, aeropuertos y zonas industriales. El patrón emula la evolución de la guerra aérea sobre Ucrania: ataques casi diarios, interrupciones del tráfico aéreo y una ciudadanía acostumbrándose poco a poco al sonido de las explosiones nocturnas. Pero la intensidad mortífera de los ataques rusos es radicalmente mayor: Moscú tiene en su mirilla las vidas de los civiles, su calefacción y su estado de ánimo.

El Kremlin intenta evitar cualquier imagen de vulnerabilidad. Pero el hecho de que Moscú haya tenido que blindarse para el 9 de mayo y que apenas una semana después sufra el mayor ataque de drones del año refleja hasta qué punto la guerra se acerca cada vez más al corazón político y simbólico de Rusia.

El primer sobresalto fue precisamente hace tres años, el 3 de mayo de 2023. Dos drones explotaron cerca de la cúpula del Palacio del Senado en el Kremlin, donde está el despacho de Vladimir Putin. En julio de ese año Moscú fue atacada por tres drones. Uno fue derribado cuando se aproximaba a la ciudad, y los otros dos dañaron dos torres del edificio Moscow City, en el centro financiero de la capital, un ataque repetido 48 horas después. Los ataques se han repetido desde entonces y el pasado 16 de marzo, el ayuntamiento confirmó que la ciudad había estado bajo ataque durante tres días consecutivos.

 

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