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Perú al rojo vivo, con ventaja mínima para el izquierdista Sánchez un mes después de las elecciones

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Con el escrutinio al 99,56%, dos candidatos en las antípodas políticas luchan voto a voto por acompañar a Keiko Fujimori (17,17%) a la segunda vuelta del 7 de junio Leer Con el escrutinio al 99,56%, dos candidatos en las antípodas políticas luchan voto a voto por acompañar a Keiko Fujimori (17,17%) a la segunda vuelta del 7 de junio Leer   

Lo nunca visto. Aunque el desenlace parece inminente, transcurrido un mes desde que se abrieran las urnas de la primera vuelta presidencial en Perú, todavía no hay resultados definitivos. Con el escrutinio al 99,56%, dos candidatos en las antípodas políticas luchan voto a voto por acompañar a Keiko Fujimori (17,17%) a la segunda vuelta del 7 de junio.

Se trata del izquierdista Roberto Sánchez (11,99%), heredero político del golpista Pedro Castillo y gran favorito, que ayer adelantaba por menos de 13.000 votos al trumpista Rafael López Aliaga, exalcalde ultra de Lima (11,91%), apenas un 0,08% de ventaja cuando cuando sólo faltaban por contar 406 actas electorales. La mayoría de estos votos son de fuera de Lima, donde Sánchez es más fuerte, frente al liderazgo capitalino del abanderado de Renovación Popular.

En definitiva, un escenario al rojo vivo para la novela política de intriga en el país de los récords, que durante este mes ha escrito una página tras otra con denuncias de fraude sin demostrar y con la persecución contra el antiguo jefe del ente electoral, Piero Corvetto, máximo responsable de los errores de bulto cometidos durante la jornada electoral del 12 de abril.

Si un país está diplomado en inestabilidad política, ese es Perú, que en dos legislaturas ha contado ocho presidentes distintos, seis de ellos destituidos por el Parlamento. Varios de ellos llaman a la puerta del penal de Barbadillo, que cuenta con sólo cuatro presos: los exmandatarios Castillo, el moderado Alejandro Toledo, el izquierdista Ollanta Humala y el centrista Mario Vizcarra. Algo inédito a nivel mundial.

"No nos van a vencer", bramó Porky, apodo usado por los peruanos y por el propio López Aliaga, durante la tercera jornada de la Marcha por la Democracia, celebrada en la noche del sábado. "Hay una conspiración contra el Perú (para llevarle) a la órbita socialista y comunista. Nos quieren traer un odio y de lucha de clases", acusó el ex alcalde, que ha adelantado que no reconocerá el resultado final y que además ha exigido una auditoría internacional.

La estrategia del supuesto fraude, que comenzó semanas antes de las elecciones, asemeja a la ya usada en otros países, como la llevada a cabo en EEUU por Donald Trump, principal referente político de Porky.

"Mientras algunos venden miedo y desinformación, millones de peruanos siguen esperando oportunidades reales", respondió Roberto Sánchez, enfrascado ya en los preparativos de su campaña para el balotaje pese a lo disputado del recuento electoral. Pese a que la distancia entre ambos contendientes se ha apretado en las últimas horas, en el mentidero político de Lima se da por seguro que será el izquierdista quien se mida con Fujimori. "Nosotros somos demócratas, sabemos apelar al derecho a la protesta y movilización, pero siempre en condiciones de paz social", remarcó el candidato de Juntos por el Perú.

"Todo este mes ha sido monopolizado por la campaña del fraude de López Aliaga, fuerte en Lima, que ha generado mucho ruido. El ex alcalde ha amenazado al Jurado Nacional de Elecciones que organizará una marcha para la segunda vuelta como la de los Cuatro Suyos (en el 2000 resquebrajó la dictadura de Alberto Fujimori), pero los limeños no son de marchar. El segundo mitin de esta semana no ha convocado tanta gente como el jueves. Acá todo es un zafarrancho", resumió para EL MUNDO el escritor y analista Pedro Casusol.

En las encuestas adelantadas para la segunda vuelta electoral, todo apunta a un duelo muy igualado entre la hija del dictador y el aliado del expresidente Castillo, que ha visto cómo su solicitud de indulto era denegada en los últimos días. Keiko intentará así alcanzar la presidencia por cuarta vez, tras perder por diferencias mínimas ante Humala (2011), el moderado Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Castillo (2021). Como Lula da Silva en Brasil, que no obtuvo la presidencia hasta sumar tres derrotas consecutivas.

Y en esta ocasión lo hace dispuesta a romper el techo electoral que le suponía el antifujimorismo provocado por la dictadura de su padre, que murió en 2024 tras ser indultado por el gobierno de Dina Boluarte. Hasta su destitución por distintos escándalos, la vicepresidenta de Castillo se mantuvo en el poder gracias al apoyo de la fujimorista Fuerza Popular en el Congreso.

"Keiko y Sánchez aparecen empatados en las encuestas, pero nunca antes Fujimori tuvo tantas posibilidades de ganar. A Sánchez se le está criticando porque pareciera que no quiere ganar, no hace campaña y sólo acude a podcasts", precisó Casusol a este periódico.

Sánchez se ha movido entre constantes idas y venidas en los temas más polémicos, como la declaración de una Asamblea Nacional Constituyente (vieja aspiración de la izquierda peruana) o la presencia entre sus colaboradores del exmilitar Antauro Humala, hermano del expresidente y protagonista de una sangrienta rebelión militar.

Lo más paradójico es que Sánchez quiere como ministro al antiguo fiscal anticorrupción, José Domingo Pérez, el mismo que fracasó en su intento de condenar a Keiko, pero que la mantuvo en prisión preventiva durante año y medio. "Si se presenta la posibilidad de asumir otro cargo, seguramente la aceptaré", vaticinó el ex fiscal, favorito para convertirse en el ministro de Justicia de ganar Sánchez las elecciones.

 

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