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Economía

La facturación electrónica debe ser más humana

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República Dominicana se encuentra en proceso de una transformación digital sin precedentes en su sistema tributario. La implementación de la facturación electrónica, amparada en la Ley 32-23, no es solo un cambio de formato en el intercambio de facturas; ha de esperarse que sea un salto hacia la transparencia, la eficiencia y la reducción de costos operativos para las empresas y para el Gobierno.

Sin embargo, y debe quedar claro, a medida que nos acercamos al 15 de mayo, fecha en la que entra el último tramo, la meta se siente lejana y empinada para un sector vital: las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).

Las circunstancias y las exigencias de un contexto cada vez más exigente llaman a apoyar el proceso. Es innegable que la digitalización fiscal es la herramienta más poderosa para combatir la evasión, disminuir la burocracia y formalizar nuestra economía.

Las ventajas descritas por Impuestos Internos son reales: mayor agilidad en el cumplimiento, transparencia y disminución de costos. Otro objetivo es impulsar la formalización de la economía, aunque esto parece ser el punto más difícil de creer.

El Estado, con toda razón, busca ampliar su base recaudatoria logrando que más empresas operen bajo el sol de la formalidad.

En todo caso, por decirlo de algún modo, el gran reto de la facturación electrónica no es tecnológico, sino humano y estructural. Gran parte de nuestro tejido empresarial mipyme opera bajo modelos tradicionales, con estructuras que apenas logran cubrir sus costos operativos y, lo más preocupante, con un nivel de educación digital que dista mucho de lo que el sistema exige.

Para un microempresario que ha gestionado su negocio con papel y lápiz durante décadas, la migración a un ecosistema de facturas digitales y certificados electrónicos representa una barrera que genera más temor que entusiasmo. El acompañamiento es urgente y debe ser continuo durante mucho tiempo.

El vencimiento de los plazos es una realidad jurídica que no podemos ignorar. El Estado debe demostrar que su rol va más allá de ser un ente recaudador. Se necesita un acompañamiento real, palpable y constante. No basta con tutoriales en la web o seminarios masivos; se requiere de una tutoría técnica que entienda la precariedad de los recursos de estos empresarios. Las cosas deben “explicarse con cucharitas”.

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