Economía
Actores clave de RD para el crecimiento económico y reducción de la pobreza
Hay una verdad que es irrefutable: República Dominicana continúa consolidándose como uno de los destinos más atractivos para la inversión extranjera en América Latina. Hay que admitir que, en un entorno global marcado por la volatilidad y la incertidumbre, nuestro amado país ha logrado diferenciarse por su estabilidad macroeconómica, su capacidad de crecimiento sostenido y, sobre todo, por la confianza que transmite a quienes deciden invertir aquí.
Los resultados del trimestre enero-marzo 2026 son una muestra clara de esta realidad. Sectores clave como turismo, remesas y exportaciones han registrado desempeños sobresalientes, reafirmando su fortaleza como pilares económicos. El turismo, en particular, sigue siendo una de las principales fuentes de divisas y generación de empleo, con una recuperación que ya supera niveles históricos.
También tenemos las remesas, que reflejan el vínculo sólido entre la diáspora dominicana y el país, constituyendo un flujo constante de recursos que dinamiza el consumo interno. A esto se suman las exportaciones, que evidencian una economía cada vez más diversificada y competitiva. Podemos decir que vamos bien y que las perspectivas son halagüeñas.
En marzo, la economía dominicana creció un 5.1%, cifra que confirma no solo la resiliencia del país, sino también su capacidad de expandirse de manera consistente. Este crecimiento no es fruto del azar. Creo firmemente que es el resultado de políticas económicas responsables, de un sector privado activo, del que formo parte con orgullo, y de un entorno que, con sus retos, ha sabido mantener reglas relativamente claras para la actividad productiva.
Sin embargo, más allá de las cifras, el elemento más determinante para la inversión privada es la seguridad y la confianza. Confianza en que las reglas del juego se respeten, en que las inversiones estén protegidas y en que exista un marco institucional que, aunque perfectible, avance en la dirección correcta. República Dominicana ha entendido que el capital busca estabilidad, previsibilidad y respeto a la iniciativa privada. Si miramos nuestro entorno está claro que hemos dado pasos importantes.
Dentro de este ecosistema, hay un actor que muchas veces no recibe el reconocimiento que merece: el empresario. En la práctica, son quienes dinamizan la economía real. Son ellos quienes arriesgan capital, crean empresas, generan empleos y construyen oportunidades donde antes no existían. Más allá de los discursos, los empresarios son los verdaderos protagonistas en la reducción de la pobreza, reconociendo el rol que desempeña el Estado como garante de la certidumbre.
La relación es directa: donde se crea riqueza, se generan empleos; donde hay empleos, hay movilidad social; y donde hay movilidad social, la pobreza retrocede. No es un concepto teórico, es una realidad observable en todos los países que han logrado desarrollarse de manera sostenida.
En República Dominicana, esta dinámica es evidente. Debemos apostar al emprendimiento. Cada nueva empresa que abre, cada proyecto que se ejecuta, cada inversión que se materializa tiene un impacto multiplicador en la economía. Desde el pequeño comerciante hasta las grandes industrias, todos forman parte de una cadena productiva que impulsa el crecimiento nacional.
Uno de los sectores que mejor representa esta realidad es el de los hidrocarburos. Se trata de una industria que, además de su contribución al producto interno bruto (PIB), desempeña un papel fundamental en la recaudación fiscal del país. Es, sin lugar a duda, uno de los sectores que más aporta al fisco dominicano.
Por mi experiencia de tantos años, puedo asegurar que su importancia va mucho más allá de los impuestos. El sector de hidrocarburos es un generador constante de empleos, un impulsor de infraestructura y un facilitador clave para el funcionamiento de toda la economía. Desde el transporte hasta la industria, pasando por el comercio y los servicios, su impacto es transversal.
Esto me lleva a una reflexión necesaria: ¿está siendo este sector tratado en proporción a su aporte real a la economía? ¿Recibe el reconocimiento y las condiciones que debería, considerando su rol como motor de crecimiento económico?
La discusión no es menor. En muchas ocasiones, sectores altamente productivos, intensivos en inversión y generadores de empleo, enfrentan cargas y condiciones que no siempre reflejan su contribución al desarrollo nacional. Mientras tanto, actividades con menor impacto en la generación de riqueza pueden, en ciertos casos, beneficiarse de mayores facilidades o menor presión.
No se trata de establecer confrontaciones, eso jamás, sino de promover una visión equilibrada del desarrollo. Un país que aspira a crecer de manera sostenida debe cuidar, proteger e incentivar a sus sectores productivos clave. Debe entender que la creación de riqueza es la base sobre la cual se construye el bienestar social. Apostamos, igualmente, a la innovación.
El sector de hidrocarburos, con su capacidad de generar empleos, movilizar inversiones y aportar significativamente a las arcas del Estado, representa precisamente ese tipo de actividad que impulsa el progreso. Es un ejemplo claro de cómo la iniciativa privada, bien articulada, puede convertirse en un aliado estratégico del desarrollo nacional.
República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica. Cuenta con una economía dinámica, una ubicación geográfica privilegiada, un capital humano en crecimiento y un sector empresarial dispuesto a seguir invirtiendo y apostando por el país.
Si logramos fortalecer aún más la seguridad jurídica, garantizar reglas claras y reconocer el valor de quienes generan riqueza, el país no sólo mantendrá su ritmo de crecimiento, sino que dará un salto cualitativo en su posicionamiento regional. Tenemos el potencial para seguir escalando en la tabla de las economías más importantes de la región.
Nuestro país crece, atrae inversión y sigue consolidándose como uno de los destinos más competitivos de América Latina. El camino está trazado. La clave está en seguir construyendo confianza, en apoyar a quienes producen y en entender que el desarrollo sostenible se logra cuando el crecimiento económico se traduce en bienestar para todos. En esta dirección, el país avanza.
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