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Tenis, natación y su maravilloso purasangre: así es el verano del papa León XIV en su regreso al palacio de Castel Gandolfo 12 años después
El Pontífice rompe con la línea de Francisco y retoma la histórica tradición estival de los Papas en su residencia de mas de 55 hectáreas Leer El Pontífice rompe con la línea de Francisco y retoma la histórica tradición estival de los Papas en su residencia de mas de 55 hectáreas Leer
Su condición física ya se había visto el año pasado, en el Jubileo de los jóvenes en la explanada romana de Tor Vergata. Decenios de Papas marcados por la enfermedad, ancianos y frágiles o fatigados, siempre acompañados por un hilo de aprensión mientras avanzaban lentamente en las ceremonias públicas. Hasta que llega un Papa americano, baja del helicóptero, agarra el gran crucifijo de madera de la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) y sube sereno y seguro la escalinata del escenario, como si sostuviera un paraguas. También el sábado por la mañana, en la isla de Lampedusa, el único inconveniente fue el viento que le hizo volar el solideo y la vestidura que le impedía un poco los movimientos, pero por lo demás causaba impresión la seguridad con la que León XIV, solo, escaló las rocas de arenisca hasta alcanzar el punto más alto del acantilado y mirar al mar.
El hecho es que Prevost es un septuagenario el cual, visto de cerca, parece un sexagenario, pero un sexagenario en forma. Hay cardenales de su misma edad que parecen de otra generación. Se mantiene entrenado y tanto más tendrá la ocasión de hacerlo en las tres semanas de vacaciones en la residencia de Castel Gandolfo, en aquella "pequeña ciudad rodeada por la belleza de la creación", como la definía Benedicto XVI, que está a 20 kilómetros de Roma pero ofrece el aire más fresco de la zona de colinas de los Castelli Romani, a 400 metros de altitud y con el pequeño lago volcánico de Albano que deforma un óvalo entre el verde de las colinas Albanas.
Lo explicó él mismo, el domingo por la tarde, mientras saludaba a la gente en la plaza frente al Palacio Apostólico y resumía, por orden, sus propósitos estivales: "Estoy muy contento de estar aquí entre vosotros, de poder pasar las próximas semanas con un poco de descanso, un poco de oración, un poco de lectura y, esperemos, un poco de deporte".
Ya desde cardenal, Prevost iba con regularidad al gimnasio, y en su apartamento vaticano se hizo llevar algunos aparatos. En Castel Gandolfo, sobre todo, ama nadar y jugar al tenis. Ya el año pasado había hecho reacondicionar la pista de tenis (su rival, se dice, es el secretario peruano don Edgar Rimaycuna) y la piscina de 18 metros que Juan Pablo II hizo construir a principios de los años ochenta. Hubo polémicas, pero para el entonces joven pontífice (había sido elegido en 1978, con apenas 58 años) se trataba de invertir en la salud. Saverio Petrillo, en aquellos tiempos director de las Villas Pontificias, contó a 'L’Osservatore Romano' la respuesta irónica del Papa polaco a quien le criticaba por los gastos: "Un cónclave costaría mucho más". Se dice que se ha montado una cubierta opaca para que León XIV pueda nadar en santa paz sin arriesgarse, como le ocurrió a Wojtyla, a que alguien intente fotografiarlo en bañador.
Y luego está también Proton, un maravilloso purasangre árabe donado al Papa en octubre por un criador polaco: en los veinte años de misión en Perú, Prevost aprendió a cabalgar muy bien. El espacio, por lo demás, no falta. El complejo de las Villas Pontificias llega a 55 hectáreas, un espacio que supera en once hectáreas a la propia Ciudad del Vaticano. Ya el año pasado León se convirtió en beneficiario de dos semanas de vacaciones, pero en la Villa Barberini (uno de los palacetes que integran el complejo de Castel Gandolfo), que había sido la residencia de los secretarios de Estado. Desde entonces ha vuelto allí casi cada semana, los lunes por la tarde, para un día de descanso.
La novedad de este verano es el regreso al Palacio Pontificio, reacondicionado en junio. Durante doce años Francisco había elegido quedarse en el Vaticano porque no se tomaba nunca vacaciones y, desde 2016, para no dejar vacío el palacio, lo había abierto a los visitantes haciéndolo incluir en los recorridos turísticos de los Museos Vaticanos.
El primer Papa en residir allí fue Urbano VIII Barberini en mayo de 1626, justo hace cuatro siglos. Pero la zona siempre ha sido codiciada: en los terrenos pontificios de Castel Gandolfo se encuentran todavía los restos de la villa que mandó construir el emperador romano Domiciano a finales del siglo I. Al área alrededor del lago está ligado el mito del nacimiento de Alba Longa, la mítica "ciudad madre" de Roma que Ascanio, hijo de Eneas, fundó tras la destrucción de Troya y las peregrinaciones cantadas por Virgilio, como escribía el historiador griego Estrabón.
En 1870, el histórico asalto militar de Porta Pia y la consiguiente caída de los Estados Pontificios causó el abandono del palacio durante sesenta años. A comenzar por Pío XI, todos los Papas regresaron allí tras los Pactos de Letrán de 1929, los acuerdos con Italia que hicieron nacer el Estado del Vaticano, salvo Bergoglio. Ahora León reanuda la tradición: este mes recitará allí los Ángelus dominicales y dedicará a los fieles "algún otro momento". Vacaciones relativas, por lo demás: el trabajo cotidiano nunca falta y es también el período en el que se empiezan a preparar los discursos de los viajes otoñales; se esperan Francia y Sudamérica, entre Argentina, Perú y Uruguay.
