Ciencia y Tecnología
Un parásito que altera la cognición ha infectado silenciosamente a un tercio de la humanidad
Un parásito que la mayoría asocia solo con los gatos podría esconder una carga sanitaria mucho mayor de lo que se pensaba. Se trata del Toxoplasma gondii, causante de la toxoplasmosis, una infección que afecta, según distintas estimaciones, a alrededor de un tercio de la población mundial. Algunas evaluaciones anteriores situaban la cifra en unos 2.000 millones de personas.
Pese a esas cifras, la enfermedad apenas ocupa espacio en las agendas internacionales de salud pública. Y eso es precisamente lo que un grupo de investigadores quiere cambiar. Un equipo internacional liderado por la oftalmóloga Justine Smith, de la Universidad de Flinders, y el oftalmólogo João Furtado, de la Universidad de São Paulo, sostiene que ha llegado el momento de dejar de tratar la toxoplasmosis como un problema menor.
En un artículo de opinión publicado en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases, los científicos piden a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la reconozca oficialmente como una enfermedad tropical desatendida (ETD).
Y no es un gesto simbólico. Según los autores, esa etiqueta suele traducirse en financiación para investigación, campañas de prevención y programas de salud pública que hoy prácticamente no existen para una infección que, pese a su enorme extensión, apenas figura en las agendas sanitarias internacionales.
Cómo se transmite el parásito
El ser humano puede infectarse con el parásito al entrar en contacto con heces de gato infectadas, aunque también por el consumo de carne poco cocinada o de agua y alimentos contaminados. Una vez dentro del organismo, suele permanecer allí de por vida y, en la mayoría de los casos, sin provocar síntomas.
No obstante, esa aparente discreción tiene excepciones importantes. Si la infección se produce durante el embarazo, el parásito puede atravesar la placenta y causar abortos espontáneos o daños neurológicos y oculares permanentes en el feto. Según un estudio de 2013, recogido por Science Alert, cada año nacen cerca de 190.000 bebés con toxoplasmosis congénita.
Los problemas de visión, sin embargo, no se limitan a las infecciones congénitas. El parásito también puede afectar a la retina en personas que adquieren la infección más adelante y provocar una inflamación que, si progresa, deja secuelas permanentes. Esta manifestación de la enfermedad constituye además la infección intraocular más extendida en el mundo y representa una causa importante de pérdida de visión.
Un parásito que altera el comportamiento
Y aún hay una dimensión más inquietante. Aunque las pruebas siguen siendo objeto de debate, varios estudios apuntan a que una infección latente podría alterar de forma sutil el comportamiento y la personalidad, tanto en animales como en seres humanos, e incluso podría estar asociada a un mayor riesgo de trastornos como la esquizofrenia.
En los roedores, al menos, el fenómeno está bien documentado: el parásito reduce su miedo a los gatos y los vuelve más temerarios, una manipulación biológica tan eficaz como inquietante, lo que podría favorecer que el parásito complete su ciclo de transmisión.
Una carga desigual
El estudio subraya además que la carga de la enfermedad está lejos de repartirse de manera equitativa. Según reporta Gizmodo, en Estados Unidos se estima que alrededor del 10 % de la población ha contraído el parásito. En algunas zonas altamente endémicas de Brasil, en cambio, la prevalencia puede alcanzar al 80 % de las comunidades más pobres.
Esa desigualdad es, precisamente, uno de los principales argumentos de los investigadores. Para que una enfermedad sea clasificada por la OMS como tropical desatendida, debe afectar de forma desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. Y, según los autores, la toxoplasmosis cumple claramente ese criterio.
"La toxoplasmosis es una de las principales infecciones oculares y una causa importante de pérdida de visión en todo el mundo, pero recibe una atención limitada en las agendas de salud mundiales", sostiene la profesora Smith en un comunicado de la Universidad de Flinders.
Furtado, por su parte, sostiene que la enfermedad sigue siendo una gran incomprendida: "A menudo se considera que la toxoplasmosis es inevitable, pero sus vías de transmisión están bien caracterizadas y puede prevenirse y controlarse".
Los requisitos de la OMS
Para que la OMS declare una enfermedad tropical desatendida, esta debe concentrarse en zonas de pobreza, estar muy extendida en regiones tropicales y subtropicales, ser prevenible y controlable, y encontrarse actualmente desatendida en investigación y políticas públicas.
Según los autores del artículo, la toxoplasmosis satisface los cuatro puntos, y sin embargo hoy recibe menos financiación que otras enfermedades con un impacto comparable o incluso menor. Por ahora, no existe vacuna ni ningún tratamiento capaz de erradicar por completo el parásito, y los medicamentos disponibles solo permiten controlar los brotes de la enfermedad.
Furtado es enfático en que el objetivo no es generar alarma ni señalar a los gatos como enemigos. "Las medidas sencillas son importantes: cocinar bien la carne, lavar las frutas y verduras, lavarse las manos después de manipular carne cruda, tierra o arena para gatos, evitar beber agua no potable y tener especial cuidado durante el embarazo", explicó a Gizmodo.
Del mismo modo, Furtado advirtió que la responsabilidad no puede recaer solo en los individuos: la seguridad alimentaria, el acceso al agua potable, el saneamiento y la atención prenatal son, en última instancia, responsabilidades colectivas.
El reconocimiento de la toxoplasmosis como enfermedad tropical desatendida, concluyen los investigadores, podría cambiar ese panorama. La etiqueta abriría la puerta a incorporar medidas preventivas a la atención prenatal y a los servicios básicos de salud. Además, podría favorecer la financiación de vacunas, diagnósticos y tratamientos que, por ahora, siguen siendo una asignatura pendiente.
