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Pakistán vuelve a cruzar el umbral de la guerra contra Afganistán
Una nueva ofensiva paquistaní deja decenas de muertos en el país gobernado por los talibán Leer Una nueva ofensiva paquistaní deja decenas de muertos en el país gobernado por los talibán Leer
La guerra que nunca termina en la frontera entre Pakistán y Afganistán ha vuelto a intensificarse. El domingo, aviones de combate paquistaníes bombardearon varias zonas de las provincias afganas de Paktia, Paktika y Kunar mientras tropas terrestres cruzaban distintos puntos de la frontera. Kabul ha denunciado un "acto cobarde" y un "crimen" contra la población civil. Islamabad respondió que la operación iba dirigida exclusivamente contra escondites de grupos terroristas responsables de recientes atentados en suelo paquistaní. Una vez más, ambos vecinos ofrecieron versiones irreconciliables del mismo conflicto.
Según las autoridades talibán, decenas de personas habrían muerto en los bombardeos, entre ellas numerosos civiles. Los daños se concentraron especialmente en la aldea de Mandikhel, en la provincia de Paktika, donde varias viviendas quedaron reducidas a escombros. El Ministerio de Información de Pakistán sostuvo, por el contrario, que la ofensiva acabó con la vida de 29 militantes y que respondía a una cadena de ataques terroristas contra fuerzas de seguridad y población civil paquistaní.
Los ataques se produjeron apenas un día después de un atentado suicida contra el cuartel general de los Rangers de Sindh en Karachi, en el que murieron tres integrantes de esta fuerza paramilitar paquistaní. La acción fue reivindicada por Jamaat-ul-Ahrar, una escisión del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), la organización insurgente que desde hace más de una década libra una sangrienta campaña contra el Estado paquistaní.
Ese grupo constituye hoy el principal punto de fricción entre Islamabad y el régimen talibán de Kabul. Pakistán sostiene que miles de combatientes del TTP operan desde refugios situados en territorio afgano y cruzan regularmente la frontera para cometer atentados antes de regresar al otro lado. Los talibán afganos niegan sistemáticamente estas acusaciones y aseguran que no permiten utilizar Afganistán como plataforma para atacar a ningún país vecino. Sin embargo, el aumento de atentados en Pakistán desde que los talibán recuperaron el poder en Kabul en agosto de 2021 ha reforzado la convicción de las autoridades paquistaníes de que el problema se encuentra al otro lado de la frontera.
Pakistán vive una de sus peores olas de violencia en años, especialmente en las provincias de Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán. Cada nuevo atentado suele desembocar en bombardeos sobre territorio afgano, mientras Kabul responde denunciando ataques indiscriminados contra civiles.
La tensión se disparó de nuevo en octubre de 2025 tras varios enfrentamientos armados que dejaron decenas de muertos y provocaron el cierre de la mayor parte de los pasos fronterizos. Después de semanas de mediación regional, ambas partes alcanzaron un alto el fuego que apenas sobrevivió unos meses. La tregua saltó por los aires el pasado 26 de febrero, cuando fuerzas afganas respondieron a nuevos ataques aéreos paquistaníes contra supuestas posiciones del TTP. Entonces, responsables militares de Islamabad llegaron a advertir de que ambos países se encontraban al borde de una "guerra abierta".
Desde entonces, bombardeos, intercambios de artillería y escaramuzas se han repetido a lo largo de los más de 2.600 kilómetros de frontera compartida: la Línea Durand. Trazada por el Imperio británico en 1893 para separar Afganistán de la entonces India británica, esta frontera divide en dos el territorio histórico de la etnia pastún, la mayor comunidad tanto en Afganistán como en el noroeste de Pakistán.
Islamabad considera la Línea Durand una frontera internacional plenamente reconocida. Kabul nunca la ha aceptado oficialmente. Ningún Gobierno afgano, ni las antiguas repúblicas ni el actual Emirato Islámico, ha reconocido de manera formal esa delimitación.
La construcción por parte de Pakistán de una valla de cientos de kilómetros para controlar el paso fronterizo ha alimentado aún más las tensiones. Los talibán han destruido en varias ocasiones tramos del vallado alegando que se levanta sobre territorio afgano, mientras Pakistán insiste en que se trata de una infraestructura imprescindible para frenar la infiltración de grupos armados.
