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El primer ministro europeísta Pashinián gana las elecciones parlamentarias armenias, según los sondeos a pie de urna
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Los armenios debían elegir entre la oposición prorrusa y el primer ministro Nikol Pashinián, que está más alineado con Occidente y ambiciona a cerrar el capítulo de la guerra con Azerbaiyán, consolidar el giro del país hacia Europa y alejarlo de su alianza tradicional con Rusia. Según una encuesta a pie de urna difundida por 'Civic.am,' un medio próximo al partido gobernante Contrato Civil, el primer ministro Pashinián obtendría una amplia victoria con el 56%. Hasta ahora, Pashinián ha gobernado con una mayoría muy cómoda: en las elecciones parlamentarias anticipadas de 2021, el partido Contrato Civil obtuvo el 53% de los votos, logrando 71 escaños en un Parlamento de 107.
La victoria de Pashinián le da el mandato que necesitaba para intentar su objetivo más ambicioso y más peligroso: cerrar un acuerdo de paz con Azerbaiyán y abrir, en paralelo, una normalización real con Turquía. Para Armenia supone revisar treinta años de política exterior, de memoria nacional y de seguridad tejidas alrededor del conflicto de Karabaj, la hostilidad con Bakú y la frontera cerrada con Ankara.
La participación fue la más alta de la historia de Armenia, un 58,97% del electorado, casi diez puntos más que en 2021 (el 49,4%).
El listón básico para Pashinián es conservar la mayoría absoluta, para poder redefinir la posición de su país ante la eterna guerra de Karabaj, el persistente pasado ruso y el escurridizo futuro europeo. Anoche Pashinian parecía conservar la mayoría absoluta para gobernar en solitario. Si no la lograse, la alianza más natural para Pashinian sería con fuerzas pequeñas proeuropeas o reformistas: República, En nombre de la República o sectores liberales cercanos al viejo campo reformista. El problema es que varias han estado toda la campaña por debajo del umbral mínimo para entrar en el Parlamento.
Pashinián llevaba meses defendiendo que Armenia debía dejar de vivir como una fortaleza sitiada y aceptar las fronteras internacionalmente reconocidas como punto de partida de una nueva etapa. Su idea de la "Armenia real" implica renunciar a los mapas históricos como programa político y concentrarse en la supervivencia del Estado armenio tal como existe hoy: pequeño, rodeado de vecinos difíciles, sin salida al mar y demasiado dependiente de Rusia.
La victoria le permitirá presentar esa apuesta no como una cesión personal ni como una capitulación tras la derrota de Karabaj, sino como una decisión refrendada por las urnas. Pashinian ha ganado defendiendo una Armenia no tan prisionera de sus guerras y de sus protectores. Ahora tendrá que demostrar que esa idea puede convertirse en seguridad, prosperidad y estabilidad, y no sólo en una consigna electoral. En el electorado hay un fuerte escepticismo respecto a sus posibilidades de lograr un acuerdo digno, aunque la desconfianza se extiende a toda la clase política.
El principal rival de Pashinián, Samvel Karapetyan, un multimillonario ruso-armenio que amasó gran parte de su fortuna en Rusia, se ha visto obligado a hacer campaña desde su arresto domiciliario en su mansión a las afueras de Ereván. Una victoria de Karapetyan podría haber empujado a Armenia por un camino similar al de la vecina Georgia, donde un multimillonario con una fortuna amasada en Rusia ha pasado años desmantelando las reformas prooccidentales y acercando al país nuevamente a Moscú, aunque sin conseguir librarse de la amenaza rusa.
Durante años, el Kremlin fue el intermediario casi obligatorio entre Armenia y sus enemigos. Si Ereván firma la paz con Bakú y empieza a hablar en serio con Ankara, Rusia deja de ser árbitro indispensable a pesar de haber interferido en la campaña con sanciones, propaganda y amenazas.
"No veo ninguna tensión en las relaciones con Rusia; se trata de una tensión artificial. Las relaciones con Rusia tienen profundidad institucional y se basan en el respeto mutuo", señaló Pashinián a las 10 de la mañana, tras depositar su voto en la guardería 143, al sur. De la ciudad. Afirmó que la UE es el principal socio de Armenia y que el país continuará las reformas en línea con los estándares europeos.
En el colegio electoral de la calle Amiryan, en el centro de Ereván, un goteo de familias acudía a votar. "Tenemos que cambiar el rumbo, mejorar nuestras relaciones con Rusia y defender nuestra identidad territorial", explicaba a este periódico Serguei, que trabaja en Ereván, tras depositar su voto. Su gran motivación es el llorado Karabaj: "Ese territorio debe volver como sea, sea mediante la guerra o la negociación, tarde 10 años o 30″. Karl, jubilado, no parecía tan contrario al gobierno, pero siempre admitiendo que Karabaj "no debería haberse perdido, claro que Rusia no nos ayudó".
PAZ COMO FÓRMULA
Pashinián, antiguo periodista y dirigente surgido de la Revolución de Terciopelo de 2018, ha convertido estas elecciones en algo más que una renovación de poder. Su campaña ha girado alrededor de una promesa políticamente arriesgada: sacar a Armenia del estado de excepción permanente en el que vive desde hace tres décadas y transformar la derrota de Karabaj en el punto de partida de una nueva estrategia nacional.
La promesa de paz tiene una vertiente económica y otra existencial. Económica, porque Armenia es un país pequeño, sin salida al mar, con fronteras bloqueadas y demasiadas rutas condicionadas por Moscú. La apertura hacia Azerbaiyán y Turquía podría desbloquear comercio, transporte, inversiones y conexiones regionales que durante años han estado cerradas por la guerra. Y es existencial, porque Pashinian intenta convencer a los armenios de que la seguridad no pasa ya por mantener todos los conflictos abiertos, sino por reducirlos. Para sus adversarios, eso equivale a capitular ante los enemigos históricos.
En Armenia la política exterior no es una asignatura fácil en la que se pueda lograr consensos. Turquía está al oeste, Azerbaiyán al este, Irán al sur y Georgia al norte. Armenia no tiene salida al mar y durante décadas ha vivido con dos fronteras cerradas. El monte Ararat, símbolo nacional armenio, no está en Armenia sino en Turquía. Se ve desde Ereván en los días claros. Pero, igual que la armonía en las fronteras, es inalcanzable.
