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Economía

Contra la espada y la informalidad: jóvenes frente al mercado laboral

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Cuando llega la adultez se presenta una decisión que puede determinar el curso del resto de tu vida: seguir estudiando o empezar a trabajar, aunque para muchos no existe esa elección. Si se decide empezar a trabajar se interrumpen los estudios o se ralentiza la formación. Sin embargo, cuando se busca trabajo aparecen las trabas. La mayoría de los empleos disponibles no tienen la calidad necesaria y los que sí solicitan años de experiencia.

Un discurso muy escuchado es el aumento de los empleos y de la cantidad de personas insertadas en el mercado laboral, todo esto como prueba de los avances en este sector. Sin embargo, considerando que el 82% de las inserciones durante el primer trimestre de este año fueron en empleos informales, de acuerdo con cifras del Banco Central, parece que más que avanzar, la situación sigue estancada.

Y todo esto sucede en un mundo cada vez más volátil, donde continuamos sufriendo las consecuencias del covid-19, que ha aumentado las brechas en el mercado laboral, con despidos y ha generado una creciente dependencia de las máquinas y la inteligencia artificial. Estas funcionan tanto como herramientas indispensables para acceder a ciertos empleos como sustitutos de algunos trabajadores. En medio de este panorama, la informalidad parece la salida más fácil, pues la formalidad trae consigo una carga impositiva y una rigidez legal asfixiantes, logrando así que, para quien comienza en el mercado laboral, parezca más atractivo incorporarse a la economía informal.

Aun así, la informalidad tiene más desventajas: el costo real es la falta de seguridad social, ingresos inestables y la ausencia de un plan de jubilación que, aunque no es muy esperanzador, resulta ser un poco de alivio.

Esta situación se agrava cuando se observa que los grupos más vulnerables, como las personas con una educación hasta secundaria y las mujeres, son los más propensos a permanecer en el sector informal y en condiciones precarias, debido a las barreras de acceso al empleo formal.

Todo esto refleja que la informalidad es resultado del estancamiento de un sistema que cada vez exige más requisitos, pero se rehúsa a actualizar sus condiciones. ¿Qué tanto puede avanzar un país donde la mayoría de sus trabajadores viven en condiciones inciertas y sus jóvenes son frenados sin siquiera poder intentarlo?

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