EEUU
Por qué el mecanismo que permitía a los humedales sobrevivir a los huracanes podría estar dejando de funcionar

El retroceso acelerado de los humedales mareales en Estados Unidos, impulsado cada vez más por fenómenos meteorológicos extremos, fue confirmado por un estudio reportado por el portal especializado Phys.org. El trabajo, liderado por Xiucheng Yang, investigador en la Universidad de Victoria, y Zhe Zhu, profesor asociado y director del Laboratorio de Teledetección Ambiental Global (GERS) en la Universidad de Connecticut, usó 40 años de datos satelitales para vincular estas pérdidas a la creciente intensidad y frecuencia de tormentas, lo que contradice el diagnóstico tradicional que responsabilizaba principalmente al incremento del nivel del mar.
Según ese análisis, publicado en la revista científica Nature Communications, desde 1985 Estados Unidos ha perdido más del 7,5% —es decir, 1.600 km² — de sus humedales mareales, en tanto que el ritmo de esta desaparición se incrementa alrededor de 0,73 km² por año. Zhe Zhu aclaró: “La pérdida total de área aún está dominada por el aumento del nivel del mar. Pero, si se analiza la aceleración de este fenómeno, en realidad está dominada por eventos meteorológicos extremos, que contribuyen en un 40% más que los factores crónicos”.
Estos ecosistemas —que incluyen humedales de marisma, bosques de manglar y llanuras de marea— cumplen funciones que van más allá de su extensión geográfica: sostienen biodiversidad, actúan como barreras naturales contra inundaciones y marejadas, secuestran carbono y mejoran la calidad del agua. Su pérdida acelerada, por tanto, no es solo un fenómeno ambiental sino una erosión de servicios ecosistémicos que protegen comunidades costeras.

Primera atribución directa a tormentas específicas
La investigación constituye la primera ocasión en que se logra atribuir la desaparición de humedales mareales a tormentas concretas, separando los efectos abruptos de las catástrofes meteorológicas de los cambios graduales asociados al ascenso del nivel del mar. El reto metodológico no era menor: estos ecosistemas presentan una dificultad de estudio singular, ya que el paisaje costero cambia con las mareas. Para compensar esa influencia, los investigadores desarrollaron un modelo de series temporales denominado DECODE (Detección y Caracterización de Humedales Costeros Mareales), con capacidad para correlacionar eventos históricos con la reducción de estos ecosistemas más allá de lo que permitían los algoritmos empleados previamente.
Ante la ausencia de mapas exhaustivos de causas, recurrieron a una cartografía de pérdida frecuente de humedales mareales, sobre la cual generaron muestras aleatorias y evaluaron manualmente los principales impulsores de la desaparición analizando información histórica, de acuerdo con Zhu.
Golfo y Pacífico: patrones opuestos
El patrón de pérdida no es homogéneo en todo el país. La costa del Golfo encabeza la destrucción de humedales mareales, debido a la confluencia de un rápido aumento relativo del nivel del mar y la intensificación de eventos meteorológicos extremos en esa región.

En contraste, en la bahía de San Francisco la extensión de los humedales mareales está experimentando un crecimiento. Este fenómeno se atribuye tanto a los programas vigentes de restauración y protección, como a la ausencia natural de huracanes en la zona.
El estudio también destacó la expansión de los bosques de manglar, un tipo de humedal especializado para tolerar el ascenso marino y tormentas. Estos ecosistemas están reemplazando los humedales de marisma en partes de Florida, Luisiana y Texas.
Menos resiliencia, más intervención humana
Los investigadores subrayaron que sus hallazgos apuntan a una necesidad crítica de estrategias de restauración más adaptativas. El informe señaló la pérdida progresiva de la capacidad natural de los humedales para recuperarse después de los huracanes, una consecuencia directa de la mayor frecuencia e intensidad de estos eventos.
Yang puntualizó: “Normalmente, tras una tormenta, los humedales mareales pueden recuperarse por sí mismos. Debido al aumento de la frecuencia y la intensidad de los huracanes, están perdiendo esa capacidad de recuperación. Eso significa que, después de un huracán, debemos adoptar un plan de gestión más proactivo para ayudarles a volver a condiciones predeterminadas”.
Un estudio con cuatro décadas de registros satelitales en Estados Unidos detectó que la mayor frecuencia e intensidad de los huracanes erosiona la capacidad natural de estos ecosistemas para recuperarse, lo que obliga a replantear la gestión costera
