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Los libaneses, atrapados entre dos treguas: "Las negociaciones carecen de sentido"

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El pacto de tregua resiste solamente en el papel, con más de 3.000 muertos en ataques israelíes desde marzo Leer El pacto de tregua resiste solamente en el papel, con más de 3.000 muertos en ataques israelíes desde marzo Leer   

El alto el fuego en Líbano resiste solamente en los comunicados oficiales, mientras continúan los ataques y órdenes de evacuación israelíes que han provocado más de 1,2 millones de desplazados en el país. Hizbulá mantiene el pulso armado contra Israel, especialmente en zonas del sur del territorio, y se niega a acatar las órdenes de desarme, una de las exigencias israelíes para poner fin a la guerra.

El conflicto se desató en marzo, cuando Hizbulá abrió fuego contra Israel tras los bombardeos de Washington y Tel Aviv en Irán. Israel respondió lanzando una ofensiva aérea -y posteriormente terrestre- contra el país, que ha dejado más de 3.000 muertos, casi un tercio de ellos desde que se declaró una tregua en el territorio. Las cifras son del gobierno libanés, pero Hizbulá asegura que el número de muertos es mayor. Los bombardeos israelíes han dañado más de 4.000 viviendas, según un estudio del investigador y escritor libanés Mohammad Shamseddine. Las fuerzas de paz de Naciones Unidas desplegadas en el sur del Líbano también se han visto atrapadas en el fuego cruzado, con seis víctimas mortales desde marzo.

Las órdenes de evacuación israelíes han afectado medio centenar de localidades y continúan extendiéndose desde que se declaró el alto el fuego, con el decreto para otras 12 aldeas esta semana. Las evacuaciones también han afectado al oeste del valle de Beeka, bastión de Hizbulá. "Los recientes acontecimientos en el sur del Líbano sugieren que Israel está adoptando un enfoque que va más allá de las operaciones localizadas, buscando imponer una nueva realidad de seguridad mediante el control de colinas y posiciones estratégicas elevadas dentro del territorio libanés", aseguró Naji Maalaeb, exgeneral libanés, en declaraciones al medio árabe Asharq Al Awsat.

Los esfuerzos internacionales para poner fin a la guerra en el país levantino se aceleraron durante las conversaciones de alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, ya que una de las exigencias de Teherán es que cese el conflicto en Líbano para poder avanzar en otras cuestiones. Washington tomó la iniciativa mediadora y consiguió acercar posiciones entre Tel Aviv y el gobierno libanés, con un alto el fuego a mediados de abril que se ha extendido hasta junio. Sin embargo, las conversaciones se mantienen al margen de Hizbulá, pese a ser un actor principal en el conflicto y mantener una gran influencia política y militar en el país.

El gobierno israelí busca centrar el proceso en el desarme de Hizbulá, una cuestión en la que ya se había enzarzado con Beirut antes de la actual guerra en unas negociaciones en las que había prometido garantías al gobierno libanés, incluido un proceso de normalización diplomática y económica entre países vecinos. El arsenal del grupo chií ya causó en el pasado divisiones políticas en el país, ya que Hizbulá llegó a amasar más influencia que el propio gobierno central. El grupo se niega a entregar las armas e insiste en que es necesario protegerse para resistir a la ocupación israelí.

Beirut, que arrastra una grave crisis económica y un Gobierno debilitado tras años de bloqueo y tensiones políticas, intentó avanzar sin éxito en el desarme, pese al temor de que pudiera desencadenar un conflicto civil. Por el momento, el presidente libanés, Joseph Aoun, se ha abstenido de reunirse con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, hasta que no cesen los ataques y Tel Aviv ofrezca garantías de seguridad al país. Aoun prometió "hacer lo posible" para el país y aseguró que ya "no hay vuelta atrás" en este proceso. Consciente de la impopularidad que despiertan las conversaciones con Tel Aviv, Aoun defendió que Beirut no tiene "otra opción" que dialogar con el país vecino, aunque reiteró que exigen la total retirada del ejército israelí del territorio. Para Hizbulá en cambio, ve las conversaciones en curso como "una concesión gratuita" para Israel y Estados Unidos, declaró el secretario general del grupo, Naim Qaser.

Ante la falta de avances en las negociaciones, los expertos dudan de que el proceso llegue a buen puerto. "Aunque intentan presentarlas de forma positiva, (las negociaciones) carecen de sentido porque Israel no está dispuesto a aceptar un alto el fuego genuino ni a comprometerse a una retirada del territorio libanés", señaló el analista libanés Karim Bitar, en declaraciones al rotativo New Arab. Por su parte, el exministro de Exteriores libanés, Adnan Mansour, cree que el proceso se estancará como en los dos últimos años, con continuos ataques israelíes pese a la tregua vigente. "Israel elevará tanto el nivel de sus exigencias en Washington que las negociaciones llegarán a un punto muerto", señaló en sus redes.

 

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