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El peor bombardeo de la guerra contra los civiles de Ucrania: casi 100 misiles y un mensaje contra los aliados europeos
El Kremlin utiliza un proyectil Oreshnik, con capacidad nuclear: un aviso a los aliados europeos Leer El Kremlin utiliza un proyectil Oreshnik, con capacidad nuclear: un aviso a los aliados europeos Leer
En el peor bombardeo que se recuerda en Kiev desde que comenzó la invasión rusa, el Kremlin trató ayer de enviar dos mensajes. El primero iba destinado a lo que Moscú llama los «centros de poder» en Ucrania, es decir, los lugares donde se toman decisiones, como el barrio gubernamental de la capital, que sufrió desperfectos. Este ataque buscó ablandar la posición negociadora del gobierno de Volodimir Zelenski y castigar a la población ucraniana, como en realidad lleva haciendo desde 2022.
El segundo mensaje era para los aliados europeos en forma de misil balístico de alcance intermedio, o sea, el Oreshnik, un proyectil que tiene un coste de 600 millones de dólares y 6.000 kilómetros de alcance (pensado para alcanzar objetivos europeos) que puede portar seis ojivas nucleares. En este caso, las ojivas no llevaban carga, por lo que cayeron sobre unos garajes comunitarios en el suburbio de Bila Tserkva. Es el tercero que Rusia lanza sobre Ucrania.
Minutos después, los servicios de rescate buscaban a los supervivientes, los bomberos apagaban el fuego y los habitantes de la ciudad de vestían para ir al trabajo, exactamente como en ocasiones anteriores, donde los kievitas se han acostumbrado a convivir con el horror y a no dormir. A lo largo del domingo, los gobiernos europeos redoblaron su apuesta a favor de Ucrania y denunciaron la brutalidad rusa y el camino sin sentido que está recorriendo el Kremlin hacia una victoria que cada día está más lejos. Los dos mensajes que lanzó el régimen de Putin obtuvieron lo contrario de lo que se proponían, algo que no es nuevo.
El ataque, el mayor hasta la fecha, implicó más de 600 drones y casi 100 misiles, con un 87% de intercepciones de la defensa aérea, especialmente sobre drones Shahed y sus viejos misiles de crucero, aunque los misiles balísticos e hipersónicos siguen siendo mucho más difíciles de abatir. El bombardeo deja de momento cuatro muertos y más de 100 heridos. ¿Cómo es posible que un ataque de esta magnitid deje sólo cuatro fallecidos? La inteligencia de varios países europeos y de EEUU avisaron a Kiev de la preparación de los rusos sobre un «potencial bombardeo masivo», lo que permitió a la población prepararse con tiempo y bajar a la red de refugios que el alcade Vitali Klichkó ha extendido por toda la capital. «Putin no puede ni siquiera pronunciar la palabra 'victoria’», dijo el presidente Zelenski, pero «continúa golpeando edificios residenciales con sus misiles».
Uno de los cafés más conocidos del barrio de Shevchenko fue alcanzado por los restos de un misil. Sus cristales estallaron y las mesas y sillas quedaron convertidas en unfa montonera de polvo y astillas. A pesar del destrozo, un camarero siguió sirviendo cafés por una ventanilla como hace a diario, ya que la máquina de café seguía funcionando. En la entrada, colgaron un cartel: «Abierto, como de costumbre». Cientos de personas hacían cola.
Entre los objetivos del Kremlin estaba el museo de Chernóbyl, en el barrio de Podil, que los misiles destruyeron parcialmente. Es curioso que Moscú, responsable del accidente atómico en la antigua URSS, ahora se cebe en un museo que pretendía honrar a aquellos que dejaron sus vidas para mitigar los efectos del desastre que causaron.
El bombardeo, aunque más contundente que otros anteriores, refleja en realidad la misma frustración desde las primeras semanas de 2022: la imposibilidad para las tropas de la Z de alcanzar siquiera sus objetivos secundarios (la toma de todo el Donbás), cuando ya han renunciado a conquistar Kiev a sustituir a Zelenski por algún presidente afín al Kremlin como Viktor Yanukovich, que era lo que Putin buscaba allá por febrero de 2022.
El año 2026 está siendo especialmente lesivo para los intereses de las fuerzas rusas, tanto lejos del frente como cerca. Por un lado, las capacidades de ataque a larga distancia de Ucrania se han multiplicado. Sus bombardeos a refinerías, terminales de petróleo y bases aéreas se han hecho habituales. Ahora, además, gracias a la irrupción de un nuevo dron llamado Hornet, de origen estadounidense, Ucrania está atacando con éxito toda la logística rusa en forma de camiones y trenes a unos 100 kilómetros del frente con precisión letal. En el campo de batalla, las bajas rusas se han ido a más de 35.000 cada mes, mientras que el reclutamiento de voluntarios ya no llega a esas cifras, con lo que es imposible reemplazar tantos caídos sin hacer un a movilización forzosa, algo que el Kremlin intenta evitar por todos los medios.
Además, marzo supuso el primer mes desde 2023 en el que Rusia perdía terreno con respecto a Ucrania y abril sigue con la misma tendencia. Las fuerzas ucranianas han aprovechado la caótica situación de suministros rusos para lanzar una ofensiva local al sur de Zaporiyia, recuperando la clave ciudad de Stepnohirsk y amenazando ya la vital Kamianske, que a los rusos les costó dos años conquistar. En el frente del Donbás, lo mismo puede decirse del esfuerzo por Limán, que ya ha cambiado de manos en varias ocasiones. Ahora, un contraataque ucraniano amenaza con rodear a las fuerzas rusas que trataban de conquistar la ciudad, en una operación que se parece mucho al fracaso ruso en Kupiansk, en la región de Járkiv, donde los soldados rusos que habían conseguido entrar en la ciudad quedaron asediados, sin comunicaciones, agua, comida y munición.
Hasta los blogueros militares rusos, los únicos autorizados por Moscú para acceder al frente, han cambiado el tono. De la frustración han pasado a la ironía.



