Economía
Las recetas para enfrentar la inflación
Hoy, en medio de las tensiones globales por los conflictos en Medio Oriente, sumado a la “subguerra arancelaria” que libran algunas potenciales, la realidad macroeconómica invita a tomar en serio la señal que envían los precios.
Difícilmente haya algún país que no esté pasando por un proceso inflacionario que no sólo presione los bolsillos de sus ciudadanos, como sería lo más lógico, sino también las cuentas fiscales. La inflación es el peor impuesto y afecta a todos.
En economía, un precio es un sistema de transmisión de información. Los agentes económicos, pero muy especialmente los tomadores de decisiones, están obligados a interpretar el contexto en que se producen los incrementos de precios.
En términos fiscales, partiendo de la experiencia dominicana, la inflación ha costado miles de millones de pesos sólo para evitar que los combustibles suban al nivel en que deberían. La decisión ha evitado que el mecanismo de transmisión llegue hasta los más pobres.
No es un secreto que un barril de petróleo merodeando los US$100 por barril no habría que dudar que el subsidio a los combustibles supere los RD$55,000 millones. República Dominicana estima una importación de más de 77 millones de barriles de petróleo en este año.
En lo que va de este año, el subsidio a los combustibles supera los RD$15,000 millones.
El Banco Central ha admitido que los ajustes aplicados a los hidrocarburos en las últimas semanas han representado casi el 70% de la inflación, la cual superó la barra superior del rango meta, que es de un 5%.
Desde un enfoque monetario, las medidas han sido enfocadas a mantener los tipos de interés, ya que las condiciones internas establecen que la oferta de dinero está acorde con la demanda. La inflación subyacente, que aún no llega al 5%, es una demostración de ello.
En todo caso, sí hay una característica que parece subyacer en este contexto: la política monetaria parece que carga muy pesado cuando se trata de garantizar la estabilidad de precios y, por el otro, servir de sostén para la política fiscal del Gobierno.
Dejar que fluya la economía en su lógica de mercado, por lo menos esta oportunidad, no parece ser una receta recomendada. Los efectos sobre el consumo serían devastadores, especialmente porque hay otro mal que no se ha podido corregir en el mercado interno: los bajos salarios y esto sí es un riesgo para la estabilidad social.
Archivado en: EditorialInflación
