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Me llamo Tama, soy jefa de estación en Japón y a mi funeral han venido 3.000 personas. Ah, soy una gata

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Me llamo Tama, soy jefa de estación en Japón y a mi funeral han venido 3.000 personas. Ah, soy una gata

Son apenas 14,3 kilómetros de línea pero es clave para los vecinos de Wakayama y Kinokawa, las poblaciones que une la Línea Kishigawa situadas al sur de Osaka. Ahora mismo, en el tren se pueden encontrar locales que van aquí y allá pero, sobre todo, se encuentran turistas. No son turistas cualquiera, para eso tenemos que ir unos kilómetros más arriba donde nos los encontraremos echándose fotos con el famoso Glico Man de Dotonbori.

Aquí encontraremos turistas interesados en dos de las de aficiones más arraigadas en Japón: trenes y gatos. Una fórmula que puede ser explosiva, capaz de recuperar por sí misma una línea de tren atrayendo al turismo local y posicionar dos pequeñas poblaciones en el mapa de quienes buscan una experiencia diferente en uno de los países más extravagantes del mundo.

Porque aquí, los trenes llegan disfrazados de gatos y los jefes de estación son… efectivamente, gatos.

Me llamo Tama y soy la jefa de esta estación

La Línea Kishigawa nació a principios del siglo XX. El objetivo era unir tres santuarios y que quienes peregrinaran hasta allí tuvieran las cosas más fáciles para moverse. El santuario Nichizengu, el santuario Kamayama y el santuario Itakiso unidos por una línea de tren, cuentan en Japonismo.

La línea permaneció en funcionamiento durante décadas y en los años 60 se hizo con su explotación la empresa Nankai. Pero el tiempo avanzó y las grandes ciudades se convirtieron en un agujero negro que absorbía y absorbía trabajadores. Las ciudades crecieron primero con los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Después con un desarrollismo acelerado que puso a Japón como el país más avanzado tecnológicamente del mundo.

Y al mismo ritmo que conquistaban el mercado mundial con dispositivos electrónicos a precios bajísimos, las ciudades crecían al mismo ritmo. Se necesitaban trabajadores para todo tipo de tareas. El libro Tokio, estación de Ueno explica muy bien cómo los trabajadores se marchaban de su pueblo natal y desaparecían por años, incapaces de sacar un puñado de días para volver a su lugar de origen.

Esa despoblación fue matando poco a poco la línea Kishigawa. Tanto cayó el uso de la misma que en 2006, Nankai decidió cerrarla, incapaz de rentabilizar el servicio. Y es que en los años 2000, los pasajeros habían caído a la mitad respecto a una década atrás. La solución llegó de los gobiernos locales por los que pasaba la línea quienes se hicieron cargo del terreno y de las infraestructuras, quedando a cargo de una nueva empresa la explotación y mantenimiento de la misma.

El único problema es que nadie se quería hacer cargo de una línea de apenas 14,3 kilómetros con una deuda de más de cinco millones de dólares. En ese momento, los gobiernos locales llamaron a la puerta de Okayama Dentetsu, una empresa que ya había cosechado cierto éxito con otras colaboraciones publico-privadas similares.

De la mano de esta nueva empresa se creó Wakayama Electric Railway, la empresa que se iba a hacer cargo de la Línea Kishigawa. Ese día, una gata cambiaría para siempre el devenir de la línea. Después del evento de la reapertura, en la estación de Kishi, una mujer preguntó si una gata de apenas dos meses se podía quedar a vivir en la estación ya que no encontraba un hogar.

Mitsunobu Kojima, presidente de Okayama Dentetsu y, por extensión, de Wakayama Electric Railway, no sólo la acogió en la estación, también le dio un trabajo en una clara muestra de confianza. Tama, que así se llamaba la gata, era ahora una trabajadora más de la nueva línea. El ascenso fue meteórico porque en 2007, apenas unos meses más tarde, Tama fue nombrada Jefa de Estación.

Y salvó la línea.

Atraídos por la noticia, los turistas se multiplicaron. Más y más pasajeros se acercaron a la Línea Kishigawa para conocer a la gata que, uniformada, vigilaba la estación. Atraídos por la supuesta buena suerte de la nueva trabajadora, más y más personas llegaban para echarse fotos con ella. El éxito fue tal que de los menos de dos millones de viajeros que cogían la línea antes de 2005 se alcanzaron los 2,3 millones de pasajeros en menos de una década después, explican en Japonismo.

Despacho de Tama, jefa de la estación

Despacho de Tama, jefa de la estación

Okayama Electric Tramway 7101 Tama Densya

El Tamaden fue el primer tren temático de Japón

Conscientes de la popularidad de su nueva trabajadora, Wakayama Electric Railway quiso aprovechar todavía más el potencial de Tama y en 2009 inauguraron el Tamaden, el primer tren de temática gatuna, vestido con orejas y bigotes de gato, además de numerosas caricaturas de la propia gata. En el interior hay decoración específica con motivos gatunos, como el tapizado o la tela de los cojines de los asientos. No es lo único. Asideros, lámparas, cortinas, huellas en el suelo… todo recuerda al mundo gatuno. Por cierto, el tapizado es marrón con el color característico de la gata Tama.

De hecho, todo lo que rodea a esta línea vive por y para recordar la figura de Tama. La estación de Kishi tiene ahora orejas y ojos de gato claramente perceptibles desde su exterior. Allí tuvo Tama su propio despacho, conforme fue ganando galones en la empresa. Su impacto fue clave para resucitar la línea.

Lamentablemente, en junio de 2015 con 16 años a sus espaldas, Tama falleció. El cariño de sus vecinos se dejó ver en los días posteriores cuando el gobernador de la prefectura a la que pertenece la línea de tren emitió un comunicado. Y, sobre todo, cuando a su funeral acudieron… 3.000 personas.

A Tama le sustituyó Nitama. Era lo lógico si tenemos en cuenta que Nitama era jefa de estación en otra de las paradas de la línea y sustituía a Tama durante sus días libres. Es decir, Nitama recibía de Wakayama Electric Railway un doloroso reconocimiento. Uno de esos ascensos que nunca se desean.

La gata Nitama también trabajó con dedicación. De hecho, el presidente de la compañía que explota la línea de tren señalaba a finales de 2025 que “trabajó con diligencia y proporcionó un confort insustituible. Nitama, por favor, vigila el Wakayama Electric Railway desde el cielo”, en palabras recogidas por Independent. Y es que Nitama falleció el pasado mes de noviembre de 2025. Hasta entonces, a esta nueva jefa de estación se la podía ver todos los días en su despacho de 10:00 a 16:00, durante su horario laboral (salvo miércoles y jueves, sus días de asueto).

A Nitama le ha sustituido Yontama de la que aseguraron que confían en su trabajo como jefa de estación “en un momento de grandes cambios para el ferrocarril”.

El reto para Yontama es mayúsculo porque Tama y Nitama han dejado el listón muy alto. Tanto que solo durante su primer año se calcula que Tama, la primera jefa de estación gatuna, contribuyó a que los ingresos de la línea se dispararan por encima de los 10 millones de dólares. Cifra a la que se llegó con la venta de billetes pero también con la atracción de turistas a la zona buscando a la nueva empleada y a la venta de productos relacionados con Tama, la primera jefa de estación.

Foto | hirorin0505 en Wikimedia y Takobou

En Xataka | Felix no es un gato cualquiera, trabaja en una estación de tren y ha sido ascendido


La noticia

Me llamo Tama, soy jefa de estación en Japón y a mi funeral han venido 3.000 personas. Ah, soy una gata

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Alberto de la Torre

.

 Son apenas 14,3 kilómetros de línea pero es clave para los vecinos de Wakayama y Kinokawa, las poblaciones que une la Línea Kishigawa situadas al sur de Osaka. Ahora mismo, en el tren se pueden encontrar locales que van aquí y allá pero, sobre todo, se encuentran turistas. No son turistas cualquiera, para eso tenemos que ir unos kilómetros más arriba donde nos los encontraremos echándose fotos con el famoso Glico Man de Dotonbori.

Aquí encontraremos turistas interesados en dos de las de aficiones más arraigadas en Japón: trenes y gatos. Una fórmula que puede ser explosiva, capaz de recuperar por sí misma una línea de tren atrayendo al turismo local y posicionar dos pequeñas poblaciones en el mapa de quienes buscan una experiencia diferente en uno de los países más extravagantes del mundo.

Porque aquí, los trenes llegan disfrazados de gatos y los jefes de estación son… efectivamente, gatos.

Me llamo Tama y soy la jefa de esta estaciónLa Línea Kishigawa nació a principios del siglo XX. El objetivo era unir tres santuarios y que quienes peregrinaran hasta allí tuvieran las cosas más fáciles para moverse. El santuario Nichizengu, el santuario Kamayama y el santuario Itakiso unidos por una línea de tren, cuentan en Japonismo.

La línea permaneció en funcionamiento durante décadas y en los años 60 se hizo con su explotación la empresa Nankai. Pero el tiempo avanzó y las grandes ciudades se convirtieron en un agujero negro que absorbía y absorbía trabajadores. Las ciudades crecieron primero con los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Después con un desarrollismo acelerado que puso a Japón como el país más avanzado tecnológicamente del mundo.

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Y al mismo ritmo que conquistaban el mercado mundial con dispositivos electrónicos a precios bajísimos, las ciudades crecían al mismo ritmo. Se necesitaban trabajadores para todo tipo de tareas. El libro Tokio, estación de Ueno explica muy bien cómo los trabajadores se marchaban de su pueblo natal y desaparecían por años, incapaces de sacar un puñado de días para volver a su lugar de origen.
Esa despoblación fue matando poco a poco la línea Kishigawa. Tanto cayó el uso de la misma que en 2006, Nankai decidió cerrarla, incapaz de rentabilizar el servicio. Y es que en los años 2000, los pasajeros habían caído a la mitad respecto a una década atrás. La solución llegó de los gobiernos locales por los que pasaba la línea quienes se hicieron cargo del terreno y de las infraestructuras, quedando a cargo de una nueva empresa la explotación y mantenimiento de la misma.
El único problema es que nadie se quería hacer cargo de una línea de apenas 14,3 kilómetros con una deuda de más de cinco millones de dólares. En ese momento, los gobiernos locales llamaron a la puerta de Okayama Dentetsu, una empresa que ya había cosechado cierto éxito con otras colaboraciones publico-privadas similares.

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De la mano de esta nueva empresa se creó Wakayama Electric Railway, la empresa que se iba a hacer cargo de la Línea Kishigawa. Ese día, una gata cambiaría para siempre el devenir de la línea. Después del evento de la reapertura, en la estación de Kishi, una mujer preguntó si una gata de apenas dos meses se podía quedar a vivir en la estación ya que no encontraba un hogar.

Mitsunobu Kojima, presidente de Okayama Dentetsu y, por extensión, de Wakayama Electric Railway, no sólo la acogió en la estación, también le dio un trabajo en una clara muestra de confianza. Tama, que así se llamaba la gata, era ahora una trabajadora más de la nueva línea. El ascenso fue meteórico porque en 2007, apenas unos meses más tarde, Tama fue nombrada Jefa de Estación.

Y salvó la línea.

Atraídos por la noticia, los turistas se multiplicaron. Más y más pasajeros se acercaron a la Línea Kishigawa para conocer a la gata que, uniformada, vigilaba la estación. Atraídos por la supuesta buena suerte de la nueva trabajadora, más y más personas llegaban para echarse fotos con ella. El éxito fue tal que de los menos de dos millones de viajeros que cogían la línea antes de 2005 se alcanzaron los 2,3 millones de pasajeros en menos de una década después, explican en Japonismo.

Despacho de Tama, jefa de la estación

El Tamaden fue el primer tren temático de Japón

Conscientes de la popularidad de su nueva trabajadora, Wakayama Electric Railway quiso aprovechar todavía más el potencial de Tama y en 2009 inauguraron el Tamaden, el primer tren de temática gatuna, vestido con orejas y bigotes de gato, además de numerosas caricaturas de la propia gata. En el interior hay decoración específica con motivos gatunos, como el tapizado o la tela de los cojines de los asientos. No es lo único. Asideros, lámparas, cortinas, huellas en el suelo… todo recuerda al mundo gatuno. Por cierto, el tapizado es marrón con el color característico de la gata Tama.
De hecho, todo lo que rodea a esta línea vive por y para recordar la figura de Tama. La estación de Kishi tiene ahora orejas y ojos de gato claramente perceptibles desde su exterior. Allí tuvo Tama su propio despacho, conforme fue ganando galones en la empresa. Su impacto fue clave para resucitar la línea.

Lamentablemente, en junio de 2015 con 16 años a sus espaldas, Tama falleció. El cariño de sus vecinos se dejó ver en los días posteriores cuando el gobernador de la prefectura a la que pertenece la línea de tren emitió un comunicado. Y, sobre todo, cuando a su funeral acudieron… 3.000 personas.

A Tama le sustituyó Nitama. Era lo lógico si tenemos en cuenta que Nitama era jefa de estación en otra de las paradas de la línea y sustituía a Tama durante sus días libres. Es decir, Nitama recibía de Wakayama Electric Railway un doloroso reconocimiento. Uno de esos ascensos que nunca se desean.

La gata Nitama también trabajó con dedicación. De hecho, el presidente de la compañía que explota la línea de tren señalaba a finales de 2025 que “trabajó con diligencia y proporcionó un confort insustituible. Nitama, por favor, vigila el Wakayama Electric Railway desde el cielo”, en palabras recogidas por Independent. Y es que Nitama falleció el pasado mes de noviembre de 2025. Hasta entonces, a esta nueva jefa de estación se la podía ver todos los días en su despacho de 10:00 a 16:00, durante su horario laboral (salvo miércoles y jueves, sus días de asueto).

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El reto para Yontama es mayúsculo porque Tama y Nitama han dejado el listón muy alto. Tanto que solo durante su primer año se calcula que Tama, la primera jefa de estación gatuna, contribuyó a que los ingresos de la línea se dispararan por encima de los 10 millones de dólares. Cifra a la que se llegó con la venta de billetes pero también con la atracción de turistas a la zona buscando a la nueva empleada y a la venta de productos relacionados con Tama, la primera jefa de estación.

Foto | hirorin0505 en Wikimedia y Takobou

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por
Alberto de la Torre

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