Economía
Estamos creciendo, pero hay altos riesgos a la vista
El reciente informe del Banco Central de la República Dominicana ha traído consigo una cifra que, en cualquier otro contexto regional, sería motivo de celebración absoluta: la economía dominicana se expandió un 4.1% durante el primer trimestre de 2026.
En todo caso, este dato sobre el crecimiento de la economía confirma que nuestro país mantiene su potencial productivo y sigue consolidándose como un destino seguro para la inversión. seguir cuidando la confianza en el porvenir es una tarea que debe renovarse cada día.
Siempre aparece el incómodo “pero”. Detrás de este crecimiento favorable, es imperativo realizar una lectura más profunda y responsable. No podemos ignorar que este avance ha transitado por un trayecto sumamente delicado.
Esta expansión del PIB, reportada por el Banco Central, no ha ocurrido porque sí, sino ha sucedido en un escenario donde los costos operativos, las presiones inflacionarias externas y la reconfiguración de los mercados globales han puesto a prueba la estabilidad macroeconómica.
Creo que las autoridades monetarias y fiscales han tenido que usar mucho la materia gris en estos meses y años. En este sentido, es justo reconocer la proactividad de las autoridades monetarias. El Banco Central ha sabido navegar aguas turbulentas, ajustando lo que sea necesario con medidas que buscan un equilibrio entre el control de la inflación y el estímulo al crecimiento. Podría decir que esta “mano firme” ha sido fundamental para que la confianza de los agentes económicos no se erosione.
A la par, la política fiscal del Gobierno ha jugado un rol de contención social y económica vital. Los subsidios a los combustibles, a pesar de los ajustes al alza aplicados hace apenas unas semanas, han servido como un amortiguador indispensable.
Si bien el mercado local no puede ser totalmente inmune a los precios internacionales, la estrategia de subsidios evitó un choque en cadena que habría disparado los costos de transporte y de la canasta básica de forma inmanejable. Parece que el escenario está incómodo para actuar a la libre.
Estos aumentos recientes, por supuesto son impopulares, reflejan la realidad de una administración de Estado que intenta gestionar recursos finitos en un entorno de precios energéticos impredecibles.
No obstante, el mensaje central debe ser de cautela estratégica. Si bien nuestra economía sigue creciendo y mostrando una envidiable capacidad de recuperación, estamos obligados a mantener la guardia alta. El entorno internacional no da tregua; la volatilidad sigue siendo la única constante. Conflictos geopolíticos persistentes, fluctuaciones en los precios de las materias primas y los cambios en las políticas de las grandes economías del mundo son nubarrones que no han terminado de disiparse.
Considero que el éxito del resto del año dependerá de nuestra capacidad para seguir fomentando la seguridad jurídica, apoyando a los sectores que generan riqueza real y cuidar la capacidad de consumo de la gente.
