Ciencia y Tecnología
Los científicos han redefinido la zona de ricitos de oro: no basta con tener agua líquida, hay que tener suficiente
Todos sabemos que para que un planeta pueda ser apto para la vida debe albergar agua. Sin embargo, esta condición necesaria puede no ser suficiente. Para empezar, no vale cualquier cantidad de agua. De hecho, según un estudio publicado recientemente, la cantidad mínima de este preciado líquido para que un planeta pueda ser un candidato sólido para la búsqueda de vida es mucho mayor de lo que pensábamos.
Parece habitable, pero no lo es. Mediante una serie de simulaciones computacionales muy refinadas, los científicos de la Universidad de Washington han demostrado que un planeta necesita tener al menos de un 20% a un 50% del agua de los océanos terrestres para que pueda llevarse a cabo con normalidad el ciclo natural que sostiene la vida.
Ciclo geológico del carbono. Para que un planeta pueda albergar vida es importante que tenga atmósfera, pero ojo con el contenido de esa atmósfera. Normalmente, la actividad volcánica planetaria libera grandes cantidades de dióxido de carbono en ella. Si este se acumula en exceso, el planeta se vuelve inhóspito para la vida. Por suerte, hay algunos mecanismos que se suceden como una hilera de fichas de dominó para que el carbono se mantenga a unos niveles adecuados.
En la atmósfera, parte de ese dióxido de carbono se disuelve en pequeñas gotas de agua y vuelve a la superficie en forma de lluvia. Allí, se acumula en las rocas. De nuevo llega la lluvia, que erosiona las rocas, de modo que el dióxido de carbono se acumula en las aguas de escorrentía, llegando a los océanos, donde se sepulta en el fondo. Después, los movimientos de tectónica de placas pueden hacer que el dióxido de carbono salga de nuevo a la superficie con la formación de montañas. Es un proceso que tarda millones de años en producirse.
Sin agua, todo se echa a perder. Hemos visto que el agua es una pieza importante de esta sucesión. Por eso, si no hay suficiente en el planeta, la reubicación del dióxido de carbono puede no dar abasto en comparación al gas que se acumula por la actividad volcánica. Mucho dióxido de carbono en la atmósfera supone temperaturas más altas, a causa del efecto invernadero. Como resultado, la poca agua que hay se evapora y la situación va cada vez a peor.
Redefiniendo la zona de ricitos de oro. En astronomía, se conoce como zona de habitabilidad, o de ricitos de oro, la región en torno a una estrella que no está ni demasiado cerca ni demasiado lejos de ella. Es la distancia ideal para que el agua se mantenga en estado líquido. El problema es que ahora vemos que la habitabilidad no depende solo del agua líquida. También es necesario que haya agua suficiente.
Modelos más refinados. En realidad, ya se habían realizado modelos para analizar el ciclo geológico del carbono en los planetas susceptibles de albergar vida. Sin embargo, nunca se habían tenido en cuenta los planetas más secos, ni se habían introducido tantos parámetros como en estos modelos más recientes, en los que se incluyen parámetros más olvidados, como el viento. Con todo esto en cuenta, vemos que no basta con que un planeta sea rocoso, similar a la Tierra y ubicado en el punto exacto de su estrella para tener agua líquida. Debe tener suficiente agua. Si no, todo lo demás no importa.
Imagen | M. Mizera / PTA / IAU100
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La noticia
Los científicos han redefinido la zona de ricitos de oro: no basta con tener agua líquida, hay que tener suficiente
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
.
Todos sabemos que para que un planeta pueda ser apto para la vida debe albergar agua. Sin embargo, esta condición necesaria puede no ser suficiente. Para empezar, no vale cualquier cantidad de agua. De hecho, según un estudio publicado recientemente, la cantidad mínima de este preciado líquido para que un planeta pueda ser un candidato sólido para la búsqueda de vida es mucho mayor de lo que pensábamos.
Parece habitable, pero no lo es. Mediante una serie de simulaciones computacionales muy refinadas, los científicos de la Universidad de Washington han demostrado que un planeta necesita tener al menos de un 20% a un 50% del agua de los océanos terrestres para que pueda llevarse a cabo con normalidad el ciclo natural que sostiene la vida.
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En la atmósfera, parte de ese dióxido de carbono se disuelve en pequeñas gotas de agua y vuelve a la superficie en forma de lluvia. Allí, se acumula en las rocas. De nuevo llega la lluvia, que erosiona las rocas, de modo que el dióxido de carbono se acumula en las aguas de escorrentía, llegando a los océanos, donde se sepulta en el fondo. Después, los movimientos de tectónica de placas pueden hacer que el dióxido de carbono salga de nuevo a la superficie con la formación de montañas. Es un proceso que tarda millones de años en producirse.
Sin agua, todo se echa a perder. Hemos visto que el agua es una pieza importante de esta sucesión. Por eso, si no hay suficiente en el planeta, la reubicación del dióxido de carbono puede no dar abasto en comparación al gas que se acumula por la actividad volcánica. Mucho dióxido de carbono en la atmósfera supone temperaturas más altas, a causa del efecto invernadero. Como resultado, la poca agua que hay se evapora y la situación va cada vez a peor.
Redefiniendo la zona de ricitos de oro. En astronomía, se conoce como zona de habitabilidad, o de ricitos de oro, la región en torno a una estrella que no está ni demasiado cerca ni demasiado lejos de ella. Es la distancia ideal para que el agua se mantenga en estado líquido. El problema es que ahora vemos que la habitabilidad no depende solo del agua líquida. También es necesario que haya agua suficiente.
Modelos más refinados. En realidad, ya se habían realizado modelos para analizar el ciclo geológico del carbono en los planetas susceptibles de albergar vida. Sin embargo, nunca se habían tenido en cuenta los planetas más secos, ni se habían introducido tantos parámetros como en estos modelos más recientes, en los que se incluyen parámetros más olvidados, como el viento. Con todo esto en cuenta, vemos que no basta con que un planeta sea rocoso, similar a la Tierra y ubicado en el punto exacto de su estrella para tener agua líquida. Debe tener suficiente agua. Si no, todo lo demás no importa.
Imagen | M. Mizera / PTA / IAU100
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Azucena Martín
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