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Guadix fue uno de los últimos rincones de Europa donde se vivió en cuevas. Hoy se han convertido en un refugio climático

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Guadix fue uno de los últimos rincones de Europa donde se vivió en cuevas. Hoy se han convertido en un refugio climático

Moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas ocupando cuevas, portando picos y velas. Esa fue la realidad, poco romántica, de Guadix. El escape rural chic tardaría tres siglos en llegar. La visita a calles y cerros es gratis, por supuesto; hacer noche allí ya es otra cosa.

En Granada, Andalucía, bajando por la A-92, al lado del Valle del Zalabí y a más de 900 metros de altura, existe un pueblo que parece salido de Star Wars. Guadix, “el pueblo de las casas cueva”, es en realidad una ciudad que convirtió la huida, la pobreza y el rigor climático en arquitectura bioclimática. Y, siglos después, en trogloturismo de diseño.

Un barrio entero bajo tierra. En torno a Guadix, en la falda de Sierra Nevada, se concentran más de 2.000 viviendas excavadas en cerros de arcilla roja. “Capital Europea de las Cuevas”, dice la prensa de un barrio que nació hacia 1550 en torno a la Fuente de Maese Pedro y la calle de San Marcos. De hecho, solo en este barrio viven más de 4.500 accitanos. Es un paisaje de colinas literalmente vaciadas por dentro, fachadas encaladas y chimeneas que son fumarolas de cal y asoman como periscopios. 

Y, para rematar, una temperatura interior que se mantiene en torno a los 20 grados todo el año. El aire exterior tarda aproximadamente tres meses en “colarse” en las paredes, lo que suaviza inviernos y veranos extremos. Y claro, este confort y aislamiento acústico ha hecho de esta arquitectura pasiva avant la lettre uno de los lugares turísticos más solicitados de España. Hoy se subirte a un tren turístico y dormir en una casa-cueva por precios que van de los 60‑70 euros a más de 120 la noche, según caprichos y jacuzzi.

Tu cueva, mi Airbnb. Airbnb y agregadores como cozycozy listan la “cueva hammam”, “cueva la Tita del Pan” o “Casa Cueva Los Mosaicos”, con jacuzzis, piscinas y puntuaciones sobresalientes. 9,5 en Booking y 4,2 sobre 5 en Airbnb. La comarca se vende bajo la premisa de dormir como un neandertal, pero con Wi‑Fi y bañera de hidromasaje.

Hoy día, vivir en una de estas cuevas no es fácil. Alquilarla ya es otra cosa: trenes turísticos, centros de interpretación y rutas guiadas son parte de este trogloturismo, bajo las coordenadas de la sustentabilidad y la experiencia introspectiva. Lo que antaño fueron chabolas medievales hoy se erigen como bellísimos enclaves que desafían el rigor climático. 

Siempre estuvo ahí. Guadix siempre fue territorio de tierra blanda y abrigos naturales, usado desde la Edad del Bronce. Los estudios arqueológicos identifican ocupaciones humanas que usaban estos bad lands o cárcavas del reborde y el cauce del río de Guadix para protegerse de las inclemencias.

Durante la Edad Media, ese paisaje se cruza con el frente nazarí y, tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, se convierte en lugar de refugio: tras las expulsiones de 1570 y 1609, la hipótesis sitúa el origen del gran barrio hacia finales del siglo XV, cuando moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas de la medina ocupan en clandestinidad estas cuevas y perfeccionan, a pico y pala, la técnica de excavar cerros enteros siguiendo el saber de los alarifes. El historiador accitano Carlos Javier Garrido recalca que este refugio de perseguidos también fue respuesta social a una ciudad dominada por oligarquías. Una rebelión silenciosa.

Desamortización y nuevas reglas. En 1920, el barrio llega a albergar al 60% de la población de la ciudad. No fue hasta en los años 50 del siglo XX cuando las excavaciones masivas ampliaron e inauguraron nuevas casas cueva, ya pensadas como viviendas normales en un barrio más. Las huellas de la Guerra Civil también son notables: el pueblo se quedó sin ermita. Hay mucho que ver, en todo caso: la Catedral de la Encarnación, el Palacio de los Marqueses de Villaverde o la propia alcazaba islámica, del siglo XI, sumado a la Ermita Nueva, en blanco nuclear y capilla completamente labrada bajo roca.

Con la llegada de carreteras nacionales bordeando la montaña, electricidad, televisión y emigración, familias locales convirtieron estos viejos taludes enclavados en “casa de verano” para escapar del calor. Fue entonces cuando el barrio empezó a ser visto desde fuera más como paisaje pintoresco que como espacio de marginalidad.

Llegó el progreso y el BOE. Hasta hace nada, urbanísticamente, las casas cueva vivían en un limbo: eran vivienda, pero no encajaban en las categorías estándar de la normativa. La nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA) y su reglamento dedican por primera vez un título entero al hábitat troglodítico, definiendo qué es una cueva, qué es un barrio de cuevas y qué es un “municipio troglodítico” (Artículo 421).

La norma fija condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad: servicios de agua y saneamiento, superficie mínima de 30 m², ventilación suficiente, evacuación adecuada de aguas pluviales y garantías de estabilidad del terreno excavado. Los planes generales de ordenación ahora están obligados a indicar medidas para su protección, conservación y mejora, desde mantener la capa exterior de tierra hasta preservar los canales naturales de evacuación de lluvia. 

Ver las cuevas. El itinerario promedio incluye la panorámica del centro, Teatro Romano, muralla árabe, Alcazaba, barrios histórico y judío y, finalmente, parada de unos 45 minutos en la zona troglodita para visitar miradores, una iglesia‑cueva única y el Centro de Interpretación de las Cuevas.

Eso sí, quien reserva manda sobre quien aparece al tuntún: las visitas al barrio de cuevas se llenan, sobre todo en horario de mañana y fines de semana. El tren suele operar con salidas cada 40–60 minutos en horario de mañana. El recorrido son unos 75 minutos, con comentarios grabados en varios idiomas. El Centro de Interpretación reabrió en abril de 2026 con un nuevo horario: de lunes a sábado abre de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, y los domingos hasta las 14:30.

A dormir bajo el cerro. La otra experiencia es quedarse, literalmente, a pasar la noche bajo tierra. Una noche en pareja suele rondar los 110 euros la noche, subiendo hasta los 170–200 euros en opciones con piscina, jardín amplio o servicios extra. Portales de alquiler como Rentalia muestran casas cueva en Guadix desde 65 euros por noche, dependiendo siempre de las fechas y estancia mínima según temporada.

Irónico contraste: las autoridades civiles y eclesiásticas nunca estuvieron conformes: Alonso de Medrano en 1618 y el corregidor Josef Miret, en 1786, quisieron erradicar el barrio demoliéndolo. "Lo que las autoridades quisieron borrar dos veces es hoy la marca turística de la ciudad" remata Carlos Javier Garrido García en su monográfico ‘Las cuevas de Guadix en la Edad Moderna (1489-1808)’.

Imágenes | Ayto. de Guadix

En Xataka | Un pequeño pueblo de Guadalajara ha duplicado su población en los últimos años. Su secreto: declararse independiente

En Xataka | Un pueblo de Segovia de 3.700 vecinos tiene un idioma propio con siglos de historia. El motivo: hacer negocios


La noticia

Guadix fue uno de los últimos rincones de Europa donde se vivió en cuevas. Hoy se han convertido en un refugio climático

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Isra Fdez

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 Moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas ocupando cuevas, portando picos y velas. Esa fue la realidad, poco romántica, de Guadix. El escape rural chic tardaría tres siglos en llegar. La visita a calles y cerros es gratis, por supuesto; hacer noche allí ya es otra cosa.

En Granada, Andalucía, bajando por la A-92, al lado del Valle del Zalabí y a más de 900 metros de altura, existe un pueblo que parece salido de Star Wars. Guadix, “el pueblo de las casas cueva”, es en realidad una ciudad que convirtió la huida, la pobreza y el rigor climático en arquitectura bioclimática. Y, siglos después, en trogloturismo de diseño.

Un barrio entero bajo tierra. En torno a Guadix, en la falda de Sierra Nevada, se concentran más de 2.000 viviendas excavadas en cerros de arcilla roja. “Capital Europea de las Cuevas”, dice la prensa de un barrio que nació hacia 1550 en torno a la Fuente de Maese Pedro y la calle de San Marcos. De hecho, solo en este barrio viven más de 4.500 accitanos. Es un paisaje de colinas literalmente vaciadas por dentro, fachadas encaladas y chimeneas que son fumarolas de cal y asoman como periscopios. 

Y, para rematar, una temperatura interior que se mantiene en torno a los 20 grados todo el año. El aire exterior tarda aproximadamente tres meses en “colarse” en las paredes, lo que suaviza inviernos y veranos extremos. Y claro, este confort y aislamiento acústico ha hecho de esta arquitectura pasiva avant la lettre uno de los lugares turísticos más solicitados de España. Hoy se subirte a un tren turístico y dormir en una casa-cueva por precios que van de los 60‑70 euros a más de 120 la noche, según caprichos y jacuzzi.

Tu cueva, mi Airbnb. Airbnb y agregadores como cozycozy listan la “cueva hammam”, “cueva la Tita del Pan” o “Casa Cueva Los Mosaicos”, con jacuzzis, piscinas y puntuaciones sobresalientes. 9,5 en Booking y 4,2 sobre 5 en Airbnb. La comarca se vende bajo la premisa de dormir como un neandertal, pero con Wi‑Fi y bañera de hidromasaje.

Hoy día, vivir en una de estas cuevas no es fácil. Alquilarla ya es otra cosa: trenes turísticos, centros de interpretación y rutas guiadas son parte de este trogloturismo, bajo las coordenadas de la sustentabilidad y la experiencia introspectiva. Lo que antaño fueron chabolas medievales hoy se erigen como bellísimos enclaves que desafían el rigor climático. 

Siempre estuvo ahí. Guadix siempre fue territorio de tierra blanda y abrigos naturales, usado desde la Edad del Bronce. Los estudios arqueológicos identifican ocupaciones humanas que usaban estos bad lands o cárcavas del reborde y el cauce del río de Guadix para protegerse de las inclemencias.

Durante la Edad Media, ese paisaje se cruza con el frente nazarí y, tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, se convierte en lugar de refugio: tras las expulsiones de 1570 y 1609, la hipótesis sitúa el origen del gran barrio hacia finales del siglo XV, cuando moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas de la medina ocupan en clandestinidad estas cuevas y perfeccionan, a pico y pala, la técnica de excavar cerros enteros siguiendo el saber de los alarifes. El historiador accitano Carlos Javier Garrido recalca que este refugio de perseguidos también fue respuesta social a una ciudad dominada por oligarquías. Una rebelión silenciosa.

Desamortización y nuevas reglas. En 1920, el barrio llega a albergar al 60% de la población de la ciudad. No fue hasta en los años 50 del siglo XX cuando las excavaciones masivas ampliaron e inauguraron nuevas casas cueva, ya pensadas como viviendas normales en un barrio más. Las huellas de la Guerra Civil también son notables: el pueblo se quedó sin ermita. Hay mucho que ver, en todo caso: la Catedral de la Encarnación, el Palacio de los Marqueses de Villaverde o la propia alcazaba islámica, del siglo XI, sumado a la Ermita Nueva, en blanco nuclear y capilla completamente labrada bajo roca.

Con la llegada de carreteras nacionales bordeando la montaña, electricidad, televisión y emigración, familias locales convirtieron estos viejos taludes enclavados en “casa de verano” para escapar del calor. Fue entonces cuando el barrio empezó a ser visto desde fuera más como paisaje pintoresco que como espacio de marginalidad.

Llegó el progreso y el BOE. Hasta hace nada, urbanísticamente, las casas cueva vivían en un limbo: eran vivienda, pero no encajaban en las categorías estándar de la normativa. La nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA) y su reglamento dedican por primera vez un título entero al hábitat troglodítico, definiendo qué es una cueva, qué es un barrio de cuevas y qué es un “municipio troglodítico” (Artículo 421).

La norma fija condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad: servicios de agua y saneamiento, superficie mínima de 30 m², ventilación suficiente, evacuación adecuada de aguas pluviales y garantías de estabilidad del terreno excavado. Los planes generales de ordenación ahora están obligados a indicar medidas para su protección, conservación y mejora, desde mantener la capa exterior de tierra hasta preservar los canales naturales de evacuación de lluvia. 

Ver las cuevas. El itinerario promedio incluye la panorámica del centro, Teatro Romano, muralla árabe, Alcazaba, barrios histórico y judío y, finalmente, parada de unos 45 minutos en la zona troglodita para visitar miradores, una iglesia‑cueva única y el Centro de Interpretación de las Cuevas.

Eso sí, quien reserva manda sobre quien aparece al tuntún: las visitas al barrio de cuevas se llenan, sobre todo en horario de mañana y fines de semana. El tren suele operar con salidas cada 40–60 minutos en horario de mañana. El recorrido son unos 75 minutos, con comentarios grabados en varios idiomas. El Centro de Interpretación reabrió en abril de 2026 con un nuevo horario: de lunes a sábado abre de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, y los domingos hasta las 14:30.

A dormir bajo el cerro. La otra experiencia es quedarse, literalmente, a pasar la noche bajo tierra. Una noche en pareja suele rondar los 110 euros la noche, subiendo hasta los 170–200 euros en opciones con piscina, jardín amplio o servicios extra. Portales de alquiler como Rentalia muestran casas cueva en Guadix desde 65 euros por noche, dependiendo siempre de las fechas y estancia mínima según temporada.

Irónico contraste: las autoridades civiles y eclesiásticas nunca estuvieron conformes: Alonso de Medrano en 1618 y el corregidor Josef Miret, en 1786, quisieron erradicar el barrio demoliéndolo. "Lo que las autoridades quisieron borrar dos veces es hoy la marca turística de la ciudad" remata Carlos Javier Garrido García en su monográfico ‘Las cuevas de Guadix en la Edad Moderna (1489-1808)’.

Imágenes | Ayto. de Guadix

En Xataka | Un pequeño pueblo de Guadalajara ha duplicado su población en los últimos años. Su secreto: declararse independiente

En Xataka | Un pueblo de Segovia de 3.700 vecinos tiene un idioma propio con siglos de historia. El motivo: hacer negocios

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Guadix fue uno de los últimos rincones de Europa donde se vivió en cuevas. Hoy se han convertido en un refugio climático

fue publicada originalmente en

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Isra Fdez

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