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En Alicante son expertos haciendo obras con arte antiguo. Hasta que han encontrado una esfinge romana incrustada en una escalera

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En Alicante son expertos haciendo obras con arte antiguo. Hasta que han encontrado una esfinge romana incrustada en una escalera

El reciclaje en la arquitectura de la Antigüedad (o la Edad Media) no era ni una sensibilidad ecológica ni una corriente estética. Más bien era supervivencia económica pura y dura. Si disponías de piedra cuadrada de buena calidad, adelante, a construir. Poco importaba si esa piedra había formado parte de un templo dedicado a Júpiter, si era la estatua de un emperador caído en desgracia o, como en este caso, una criatura mitológica.

Tiene un nombre: el canibalismo arquitectónico se lo conoce en el mundo del arte como spolia. Y gracias (o por culpa) de ella, la arqueología española acaba de resolver un misterio que llevaba décadas acumulando polvo en un almacén. En el yacimiento arqueológico de El Monastil, enclavado en la localidad de Elda (Alicante), los investigadores han “desencriptado” una pieza que llevaba demasiado tiempo camuflada bajo una identidad falsa.

La lluvia haciendo de arqueóloga. Todo empezó en el año 2000, durante los arduos trabajos de excavación de una muralla tardorromana situada en El Monastil. Los operarios desenterraron una escalera de tres peldaños que parecía el típico hallazgo estructural de rutina. Al año siguiente, el clima levantino hizo su magia: unas lluvias torrenciales barrieron la zona y provocaron el colapso de los sillares, exponiendo novedades.

Al inspeccionar los daños, el equipo liderado por el arqueólogo Antonio M. Poveda descubrió que uno de los bloques no era piedra de cantera convencional. Las marcas deliberadas delataban una historia previa. ¿Cuál? Que alguien, durante la ocupación visigoda o bizantina en los siglos V o VI, mutiló una escultura monumental, recortándola a golpe de maza para convertirla en un simple escalón.

Veinte años de confusión. Labrada en caliza beige local, apenas medía 31 centímetros de alto y 55 de ancho, lo que queda es una fracción minúscula de su volumen original. A esta esfinge le faltaban la cabeza, las alas y las patas, con una superficie tan erosionada por los golpes que su identificación se convirtió en un dolor de cabeza: ¿una figura femenina íbera o una diosa random?

No fue hasta el año pasado, cuando el Museo Arqueológico de Elda acometió una limpieza profunda, cuando, en colaboración con el catedrático Ferrán Arasa i Gil, uno de los mayores expertos en escultura romana de España, se compararon restos. Y la forma coincidía demasiado bien con otras esfinges encontradas en limes germánicos, de Rumanía y el norte de Italia. El veredicto fue unánime: una esfinge funeraria romana del siglo I d.C.

Museo

El sofisticado sistema de seguridad para el más allá. Esta criatura de origen egipcio y trazas griegas no es ningún adorno. Y aquí está la clave: es un psicopompo, el guía encargado de recoger el alma del difunto y transportarla. Su presencia en la tumba cumple una función apotropaica: la mirada fiera y postura híbrida, con cuerpo de león y torso de mujer, existen para ahuyentar a los saqueadores y proteger el sueño eterno de quien descansaba bajo ella. ¿Has visto ‘La historia interminable’? Sus famosas esfinges fulminadoras se inspiran en lo mismo.

Al parecer, el propietario de esta pieza formaba parte de la élite rural de Ilici Augusta (actual Elche). Eran terratenientes que, en una época de gran prosperidad bajo Augusto y los Julio-Claudios, competían por exhibir estatus social mediante mausoleos monumentales. Levantados junto a la Vía Augusta. Así que la figura era otro estandarte de poder y prestigio en plena romanización.

Expolia bien sin mirar a quién. Para los visigodos, la esfinge ya no era un símbolo sagrado. El caso de Elda, con ese desdén por el pasado artístico en favor del pragmatismo, rima bastante bien con otros reciclajes impuestos en Baetulo (Badalona), Segóbriga (Cuenca), Obulco (Jaén) o Carissa Aurelia (Cádiz).

El ejemplo más canónico lo encontramos en la mezquita de Córdoba: Abderramán I reutilizó columnas y capiteles romanos y visigodos, del templo de Jano, de villas y basílicas cristianas anteriores, para levantar el bosque de columnas de la sala de oración. En Toledo, el Cristo de la Luz es la antigua mezquita Bab al-Mardum. San Pedro de la Nave, en Zamora, era una iglesia visigoda del siglo VII desmontada y remontada como un collage. Y lo mismo con la basílica de Santa Eulalia, en Mérida, construida sobre un templo romano dedicado a Marte. Hasta el minarete almohade de la Giralda de Sevilla se convirtió en campanario cristiano por las bravas.

Lo que hace especial al Monastil es que es una inagotable "matrioska" de civilizaciones. Este yacimiento alicantino es una cápsula del tiempo donde se solapan la Edad del Bronce, la presencia púnica, la base militar romana de la época de Pompeyo, el monasterio bizantino y la posterior iglesia visigoda. En esta inmensa red de estratos es fácil encontrar la historia troceada y reubicada, fuera de contextos para los que fue creada. Muchos yacen ahora en el almacén del museo de Elda, tesoros pendientes de reclasificarse y reescribir la historia arqueológica.

Imágenes | FoxR para Wikipedia, Flickr (Santiago López-Pastor)

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La noticia

En Alicante son expertos haciendo obras con arte antiguo. Hasta que han encontrado una esfinge romana incrustada en una escalera

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por

Isra Fdez

.

 El reciclaje en la arquitectura de la Antigüedad (o la Edad Media) no era ni una sensibilidad ecológica ni una corriente estética. Más bien era supervivencia económica pura y dura. Si disponías de piedra cuadrada de buena calidad, adelante, a construir. Poco importaba si esa piedra había formado parte de un templo dedicado a Júpiter, si era la estatua de un emperador caído en desgracia o, como en este caso, una criatura mitológica.

Tiene un nombre: el canibalismo arquitectónico se lo conoce en el mundo del arte como spolia. Y gracias (o por culpa) de ella, la arqueología española acaba de resolver un misterio que llevaba décadas acumulando polvo en un almacén. En el yacimiento arqueológico de El Monastil, enclavado en la localidad de Elda (Alicante), los investigadores han “desencriptado” una pieza que llevaba demasiado tiempo camuflada bajo una identidad falsa.

La lluvia haciendo de arqueóloga. Todo empezó en el año 2000, durante los arduos trabajos de excavación de una muralla tardorromana situada en El Monastil. Los operarios desenterraron una escalera de tres peldaños que parecía el típico hallazgo estructural de rutina. Al año siguiente, el clima levantino hizo su magia: unas lluvias torrenciales barrieron la zona y provocaron el colapso de los sillares, exponiendo novedades.

Al inspeccionar los daños, el equipo liderado por el arqueólogo Antonio M. Poveda descubrió que uno de los bloques no era piedra de cantera convencional. Las marcas deliberadas delataban una historia previa. ¿Cuál? Que alguien, durante la ocupación visigoda o bizantina en los siglos V o VI, mutiló una escultura monumental, recortándola a golpe de maza para convertirla en un simple escalón.

Veinte años de confusión. Labrada en caliza beige local, apenas medía 31 centímetros de alto y 55 de ancho, lo que queda es una fracción minúscula de su volumen original. A esta esfinge le faltaban la cabeza, las alas y las patas, con una superficie tan erosionada por los golpes que su identificación se convirtió en un dolor de cabeza: ¿una figura femenina íbera o una diosa random?

No fue hasta el año pasado, cuando el Museo Arqueológico de Elda acometió una limpieza profunda, cuando, en colaboración con el catedrático Ferrán Arasa i Gil, uno de los mayores expertos en escultura romana de España, se compararon restos. Y la forma coincidía demasiado bien con otras esfinges encontradas en limes germánicos, de Rumanía y el norte de Italia. El veredicto fue unánime: una esfinge funeraria romana del siglo I d.C.

El sofisticado sistema de seguridad para el más allá. Esta criatura de origen egipcio y trazas griegas no es ningún adorno. Y aquí está la clave: es un psicopompo, el guía encargado de recoger el alma del difunto y transportarla. Su presencia en la tumba cumple una función apotropaica: la mirada fiera y postura híbrida, con cuerpo de león y torso de mujer, existen para ahuyentar a los saqueadores y proteger el sueño eterno de quien descansaba bajo ella. ¿Has visto ‘La historia interminable’? Sus famosas esfinges fulminadoras se inspiran en lo mismo.

Al parecer, el propietario de esta pieza formaba parte de la élite rural de Ilici Augusta (actual Elche). Eran terratenientes que, en una época de gran prosperidad bajo Augusto y los Julio-Claudios, competían por exhibir estatus social mediante mausoleos monumentales. Levantados junto a la Vía Augusta. Así que la figura era otro estandarte de poder y prestigio en plena romanización.

Expolia bien sin mirar a quién. Para los visigodos, la esfinge ya no era un símbolo sagrado. El caso de Elda, con ese desdén por el pasado artístico en favor del pragmatismo, rima bastante bien con otros reciclajes impuestos en Baetulo (Badalona), Segóbriga (Cuenca), Obulco (Jaén) o Carissa Aurelia (Cádiz).

El ejemplo más canónico lo encontramos en la mezquita de Córdoba: Abderramán I reutilizó columnas y capiteles romanos y visigodos, del templo de Jano, de villas y basílicas cristianas anteriores, para levantar el bosque de columnas de la sala de oración. En Toledo, el Cristo de la Luz es la antigua mezquita Bab al-Mardum. San Pedro de la Nave, en Zamora, era una iglesia visigoda del siglo VII desmontada y remontada como un collage. Y lo mismo con la basílica de Santa Eulalia, en Mérida, construida sobre un templo romano dedicado a Marte. Hasta el minarete almohade de la Giralda de Sevilla se convirtió en campanario cristiano por las bravas.

Lo que hace especial al Monastil es que es una inagotable "matrioska" de civilizaciones. Este yacimiento alicantino es una cápsula del tiempo donde se solapan la Edad del Bronce, la presencia púnica, la base militar romana de la época de Pompeyo, el monasterio bizantino y la posterior iglesia visigoda. En esta inmensa red de estratos es fácil encontrar la historia troceada y reubicada, fuera de contextos para los que fue creada. Muchos yacen ahora en el almacén del museo de Elda, tesoros pendientes de reclasificarse y reescribir la historia arqueológica.

Imágenes | FoxR para Wikipedia, Flickr (Santiago López-Pastor)

En Xataka | Si la pregunta es cómo se hicieron las pirámides de Egipto, la ciencia tiene una idea: sistemas hidráulicos

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En Alicante son expertos haciendo obras con arte antiguo. Hasta que han encontrado una esfinge romana incrustada en una escalera

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