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Con las unidades ucranianas secretas de drones que han frenado la ofensiva rusa

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Consciente de su valor, Ucrania repliega a sus pilotos de drones de la 'zona de la muerte' y los agrupa en centros tecnológicos ocultos, como los que coordina el Grupo Lazar, uno de los más efectivos Leer Consciente de su valor, Ucrania repliega a sus pilotos de drones de la 'zona de la muerte' y los agrupa en centros tecnológicos ocultos, como los que coordina el Grupo Lazar, uno de los más efectivos Leer   

Desde fuera, el emplazamiento sito en un lugar indeterminado de Ucrania parece algo inocuo. Un lugar al que nadie prestaría atención. Sin embargo, en este preciso instante desde esta habitación repleta de ordenadores y pantallas de plasma se coordina la acción "de un millar de drones", asegura el comandante Kyr, jefe del "centro de coordinación" de aeronaves no tripuladas (UAV) que controla esta región.

"Defendemos desde Konstantinivka [una localidad sita en Donetsk] a Energodar [ubicada en Zaporiyia]", indica el jefe militar, que antaño se desempeñaba como comerciante de grano, una particularidad que comparte con otro de los estrategas del ejército de drones de este país, Robert Magyar Brovdi, el máximo responsable de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados (USF).

En los monitores lo mismo se puede apreciar como eliminan a un soldado ruso en directo -se le ve agitarse, en medio del fuego que ha generado el explosivo que le ha lanzado el UAV- que apreciar la humareda que surge de una arboleda sita en las zonas ocupadas por los uniformados de Moscú. Los ucranianos la acaban de bombardear con misiles de medio alcance y drones.

"Esa es nuestra respuesta. Los vamos a matar a todos", indica Kyr. Se refiere a la reacción que han tomado tras la súbita ofensiva aérea que iniciaron el pasado día 27 sus adversarios contra la ciudad de Zaporiyia, a donde enviaron varios FPV (pequeños drones) que atacaron dos autobuses y la sede del gobernador local.

Aquí hay decenas de jóvenes. Ninguno porta uniforme. La amplia mayoría van con bermudas y chancletas de playa. Bragman (su apodo militar) podría ser uno de esos hípsters de barba poblada, que no desentonaría en cualquier capital europea. De hecho, es un ingeniero de 34 años que admite su devoción por todo lo relacionado con las tecnologías de la información.

Su misión es controlar, identificar y señalar el emplazamiento de la artillería enemiga mediante el sistema que diseñó junto a uno de sus conocidos. Recibe información de drones con modelos acústicos y sensores que permiten identificar la "huella acústica" -así se apoda en el argot militar- de cada uno de esos artilugios bélicos. Su ordenador muestra decenas de cuadrículas rojas. "Son los que hemos atacado", apunta.

En el habitáculo de al lado, Safari -aquí todos se identifican con apodos-, explica cómo lograron destruir hace unos meses un "centro de mando" del ejército ruso en Vasylivka, al sur de Zaporiyia, "combinando informaciones de siete fuentes de inteligencia".

"Recopilamos datos de la señal wifi que usan, de las redes sociales que frecuentan, de nuestros agentes sobre el terreno o de las imágenes que recibimos de los drones. Todo eso junto nos permitió identificar la localización, después de tres meses de indagatoria", relata el joven antes de mostrar un vídeo final en el que se ve como una enorme explosión arrasa un emplazamiento.

Los miembros de un equipo de drones de reconocimiento Shark operan desde un búnker cercano al frente.
Los miembros de un equipo de drones de reconocimiento Shark operan desde un búnker cercano al frente.ALBERT LORES

Hay otra estancia donde un enésimo grupo diseña una operación de lanzamiento de minas. Crash -ese es su apodo- exhibe un mapa detallado de la geografía elegida y señala los puntos donde deben caer. "Aquí [añade] dejaremos colocado un dron emboscado [los de fibra óptica que permanecen inmóviles hasta encontrar un objetivo]", precisa.

La sala principal de reuniones exhibe una ingente pantalla donde se contabilizan las actividades del "centro de coordinación" de forma sistemática. Ahí se leen los objetivos que han atacado cada mes. El 28 de junio, cuando este periodista visitó el enclave, eran 6.641.

"Hemos obligado a retirar a los rusos de al menos cuatro aldeas en el sur de Zaporiyia. Les hemos obligado a retroceder unos 15 kilómetros", estima Kyr, que además de responsable del complejo también es uno de los jefes de filas de la unidad de élite Grupo Lazar, una de las más efectivas de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania.

El Grupo Lazar surgió de la iniciativa del empresario y ex productor de televisión Pavlo Yelizarov, que, como otros muchos ucranianos, se incorporó como voluntario a las fuerzas que intentaban frenar la invasión general rusa en 2022.

Cuando los ucranianos bloquearon la primera acometida rusa en Kiev, Pavlo se desplazó a Zaporiyia y allí descubrió los drones al entrar en contacto con una unidad de fuerzas especiales que los había empezado a utilizar.

Según relató a la revista Forbes, el antiguo empresario adquirió un dron agrícola a un grupo de traficantes dedicados al negocio ilegal de cigarrillos por 10.000 dólares y, el 6 de mayo de 2022, el aparato realizó su primer vuelo con una mina antitanque.

Kyr indica que al principio sólo había muy pocos pilotos. Cinco, según la contabilidad de Forbes. "Estaba Fish (pescado) y Fénix. Eran gente que decidieron experimentar con drones agrícolas, que se vincularon a [satélites] Starlink. Así empezó todo", añade. La agrupación militar se estableció oficialmente en septiembre de 2022.

Él se sumó en noviembre de ese año, tras combatir junto a varias decenas de soldados de infantería en Donbás, resultar herido y descubrir su primer Mavic (un dron chino), cuando lo manejaba uno de sus subalternos. "Vi que era el futuro", recuerda.

En estos años, Lazar se ha convertido en una de las unidades más reputadas de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados. Según la clasificación que se actualiza cada mes, siempre suele figurar entre las cinco unidades más letales del país junto a otros nombres que repiten en ese listado, como las fuerzas especiales Alfa y los Pájaros de Magyar del citado Brovdi.

Cuando el presidente Vladimir Putin se vanagloriaba el año pasado que sus drones habían destruido material enemigo por valor de 2.000 millones de dólares, la revista Forbes aclaró en un artículo que "sólo" Lazar había dejado inoperativos miles de tanques, piezas de artillería y otro largo listado de parafernalia bélica, cuyo precio estimó en más de 12.000 millones de dólares.

Un piloto de un equipo de drones de ataque Hornet del Grupo Lazar.
Un piloto de un equipo de drones de ataque Hornet del Grupo Lazar.ALBERT LORES

El enorme centro de mando que coordina Kyr forma parte de toda una cadena de recintos ocultos donde ahora se agrupan los expertos ucranianos en el pilotaje de drones. La brutal guerra que se libra en el territorio del país europeo ha registrado un enésimo giro táctico. Conscientes de la importancia crucial que han adquirido los expertos en el manejo de los UAV, que están determinando la suerte del conflicto, Kiev ha decidido retirar a los pilotos de la llamada "zona de la muerte" -antes se escondían en búnkers en la primera línea- y reunirlos en grandes salas que semejan ser un centro de videojuegos, pero que transmiten la terrible realidad de la guerra en directo.

"Los drones cuestan cientos o pocos miles de euros. Pero los pilotos son muy valiosos. Necesitamos entre tres meses y un año para formarlos. El traslado de pilotos es un fenómeno que se ha generalizado este año. Hemos aumentado la potencia de nuestras baterías y el alcance de las antenas [que mantienen la conexión con los UAV]. Cuando comenzó Lazar teníamos que actuar a 3 o 5 kilómetros del frente con nuestros Mavic [drones de reconocimiento]. Ahora podemos estar a 40 o 60 kilómetros", precisa Kyr.

La crucial trascendencia de los "timoneles" de estos UAV se entiende mejor si se observa cuantas posiciones de pilotos rusos han sido bombardeadas por las fuerzas bajo el control de Kyr. En la pantalla se ven más de una veintena de emplazamientos marcados en rojo. "Son los que hemos atacado. Tenemos que usar entre 10 y 12 drones FPV para acabar con ellos porque son muy buenos construyendo sus búnkers. A veces arrasamos el lugar, vemos que la casa está aplastada, pero a los dos días vuelven a salir drones de allí", admite el comandante.

El dirigente militar acompaña a otro recinto similar, en otra ubicación alejada del centro de mando. Están diseminados por muchas zonas. "Hay pilotos dispersos por todo el país", apunta Kyr. Esta es una habitación donde actúan tres tripulaciones. Están tripulando drones Hornet, destinados a golpear la logística rusa que abastece Crimea. Uno de sus monitores muestra a una furgoneta rusa presa de las llamas, que han destruido hace poco.

"Los rusos han empezado a camuflar sus camiones militares pintándolos de blanco, por ejemplo. Pero los reconocemos porque llevan unidades móviles antiaéreas para protegerlos o sistemas REP en el techo [de interferencia electrónica]", comenta Da Vinci, el responsable de este enclave.

Operativos como el que organiza Da Vinci se encuentran vinculados a la actividad de otros pilotos instalados ya en la zona de la muerte como la unidad de reconocimiento que se oculta en un refugio bajo tierra, rodeado de árboles y mallas de camuflaje.

Denis se comunica en este instante con sus camaradas que manejan el AUV que intenta golpear a un convoy de camiones que recorre las inmediaciones de la localidad de Melitopol, en la Zaporiyia ocupada. Las cámaras de sus Shark (drones de reconocimiento) muestran el mar de Azov al fondo.

Atención, hay un zalupa[un capullo, se refiere a un dron ruso] en el cielo! ¡Está acompañado de un Molniya! Todo el mundo dentro del búnker", clama en ese preciso instante otro de los uniformados.

El "centro de coordinación" del sureste de Ucrania mantiene una pugna muy personal desde finales del año pasado con otra agrupación de élite rusa. La temida Brigada Varyag, que se estableció a partir de una escisión de Rubicón, otra conocida unidad de drones Moscú.

"Es una de las mejores unidades de sistemas no tripulados de Rusia. Están equipados con algunos de los mejores drones disponibles, incluidos aparatos experimentales y de fibra óptica con un alcance de hasta 30 kilómetros", reconoció Vladyslav Voloshyn, portavoz de las Fuerzas Armadas ucranianas que defienden el sur de Ucrania, hace pocas semanas.

Un duelo entre pilotos de élite que recuerda al que libraron los míticos "ases voladores" como el Barón Rojo alemán o el canadiense Billy Bishop durante la Primera Guerra Mundial. "Esta es una pelea de pilotos de drones", reconoce Kyr.

Según el ucraniano, los Varyag llegaron a Zaporiyia en junio. "Se han instalado en la central nuclear de Energodar. La usan como escudo. Comenzaron a actuar en mayo en Nikopol. Ya los derrotamos allí pero han recibido nuevo material. Da igual. Los buscaremos y los mataremos a todos", indica.

La evolución de la guerra de drones que se libra en Ucrania ha llevado a la aparición de una nueva camarilla de uniformados especializados exclusivamente en el despliegue de estos UAV. Los llamados spotter (observadores). Son personajes que arriesgan al máximo su vida acercándose a la zona de confrontación para lanzar físicamente el artilugio volante, que será pilotado desde la distancia.

Para llegar hasta su emplazamiento hay que atravesar estepas marcadas por enormes zanjas repletas de alambre de espino, túmulos de tierra y búnkers que apenas sobresalen del subsuelo. Ucrania ha diseñado un complejo sistema de líneas defensivas en el sureste del país para impedir la progresión rusa.

Lazar diseña sus propios drones. Como los que está a punto de transferir a la línea de confrontación la camarilla que dirige Cuba, un militar de 54 años. Se trata de un bombardero pesado, que en esta ocasión transporta tres explosivos. "Puede volar hasta 80 kilómetros por hora y recorrer unos 40 kilómetros", explica el ucraniano.

El pelotón se oculta en una foresta protegido por otros dos miembros del equipo de Kyr equipados con fusiles de cartuchos anti-UAV. "Hay muchos FPV rusos sobrevolando el área", apunta otro de los presentes.

El viaje hasta el lugar del lanzamiento es una pura lotería. Cuba dice que usan vehículos blindados, sistemas de interferencia electrónica y sus propios fusiles "cazadrones". "Pero hablar de seguridad en este trabajo es algo hipotético. No hay protección absoluta", admite.

Conforme conduce por la región en un vehículo comunicado siempre vía satélite, Kyr recibe noticias de la acometida aérea rusa contra Zaporiyia. Los vídeos son estremecedores. Uno de ellos muestra una furgoneta de transporte público desvencejada y repleta de sangre, con dos cadáveres tendidos en el asfalto. Otro muestra cómo un FPV ruso se abalanza contra un autobús también repleto de pasajeros. La tragedia se evita por centímetros, cuando el aparato se empotra contra el semáforo y explota al paso del vehículo. "Los rusos pelean de forma muy sucia. Es puro terror. ¿Qué finalidad militar tiene un autobús de pasajeros?", se pregunta.

 

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