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La salida de Starmer da un toque de incertidumbre a la complicada relación entre Reino Unido y la UE
El aún primer ministro británico se acercó a Bruselas sin cruzar límites como la libertad de movimiento Leer El aún primer ministro británico se acercó a Bruselas sin cruzar límites como la libertad de movimiento Leer
Para la Unión Europea, la anunciada salida de Keir Starmer de Downing Street es un momento amargo. El primer ministro británico, fiel a la timidez política que hace dos años le llevó al poder a base de no tomar riesgos y que ahora, tal vez, le haya costado el cargo, ha hecho todo lo que ha podido para acercar al Reino Unido a la UE pero sin cruzar sus ’líneas rojas': la libertad de movimiento de personas, la unión aduanera, el mercado único y, por supuesto, la readmisión.
Con Starmer, Londres y Bruselas se acercaron a base de memorandos de entendimiento, grupos de trabajo y acuerdos técnicos. A veces, las negociaciones recordaron los viejos tiempos en los que el Reino Unido estaba en la UE, como cuando, en 2025, Bruselas y Londres alcanzaron, en plena madrugada del último día de plazo, un acuerdo pesquero que el eurófobo diario The Daily Telegraph tituló con una llamada a las armas: "Así entregó Starmer las aguas británicas a los europeos".
Nadie espera un cambio sustancial cuando Andy Burnham llegue al poder, lo que parece que sucederá en julio o agosto. Pero siempre existe la posibilidad de roces. Y eso es lo que está pasando entre el primer ministro in pectore y el saliente, precisamente en dos cumbres de enorme influencia para Europa que se celebran en julio: la de la OTAN y la de la UE y el Reino Unido.
La cuestión de la OTAN parece la más relevante. A pesar de las promesas del Gobierno de que no habría nuevos proyectos de inversión del Estado en lo que queda de mandato de Starmer, ayer Londres anunció que hará público en las próximas dos semanas el plan de aumento del gasto en defensa de aquí a 2030, que destina 13.500 millones de libras (15.700 millones de euros) a esa partida. Starmer, así, planea llegar a la 'cumbre' de la OTAN de Ankara, el 7 y 8 de julio, con ese anuncio.
Es una decisión, además, controvertida porque no es suficiente, según sus críticos. Entre ellos destaca John Healey, que dimitió del cargo de ministro de Defensa hace dos semanas por considerarlo insuficiente. Para Healey, esa subida solo hará que el gasto suba del 2,6% al 2,68% del PIB en 2030, muy lejos del 3% que el Reino Unido se marcó como objetivo el 25 de febrero de 2025, y a una distancia abismal del 3,5% que los países de la OTAN (salvo España) se comprometieron a gastar en 2025 en defensa (más otro 1,5% seguridad, infraestructuras críticas y resiliencia).
Para Burnham, el anuncio sería un golpe. Si alcanza el cargo de primer ministro, se vería obligado a aceptar los planes de Starmer o a cambiar de nuevo los planes de defensa, justo en un momento en el que Londres sufre para cuadrar unos presupuestos que no aceptan margen de error debido a la enorme deuda del país.
La otra cumbre afectada por el relevo en Downing Street es la que el Reino Unido y la UE van a celebrar el 22 de julio en Bruselas, que ha sido suspendida por Bruselas debido, precisamente, al cambio de primer ministro. Según el diario británico Financial Times, la decisión ha sentado muy mal al Gobierno de Starmer. En Bruselas, sin embargo, rechazan que se haya producido ningún tipo de enfado por parte del premier saliente o de su equipo. El hecho de que se haya pospuesto la cumbre UE-Reino Unido se debe, aducen, a motivos prácticos. Por una parte, para que Londres tenga tiempo para tratar de ordenar su situación interna. Y, por otro, porque tampoco acaba de tener sentido que la reunión se lleve a cabo con un líder que ya ha avisado que se va a ir de Downing Street después de verano. En la capital comunitaria entienden que es mejor reunirse ya con el próximo responsable británico, y estudiar con él los próximos pasos. Porque eso no parece estar en duda: la intención es seguir estrechando las relaciones y la integración entre ambas partes.
No todos están, sin embargo, convencidos de que haya posibilidades para avanzar mucho más en la relación entre las dos orillas del Canal de la Mancha. Según fuentes conocedoras de la situación, Irlanda, que asume la presidencia de turno de la UE dentro de una semana, duda de que merezca la pena seguir avanzando en la integración británica en la arquitectura comunitaria más allá de las áreas que ya están siendo negociadas: estándares fitosanitarios, movilidad de jóvenes, defensa – el factor crítico -, mercados de electricidad y de emisiones de gases de efecto invernadero, y cooperación judicial y policial, en especial contra la inmigración ilegal.
Aunque no ve con malos ojos a Burnham, Bruselas echará de menos a Starmer. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, apuntó el lunes que el británico abrió "un nuevo capítulo en la relación" entre Reino Unido y la UE después del Brexit. "Fue un momento realmente emotivo para todos nosotros. Y desde entonces, trabajamos muy de cerca con él y progresamos mucho en nuestra relación bilateral", incidió el ex primer ministro portugués. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, alabó la contribución del premier a la defensa común. "Pueden pasar muchos años antes de que muchos líderes alcancen la talla de estadista que tú has logrado en solo dos años. La seguridad de Europa y de Ucrania es hoy más fuerte gracias a ti", apuntó en redes sociales.
