La tecnología cambió la forma de hacer, producir, distribuir y mirar cine. En la industria audiovisual, los avances digitales permiten desarrollar procesos de animación más sofisticados, acceder a herramientas de investigación en tiempo real y ampliar la capacidad de las historias para viajar más allá de sus países de origen.
Sin embargo, aunque los avances tecnológicos faciliten los procesos creativos y de producción, la esencia de la industria audiovisual sigue estando en contar bien una historia. Así lo entiende César Zelada, nominado a Mejor Película de Animación por “Kayara” en la XIII edición de Premios Platino Xcaret, quien aseguró que la inteligencia artificial (IA) encontraría su propio lugar dentro del cine, pero no desplazaría la esencia narrativa.
César Zelada y Sue Caballero.
“Las películas, más allá de la tecnología, de la técnica o del proceso, son historias que tienen que ser contadas, ya sea con IA o sin IA, pero tienen que ser contadas bien”, planteó Zelada, durante su paso por la Alfombra de los Premios Platino Xcaret. Desde su mirada, la narrativa debía venir “del corazón”, una dimensión que, aseguró, la inteligencia artificial no posee.
En el caso de la animación, la digitalización permite ampliar los recursos visuales, acelerar procesos y mejorar los acabados técnicos, pero Zelada considera que una de las mayores transformaciones no proviene únicamente de las herramientas, sino de la globalización digital.
Antes, explicó, las industrias audiovisuales estaban más encapsuladas en sus propias regiones. Luego, internet, las plataformas y las redes sociales abrieron nuevas ventanas para que historias locales pudieran conectar con públicos internacionales.
Esa apertura fue clave para películas como “Kayara“, inspirada en el universo del Imperio inca, y para su anterior producción, “Ainbo”. Ambas lograron viajar a mercados que, en principio, podían parecer lejanos para una historia latinoamericana.
Zelada contó que una de las mayores sorpresas fue la recepción de sus películas en países como Rusia, Corea, Ucrania o Croacia. “Me parece raro ver a mis personajes incas hablando en ruso”, comentó, al destacar cómo una historia nacida en América Latina podía encontrar eco en audiencias de culturas muy distintas.
Esta realidad evidenció que la tecnología no solo mejoró los procesos de producción, sino que también amplió las posibilidades de circulación. Una película ya no depende únicamente de su mercado local, porque ya puede viajar, doblarse, subtitularse, compartirse y generar conexión emocional en territorios impensados.
Una visión similar compartieron Chelo Loureiro e Iván Miñambres, nominados a Mejor Película de Animación por “Decorado“, dirigida por Alberto Vázquez. Para Loureiro, el cine latinoamericano está viviendo un proceso de crecimiento y consolidación. A su juicio, los creadores han entendido cada vez más la importancia de pensar sus historias para que puedan viajar internacionalmente.
Iván Miñambres y Chelo Loureiro.
“El cine latinoamericano está creciendo y, sobre todo, entendiendo muy bien que tiene que salir al exterior”, afirmó. Para la productora, siempre ha existido talento en la región, pero en este momento hay una generación joven con mayor preparación, más oportunidades y una visión más clara sobre la dimensión internacional del cine.
Loureiro consideró que uno de los grandes cambios estaba en la profesionalización. Los cineastas ya no solo se concentraban en hacer la película, sino también en comprender cómo esa obra podía circular, comercializarse y encontrar públicos fuera de su país de origen.
“Cuando un cine está naciendo, lo importante es llegar a hacer esa película. Cuando ya se consolida, esa película tiene que viajar”, explicó. Desde su perspectiva, ese salto demuestra que el cine iberoamericano está dejando de verse como una producción aislada para asumir una vocación más global.
Miñambres añadió que la tecnología también ha transformado los referentes. La posibilidad de compartir películas, acceder a obras de distintos países y conocer otras formas de producción ha enriquecido el lenguaje visual y narrativo de los creadores.
Para Miñambres, esa circulación permite que los cineastas vean “otras maneras de hacer”, tanto desde el punto de vista artístico como técnico. Esa exposición, lejos de uniformar las historias, puede impulsar a más creadores a contar relatos auténticos, con identidad propia y desde sus contextos culturales.
El impacto de la tecnología también se refleja en áreas menos visibles para el espectador, pero fundamentales para la construcción audiovisual, como el maquillaje, la peluquería y la caracterización de personajes.
Marcos Cáceres y Dolores Giménez, ganadores de Mejor Maquillaje y Peluquería en Miniserie o Teleserie por Menem, coincidieron en que la inteligencia artificial podía servir como herramienta de apoyo en los procesos creativos. Puede ayudar a visualizar referencias, explorar posibilidades estéticas y facilitar ciertas etapas de preparación. Sin embargo, advirtieron que la construcción de un personaje sigue requiriendo sensibilidad, investigación y trabajo humano.
Dolores Giménez y Marcos Cáceres.
Giménez explicó que antes de llegar al set existía un largo período de preparación. El maquillaje y la peluquería no se reducían a aplicar productos o diseñar un peinado. Se trataba de construir una imagen coherente con la historia, el contexto, el actor y la visión del director.
Esa caracterización se trabajaba junto al intérprete y al equipo de dirección. Por eso consideró que, en tiempos de inteligencia artificial, el maquillaje cobra incluso mayor importancia, porque ayuda a humanizar a los personajes y a acompañar la expresión. “Es muy importante cómo el maquillaje acompaña la expresión del actor o de la actriz, y eso con inteligencia artificial no se logra”, planteó.
Para Cáceres, el maquillaje en el cine tiene la capacidad de crear líneas de expresión, marcar el paso del tiempo, reflejar emociones y vincular al personaje con el contexto de la historia. Su trabajo consiste en buscar naturalidad, favorecer la expresión y contribuir a la construcción del personaje.