Connect with us

Mundo

Las acusaciones del Gobierno de Trump contra Reino Unido por el caso Nowak tensan la relación entre Londres y Washington

Published

on

El Departamento de Estado de EEUU carga contra "el condicionamiento ideológico" de la Policía británica, comentario que Londres califica de "caricatura" Leer El Departamento de Estado de EEUU carga contra "el condicionamiento ideológico" de la Policía británica, comentario que Londres califica de "caricatura" Leer   

La controversia desatada en el Reino Unido por la muerte de Henry Nowak, de 18 años, porque la Policía no le hizo caso tras haber sido apuñalado cinco veces por Vickrum Digwa, de 23, que le había acusado falsamente de agredirle por su raza ha saltado fuera de las fronteras del Reino Unido. El Gobierno de Donald Trump ha repetido las críticas del líder del partido ultranacionalista y anti inmigración Reform UK, Nigel Farage, y ha acusado formalmente al Reino Unido de tener un sistema policial que trata a los ciudadanos de manera diferente en función del color de su piel.

Londres ha respondido rechazando esas acusaciones, formuladas por el Departamento de Estado y el propio vicepresidente, JD Vance, mientras la tensión política continúa, y seis personas más han sido formalmente imputadas por participar en disturbios en la ciudad de Southampton, en la que tuvo lugar la muerte de Nowak, cuyos detalles sólo se han hecho públicos ahora.

Primero fue el Departamento de Estado el que emitió un comunicado, que colgó en redes sociales, declarando que "el condicionamiento ideológico" de la Policía y el establecimiento de un sistema "de doble rasero" de lucha contra la delincuencia son "síntomas clamorosos de declive civilizacional", contra los que "Occidente debe luchar". La terminología no es casual. La expresión "doble rasero" fue aplicada por Farage al referirse a la muerte de Nowak. El primer ministro, el laborista Keir Starmer, calificó esas palabras de "imperdonables". En cuanto a "declive civilizacional", está extraída de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, presentada en diciembre pasado.

Pero el tono de la crisis ha subido unos cuantos grados con la entrada del vicepresidente estadounidense, JD Vance, que en un tuit colgado el jueves por la tarde decía que "Henry Nowak murió de la misma manera en la que muere una civilización: abandonado y esposado por las mismas autoridades que no se preocuparon de él ni le creyeron, y acusado de crímenes de odio que no había cometido".

Vance repetía otra frase de Farage: que la reacción ante la muerte era "una justa furia", lo que parece justificar los disturbios que siguieron al fallecimiento. Y su ataque a Europa le situaba totalmente en la corriente populista del continente, más allá que el propio Farage. Vance afirmaba que Nowak "estaría vivo si las últimas generaciones de las élites europeas se hubieran mantenido firmes contra las políticas del auto-odio y la invasión de inmigrantes en masa, muchos de los cuales desprecian Occidente (…)".

La gran paradoja es que tanto Nowak como Digwa son ciudadanos británicos, pero de origen inmigrante. Las raíces de Nowak son polacas, mientras que las de Digwa son indias. Por tanto, se trata de una cuestión, más que de inmigración, de raza. Y ahí está el quid de la cuestión, porque en los últimos días informaciones publicadas por el diario The Times han señalado que la Policía de Southampton se había sentido coaccionada en sus actuaciones contra la delincuencia por cursos acerca de cómo tratar a diferentes comunidades en los que se enfatiza diferentes actitudes para diferentes comunidades.

Así, la Sanidad pública británica establece en su página web que "un tratamiento equitativo no significa necesariamente tratar a todos igual". Homes England, que suministra vivienda a personas de ingresos bajos, repite casi palabra por palabra la misma frase. Y la Sanidad pública rechaza en su web que igualdad signifique "la verdadera justicia a menudo significa equidad (…) más que tratar a todos igual".

Con esos dos mensajes, los dos principales candidatos a suceder en la Casa Blanca a Donald Trump -si es que este se va, cosa que ha insinuado que no hará pese a que la Constitución de Estados Unidos así lo fija- se han metido hasta el fondo en el debate político británico, algo que ningún Gobierno europeo hizo en casos como el asesinato de George Floyd por la Policía estadounidense, hace ahora seis años.

El Gobierno británico, que intentar preservar a toda costa la relación especial militar y de Inteligencia con Estados Unidos, ha respondido a las acusaciones. El viceprimer ministro y ministro de Justicia, David Lammy, ha calificado el comunicado del Departamento de Estado de "caricatura", mientras que Starmer ha avisado a Vance de "tratar de generar más división".

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *