Connect with us

Ciencia y Tecnología

Estudio apunta a un fenómeno oculto tras la sensación de estar lugares "embrujados"

Published

on

Algo en el aire no cuadra. La piel de gallina sin causa, un peso inexplicable en el sótano, la inquietud que aparece de la nada en un edificio viejo. Durante siglos, esas experiencias se atribuyeron a lo sobrenatural. Hoy, la ciencia ofrece una hipótesis más terrenal: quizás lo que perturba no se ve ni se oye, pero el cuerpo lo percibe de todas formas.

Se llama infrasonido. Ondas sonoras por debajo de los 20 hercios, el límite inferior del oído humano. Están en todas partes –en conductos, sistemas de ventilación o el propio tráfico–, pero también en fenómenos naturales como tormentas, terremotos o volcanes. No las percibimos de forma consciente, pero, según un estudio publicado el 26 de abril en Frontiers in Behavioral Neuroscience, el cuerpo puede reaccionar a ellas.

Para investigarlo, el psicólogo Rodney Schmaltz, de la Universidad MacEwan de Canadá, y sus colegas reclutaron a 36 participantes y los sentaron solos en una habitación. Cada persona escuchó durante cinco minutos melodías relajantes o sonidos inquietantes. La mitad, sin saberlo, también fue expuesta a infrasonidos de 18 Hz emitidos por subwoofers ocultos.

Los sistemas de ventilación y las tuberías de edificios antiguos pueden generar infrasonidos sin que sus ocupantes lo perciban.
Los sistemas de ventilación y las tuberías de edificios antiguos pueden generar infrasonidos sin que sus ocupantes lo perciban.Imagen: Celiafoto/Panthermedia/IMAGO

Cortisol elevado sin razón aparente

Los resultados apuntan en una dirección clara, aunque aún preliminar. Quienes escucharon el infrasonido se declararon más irritables, describieron la música como más triste y mostraron menor interés en lo que oían. Las muestras de saliva revelaron un dato adicional relevante: sus niveles de cortisol –la hormona del estrés– eran más altos que los del grupo de control. Y ninguno pudo detectar que había infrasonido. 

Aún más llamativo es que creer haberlo escuchado no cambió nada. Ni el estado de ánimo ni los niveles de cortisol se vieron afectados por esa percepción. La reacción parecía producirse incluso sin que los participantes fueran conscientes de ello.

Los efectos observados, eso sí, corresponden a una exposición breve, por lo que aún se desconoce su impacto a largo plazo.

Antecedentes científicos

La idea no es completamente nueva. Investigaciones previas ya apuntaban a efectos como ansiedad, malestar o problemas de sueño, aunque con resultados dispares, como recoge Smithsonian Magazine. Parte del obstáculo era técnico: medir el infrasonido en condiciones controladas no es sencillo, como explicó el mismo Schmaltz a Nautilus.

Lo que aporta este trabajo es la evidencia de una relación medible entre el infrasonido y el cortisol, un indicador objetivo del estrés.

El estudio, publicado en "Frontiers in Behavioral Neuroscience", abre nuevas preguntas sobre el diseño de espacios y la regulación del ruido.
El estudio, publicado en "Frontiers in Behavioral Neuroscience", abre nuevas preguntas sobre el diseño de espacios y la regulación del ruido.Imagen: Wirestock/IMAGO

Lugares embrujados y la ciencia detrás del miedo

Esto podría ayudar a entender por qué ciertos lugares –especialmente edificios antiguos, donde tuberías y sistemas de ventilación pueden generar vibraciones de baja frecuencia– producen una incomodidad difícil de explicar. Como sugiere Schmaltz, si una persona entra en un espacio donde hay infrasonido, puede sentirse inquieta sin saber por qué. Y si además llega con la idea de que el lugar está embrujado, esa sensación puede llegar a interpretarse como algo paranormal.

No sería la primera vez que el infrasonido se cuela en una historia de lo "inexplicable". La revista IFLScience recuerda un caso ya clásico de 1988. El científico Vic Tandy trabajaba en un laboratorio sobre el que circulaban rumores de estar embrujado. Los empleados se sentían incómodos, una limpiadora abandonó el lugar presa del pánico y el propio Tandy llegó a ver una figura gris en su visión periférica.

Al día siguiente, algo llamó su atención. Una lámina de aluminio vibraba con fuerza en su tornillo de banco. A partir de ahí comenzó a investigar el fenómeno hasta dar con una explicación más mundana. Al seguir el rastro de esas vibraciones, Tandy localizó el origen en un punto concreto de la sala. No había nada sobrenatural: el responsable era un extractor de aire recién instalado que generaba ondas de baja frecuencia. Cuando el aparato dejó de funcionar, también desaparecieron los fenómenos que habían alimentado los rumores.

"Imagina que visitas un edificio supuestamente embrujado. Tu estado de ánimo cambia, te sientes agitado, pero no ves ni oyes nada inusual", plantea Schmaltz en un comunicado. "Si te dijeran que está embrujado, podrías atribuir esa agitación a algo sobrenatural. En realidad, es posible que simplemente hayas estado expuesto a infrasonidos".

La incomodidad inexplicable en sótanos y edificios viejos podría tener una causa física antes que sobrenatural, sugiere la nueva investigación.
La incomodidad inexplicable en sótanos y edificios viejos podría tener una causa física antes que sobrenatural, sugiere la nueva investigación.Imagen: Esebene/Panthermedia/IMAGO

Límites del estudio y próximos pasos

Con todo, eso no significa que el infrasonido lo explique todo. Como advierte el psicólogo Chris French, especialista en creencias paranormales y ajeno al estudio, en The Guardian, es "plausible" que contribuya a la sensación de un lugar embrujado, pero no basta para explicar fenómenos más extremos.

De hecho, como aclaró Schmaltz a Gizmodo, "el infrasonido no hace que la gente crea que ha visto un fantasma. Lo que sí puede provocar es una incomodidad inexplicable".

En cuanto al cortisol, su aumento no es en sí negativo: es una respuesta adaptativa del organismo ante posibles amenazas. El problema es la exposición prolongada, que podría, a largo plazo, afectar tanto a la salud física como mental, según el coautor Trevor Hamilton, también de MacEwan.

El estudio, por lo demás, tiene sus limitaciones. La muestra es reducida –apenas 36 personas– y solo se analizó una frecuencia concreta. "Este fue, en muchos sentidos, un primer paso", reconoce Kale Scatterty, primer autor del trabajo y doctorando en la University of Alberta.

Los próximos trabajos deberán explorar más frecuencias, duraciones más largas y grupos más diversos. Si los patrones se confirman, los hallazgos podrían llegar a tener implicaciones en la regulación del ruido y en el diseño de espacios.

Mientras tanto, Schmaltz deja una reflexión: "La próxima vez que algo te parezca inexplicablemente raro en un sótano o en un edificio antiguo, ten en cuenta que la causa podrían ser tuberías que vibran, en lugar de espíritus inquietos".

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *