Economía
Crisis global obliga a ajustar operaciones empresariales
El entorno internacional, marcado por disrupciones en rutas marítimas y el encarecimiento del petróleo, comienza a trasladar presiones directas sobre la operación de las empresas dominicanas, en un contexto de alta incertidumbre sobre el comercio global y su capacidad de adaptación.
Para República Dominicana, como economía abierta y dependiente de insumos importados, estas tensiones se traducen en retrasos en el abastecimiento, mayores costos de producción y una creciente presión sobre la liquidez, factores que inciden directamente en la continuidad operativa y el cumplimiento de compromisos comerciales.
“Las empresas enfrentan riesgos interconectados que exigen respuestas técnicas y coordinadas”, explica César Rodríguez, vicepresidente senior de Marsh para República Dominicana, Centroamérica y el Caribe, al referirse a la naturaleza simultánea de los impactos.
En conversación con elDinero, el experto indica que las interrupciones en las cadenas de suministro comienzan a reflejarse en faltantes de insumos críticos y retrasos en entregas, afectando la producción y la capacidad de respuesta de las empresas. Este escenario se combina con el aumento sostenido de costos energéticos y logísticos, que reduce márgenes en sectores con limitada capacidad de trasladar esos incrementos a precios finales.
“El riesgo es principalmente operativo y financiero: interrupciones en insumos y aumentos de costos que presionan liquidez y márgenes, sobre todo en las pymes”, advierte Rodríguez.
El impacto no se limita al plano operativo. La presión de costos, junto con una posible desaceleración de la demanda, comienza a tensionar la liquidez empresarial, con mayor incidencia en compañías con menor acceso a financiamiento o reservas limitadas.
A esto se suma la volatilidad cambiaria asociada al encarecimiento de importaciones, que complica la planificación financiera. “Incrementos en el costo de las importaciones pueden generar presiones inflacionarias y riesgo de depreciación, complicando la previsión financiera y contratos en moneda local”, señala.
En paralelo, los retrasos logísticos y la necesidad de rutas alternativas elevan las primas de seguros y reducen la previsibilidad del transporte internacional, encareciendo aún más la operación.
Estructura productiva
El efecto se extiende de forma transversal. Indica que, en las zonas francas y la manufactura exportadora, el aumento de costos de materias primas y transporte erosiona márgenes y obliga a revisar contratos. En la agricultura, el encarecimiento de fertilizantes y combustibles incrementa los costos de producción, con efectos posteriores sobre la oferta.
“El encarecimiento de insumos y transporte puede llevar a ajustes en cadenas productivas y renegociación de condiciones comerciales”, apunta Rodríguez.
En el comercio minorista, los bienes importados reflejan incrementos de precio, mientras que la construcción enfrenta mayores costos en materiales y posibles ajustes en cronogramas. A su vez, la logística aérea y la distribución interna registran aumentos en tarifas que afectan la rapidez y el costo del abastecimiento.
Frente a este escenario, la capacidad de preparación del país es relativa. Existen vulnerabilidades estructurales, pero también herramientas de respuesta. “Hay capacidad de respuesta y lecciones previas que favorecen la resiliencia, pero la exposición a importaciones y a cuellos de botella logísticos obliga a actuar con prontitud y coordinación”, sostiene Rodríguez.
En ese contexto, la gestión de riesgos basada en escenarios se convierte en un elemento central. “La gestión de riesgos por escenarios se vuelve la herramienta clave ante la incertidumbre para tomar decisiones de asignación de capital y proteger la liquidez”, indica.
El tejido empresarial dominicano está compuesto en aproximadamente un 85% por pequeñas y medianas empresas, segmento que presenta mayor vulnerabilidad ante choques prolongados.
Estas empresas enfrentan limitaciones en acceso a crédito, capacidad de almacenamiento y diversificación de proveedores. En este contexto, los riesgos se concentran en interrupciones de suministro, aumento de costos operativos, presión sobre liquidez, volatilidad cambiaria, incremento en costos de seguros y posibles incumplimientos contractuales, factores que afectan la continuidad de operaciones.
Recomendaciones
Ante este escenario, las decisiones empresariales se orientan a fortalecer la liquidez, diversificar proveedores y revisar contratos, mientras que el sector público enfrenta el reto de garantizar el abastecimiento de bienes esenciales y facilitar importaciones.
“La cooperación entre sector privado y autoridades es clave para reducir la incertidumbre y proteger empleos y cadenas productivas”, afirma Rodríguez.
El contexto también incide en la discusión sobre la dependencia energética. “La transición energética es una estrategia país que debe continuar para disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados y mejorar la seguridad energética”, señala. No obstante, advierte que su aceleración debe ser planificada. “Debe hacerse de manera ordenada, con metas claras y garantizando suministro estable y accesible”, puntualiza.
Las disrupciones en el comercio global están obligando a las empresas dominicanas a operar en un entorno de mayor complejidad, donde los riesgos logísticos, financieros y operativos convergen. La capacidad de anticipación y la coordinación entre actores será determinante para sostener la actividad productiva en medio de una incertidumbre que aún persiste.
Impacto a la sociedad
La crisis que ha llevado al cierre del estrecho de Ormuz, aunque geográficamente distante, ya comienza a impactar directamente a los hogares de República Dominicana a través del aumento del costo de vida.
El principal canal es el encarecimiento del petróleo, que eleva los precios de combustibles como gasolina, diésel y gas, afectando el transporte y la electricidad. Esto se traduce en mayores gastos diarios para las familias.
A este efecto se suman los incrementos en los costos de importación, impulsados por el alza en fletes y seguros marítimos. Como resultado, productos esenciales como alimentos, medicamentos y bienes de consumo registran aumentos progresivos. El impacto se da en dos etapas: primero se encarecen los servicios básicos y el transporte, y luego suben los precios de alimentos y otros productos a medida que aumentan los costos de insumos.
Los hogares de menores ingresos son los más vulnerables, ya que destinan una mayor proporción de su presupuesto a necesidades básicas como alimentación y movilidad. Además, si la crisis se prolonga, existe el riesgo de que algunos precios no vuelvan a niveles anteriores, consolidando un mayor costo de vida.
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